Portillo Trambley: primera autora chicana en publicar su obra es un ensayo de María del Carmen Rascón Castro. Puntos y Comas comparte el texto íntegro. 

Por María del Carmen Rascón Castro

Ciudad Juárez, Chihuahua, 17 de agosto (SinEmbargo).– Estela Portillo Trambley, figura femenina histórica de gran relevancia para las letras chicanas, fue la primera escritora en dar a conocer su literatura. Así lo afirman los prologuistas de Rain of Scorpions and Other Writings, una colección de nueve cuentos y una novela corta, aparecida en 1975 en la editorial Tonatiuh International. Ya publicado el libro, ella no cesaba de reescribir; revisó y corrigió, retirando cinco cuentos para añadir cuatro inéditos en una reedición con un título ligeramente modificado, Rain of Scorpions and Other Stories (1993). A pesar de su importancia histórica y artística, hoy en día el ejemplar de 1975 puede adquirirse por la irrisoria cantidad de 3.73 dólares en eBay, concediéndole un valor a todas luces menor del que realmente merece. Hasta donde sé, el libro no ha sido traducido al español. Esto puede ser el resultado de un contexto social y culturalmente injusto que mantiene a la literatura chicana en una situación de marginalidad tanto en México como en Estados Unidos, a pesar de que su naturaleza bicultural y transfronteriza, esa mezcla única de herencias, le permita formar parte íntegra y legítima de ambas naciones.

Hija de inmigrantes mexicanos, nació en El Paso, Texas, el 16 de enero de 1936. Su padre era un mecánico originario de Jalisco que creía fervientemente en el sueño americano y su madre, una mujer chihuahuense aficionada a las historias de detectives, daba lecciones de piano, recitaba a Baudelaire y tocaba las canciones de Agustín Lara. Portillo Trambley no vivió con ellos sino hasta que fallecieron sus abuelos, quienes poseían una tiendita en el Segundo Barrio, a unos pasos de la frontera mexicana. La pobreza fue algo común para su familia y gente que los rodeaba; con los años, la escritora aprendería a reconocer la riqueza de ese sufrimiento compartido. Se casó a los diecisiete años; después de concebir a sus primeros hijos, pensó en escribir durante su tiempo libre para hacer algo más que procurar a la familia y dar clases en una escuela. En 1976, El Paso Herald-Post publicó un artículo sobre ella con un encabezado que decía “Mother of five is poet, playwright, novelist”, mismo que en la actualidad sería condenado por sexista.

Como escritora le era difícil manipular el español, a pesar de ser la lengua de sus padres y de entenderlo perfectamente. En la expresión chicana hallaba la espontaneidad natural del inglés y el español, por lo que es frecuente encontrar entre sus párrafos una mezcla de ambos, sin que el inglés deje de ser dominante. Sus personajes suelen tener nombres o apodos en español que delatan sus raíces hispanas, aun cuando se comuniquen en inglés: Julio, Beatriz, Chapo, Manolo, Alicia, Chita y Narizón.

El archivo de la escritora se encuentra resguardado por la Colección Nettie Lee Benson en Austin, Texas; entre sus papeles pueden encontrarse numerosos borradores de haikus, la mayoría en inglés, algunos con un toque de spanglish y pocos, muy pocos, en español: “Migajitas / de pan causan el milagro / de palomas”. En ellos, aborda temas como la migración: “A shrug of shoulders / accepts a pale rootlessness: / crusade of migrants”; la escasez: “The hearts of the poor / have hidden mountains / that cannot be felled”; la familia: “La abuelita / lights a candle for prayer / in the dense evening”; el legado azteca: “Montezuma waits / blindly… for a white god: / a pagan dream”; y el catolicismo: “Guadalupanos: / scatter the sunseed… dancing / across a numb world”. Según diversas fuentes, los haikus se publicaron bajo el título de Impression of a Chicana, pero, si así fue, me ha sido imposible rastrear alguna copia.

Aun cuando publicó algunas novelas (Trini, por ejemplo, cuenta la historia de una mujer rarámuri que cruza a los Estados Unidos para servir en la casa de La Gringa) Portillo Trambley fue, ante todo, dramaturga: Sor Juana, Puente Negro, Autumn Gold, Blacklight, Day of Swallows, Hey, Aristotle!, El hombre cósmico e Isabel and the Dancing Bear componen su abundante producción dramática. Durante muchos años fungió como maestra residente del Community College, al frente de un grupo de actuación, con quienes montó sus obras en el Teatro Nacional del Chamizal, esa tierra situada justo en la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, disputada por México a los Estados Unidos después de que el Río Bravo cambiara su cauce. En algunas ocasiones, Portillo Trambley compuso también las letras de las canciones y la música, dando muestra de su versatilidad artística, como en “Sun Images… Los amores de Don Estufas”.

Dispuesta a descubrir el milagro de la gente y el mundo, Estela Portillo Trambley reconoció que imaginaba la vida, más allá de vivirla, tentando sueños y negando realidades. Creía que lo importante no era lo que había conseguido, sino el aliento vital que motivaba sus acciones. Siempre tuvo la sensación de haber podido escribir con una calidad superior, aun cuando en el momento de hacerlo pensara que estaba dando el mejor de sus resultados. Ni el racismo ni el sexismo le impidieron apropiarse de lo mejor de las dos culturas que la constituían; comprendió que su escritura, como la de todos los chicanos contemporáneos a ella, era sólo el principio de una tradición literaria que el tiempo llegaría a consolidar. Así lo proclamaba: “Hemos sufrido en una isla de pobreza situada en un país opulento, que nos ignoró. Pero ese mismo sufrimiento ha sido la causa de nuestro valor, de nuestra existencia indomable, de nuestro éxito como humanos, y nunca se nos ha olvidado cómo reír, cantar, soñar”.