El Gobernador chihuahuense llamó a sus predecesores a avalarlo, lo que aceptaron gustosos, pues es una oportunidad para reaparecer y lavar viejas manchas. Foto: Mario Jasso. Cuartoscuro.

En apariencia se trata de un asunto de importancia local para Chihuahua, en realidad tiene trascendencia nacional porque exhibe el cómo trata Javier Corral Jurado el grave problema de la pandemia que azota al país. Lo hace en ausencia y abandono de lo que dispone la Constitución General de la República y de paso golpea el espíritu federalista que debiera haber en el asunto, además de imponer a un Secretario de Salud divorciado con la materia propia de ese cargo y solicitar en auxilio el aval de los exgobernadores de la entidad, como si los mismos fueran una fuente de autoridad moral que mueva a la gente a una disciplina para encarar la contingencia.

El Gobernador chihuahuense llamó a sus predecesores a avalarlo, lo que aceptaron gustosos, pues es una oportunidad para reaparecer y lavar viejas manchas. En realidad se presentaron a balar, a leer un texto fraccionado en varios trozos en un nicho estético dedicado exclusivamente a la cultura, pero que les sirve de ornato a propósitos políticos prácticamente intrascendentes, porque en realidad la presentación de un “decreto” para encarar la crisis viene del fracaso de otro decreto y se tuvo el descuido superlativo de no tejerlo y consensuarlo con los que se iban a ver afectados por las normas administrativas que se quieren mostrar con el carácter de leyes generales. El Gobierno de Chihuahua carece de abogados que tengan el rango mínimo de medias cucharas.

¿A quiénes convocó Javier Corral para avalar su “política sanitaria”? Nada más y nada menos que a Fernando Baeza Meléndez, quien protagonizó, sustentado en el poder Presidencial de Miguel De la Madrid y de Manuel Bartlett Díaz, el fraude de 1986 mediante el cual se privó al PAN y a su candidato Francisco Barrio Terrazas de un triunfo en las urnas. También congregó a este último, que en la amnesia total olvidó los viejos agravios con tal de darle un soporte a lo que se puede considerar su hijo político, Javier Corral Jurado. Barrio sabe del fracaso corralista, un simple estudio comparativo con su Gobierno pionero le permite visualizar el bajo nivel de gobernabilidad que hay en Chihuahua, pero aún y así decidió jugar a la presencia más que a la ausencia, anteponiendo sus filias partidarias sobre la racionalidad que impone la naturaleza misma de las cosas. Pudo jugar el rol del gran ausente, y sin embargo no lo hizo; hoy la sociedad se lo reprocha en la calle.

También estuvo presente del exgobernador Patricio Martínez García, con el que empezó el ciclo de 18 años de restauración priista en Chihuahua, a partir de 1998. Este inauguró una sucia manera de gobierno unipersonal, sin contrapesos y con abuso de poder. Durante su sexenio hubo una violación sistemática a los derechos humanos que fue emblematizada por el feminicidio y por la simulación de justicia en el famoso caso de los cadáveres de mujeres encontrados en el Campo Algodonero en Ciudad Juárez. En cuanta oportunidad tuvo atropelló el ejercicio de las libertades públicas y combatió con saña la resistencia que lo encaró. A la hora que un grupo ciudadano le inició un juicio político, tuvo como abogado principal a César Duarte Jáquez, quien desde el Congreso Local le dio salida a la más cruel impunidad que se recuerda en la entidad. A estos hechos dediqué mi libro El crimen sí paga –impreso y con un volumen suficiente de archivos electrónicos–, que dan cuenta de esos momentos aciagos.

Corral se olvidó, al invitar a Patricio Martínez a avalar su Gobierno, que realizó toda una campaña para suceder al priista en el cargo, en la que presentó varias radiografías del desastre chihuahuense. Pero ahora fue en su búsqueda porque cree que puede ayudarle a sortear las desventuras de un Gobierno plagado de despropósitos, descalificado por la población pero que pronto terminará.

Así es, compitió por primera vez por la gubernatura en 2004 contra José Reyes Baeza, pero este lo derrotó, incluso con una abultada ventaja que evidenció el rechazo de Chihuahua al entonces Senador Javier Corral. Este invitado, Baeza Terrazas, fue el Gobernador que permitió que los militares hicieran y deshicieran en Chihuahua lo que les viniera en gana durante la guerra calderonista contra el narcotráfico. Hubo miles de muertes y nulos resultados. Permitió que un mando militar viniera a decirle al estado que para él una orden de aprehensión de un Juez era marro o bayoneta. Los abusos que se cometieron por las policías, por la Procuradora Patricia González, en mancuerna con el General Felipe de Jesús Espitia, aún claman justicia. Ahora este exgobernador también es invitado de lujo.

Brevemente concluyo: cuando se dio este evento de clase política, circulaba por todo Chihuahua la versión priista de que habían reformado sus estatutos para poder aliarse con el PAN. No es obra de la casualidad. Ambos partidos han sido adversarios complementarios, sosias, es decir, personas que tienen parecido con otra hasta el punto de poder ser confundida con ella. Tengo para mí que todo esto no es obra de la casualidad y que aunque Corral dijo que no hay que lucrar con la pandemia, no es otro su propósito. Tal vez por lo mismo hasta sus cubrebocas son azules.