“Nos parecía increíble que así fuera a suceder, porque la ley es muy clara en el sentido de quienes asumen la responsabilidad de esos órganos de Gobierno interno del Congreso”. Foto: Juan Carlos Estrada, Cuartoscuro

El proceso para la designación de los presidentes de la Mesa Directiva y de la junta de coordinación parlamentaria del Congreso del Estado de Chihuahua, ha sido tan complicado, y desde mi punto de vista, desastroso y también violatorio de la ley y de la Constitución del Estado de Chihuahua, que quiero relatarlo con el mínimo de adjetivos sólo para que quede constancia de lo que es capaz de hacer el Gobernador Javier Corral Jurado en el ejercicio del poder.

Cuando empezó la actual Legislatura, como resultado de la voluntad de los ciudadanos del Estado, el Congreso quedó integrado por 11 diputados del PAN, ocho de Morena, cuatro del PRI, cuatro del PES, dos del PT, dos de Movimiento Ciudadano, uno del Verde y uno del Panal; así fue como las dos fuerzas con mayor representación en el Congreso acabamos por ser el PAN y Morena.

La ley establece que los dos puestos directivos del Congreso se turnarán entre la primera y la segunda fuerza política, y que se acordará el orden en que cada uno servirá alternativamente en la presidencia de la Mesa Directiva y de la Junta de Coordinación Parlamentaria, (Jucopo); el primer año se acordó que el PAN tendría la presidencia de la Mesa Directiva y Morena de la Jucopo.

Llegado el momento de elegir los presidentes de las instancias de poder mencionados para el segundo año de la actual Legislatura, fuimos advertidos por diversos diputados y asesores que el Partido Acción Nacional no aceptaría que algún diputado de Morena quedara como presidente de la Mesa del Congreso y que ellos asumirían además la Jucopo.

Nos parecía increíble que así fuera a suceder, porque la ley es muy clara en el sentido de quienes asumen la responsabilidad de esos órganos de Gobierno interno del Congreso; preguntamos a varios diputados del PAN y funcionarios del Gobierno estatal acerca de esa actitud y nos dijeron claramente: esta es la decisión de Corral, y si quieren que se flexibilice tienen que hablar con él.

Hubo comunicación con el Gobernador y la respuesta fue, “yo ya di mi opinión como panista, pero quien está decidiendo todo es Fernando Álvarez Monge”, coordinador del grupo parlamentario del PAN en el Congreso. Fue algo similar a lo que sucedió en la ciudad de México, donde el grupo parlamentario de Morena pretendía continuar con la presidencia de la Cámara de Diputados y la solución fue relativamente fácil: Andrés Manuel López Obrador opinó públicamente que le parecía incorrecto que se rompieran acuerdos y se tratara de modificar la ley, y todo se resolvió rápidamente, quedando el Congreso en manos del PAN.

La opinión clara pública y franca del Presidente resolvió el conflicto de poder porque coincide como militante del partido que pretendía beneficiarse con el cambio de la ley.

Es obvio que la opinión, en secreto y a escondidas, del Gobernador de Chihuahua fue totalmente diferente a la de Andrés Manuel, no sólo en forma sino, sobre todo, en contenido; mientras Andrés Manuel opinaba que se debe respetar la ley, Corral ordenaba que se violentaran la ley y los acuerdos legislativos para que Morena no tomara la presidencia del Congreso y que los panistas sí tomaran la Junta de Coordinación Parlamentaria.

El Partido Acción Nacional entonces hizo ofertas, negoció y acordó con los partidos minoritarios para reunir los votos suficientes e imponer como presidente de la Mesa Directiva al señor René Frías, del Panal; él es un Diputado solitario, por lo que no representa una fracción parlamentaria, como lo exige la ley, pero eso no interesó, sólo cumplir la voluntad del Gobernador. Acudimos al Poder Judicial Federal, y otra mancha al tigre: el Juez de Distrito rechazó el amparo porque “el Congreso es soberano y sus decisiones son discrecionales, es decir el Congreso no está obligado a respetar la Ley”.

Cuando llegó el momento de nombrar al presidente de la Jucopo, había seis grupos parlamentarios vigentes con derecho a voto, cuatro votamos por Rubén Aguilar, representante del PT, para presidente, y dos votaron por Fernando Álvarez Monge, del PAN; el secretario técnico declaró, sin embargo, que la mayoría de los votos eran a favor de Álvarez Monge.

Dicha declaración consideraba los votos del PES, partido al que se le ha cancelado el registro y que por lo tanto no puede ser fracción parlamentaria. Esta decisión sólo es prerrogativa de los partidos y del presidente de la Mesa Directiva, que asiste como invitado con voz, pero sin voto, según lo dice textualmente la ley.

Extrañamente, la falsa polémica sobre quién ganó la elección pretende resolverse mediante un acuerdo en secreto tomado entre Álvarez Monge y Rubén Aguilar, en donde el segundo reconoce que el presidente es el representante del PAN y queda como vicepresidente, una posición que no existe en la Ley; este acuerdo se avaló en una reunión donde participaron sólo tres fuerzas parlamentarias con derecho a voto, aunque el Congreso considere que el PES aún es partido político y que el presidente de la Mesa Directiva tiene voto, a pesar de la letra de la ley.

Ciertamente, existe una confrontación fuerte entre Morena y el Partido Acción Nacional porque somos las fuerzas contendientes en el Estado de Chihuahua, pues las últimas encuestas han posicionado a Morena como la primera fuerza electoral, con un 30 por ciento de intención de voto, al PAN con sólo 20 por ciento y al PRI con el 10 por ciento.

Sin duda esto enfurece al Gobernador Javier Corral quien, en abierta contradicción con la conducta del Presidente de la República y en lugar de opinar que se respete la ley, ordena a los diputados de su partido que impidan, violando la ley e incluso a través de negociaciones inexplicables y oscuras, a toda costa que Morena tenga el mínimo poder en los órganos internos del Congreso.

Para quienes estudiamos la historia de México, este proceso se parece mucho a las transacciones, golpes de mano, fraudes a la ley y manipulación y control de diputados que se dieron para que Victoriano Huerta fuese Presidente de México en 1913, y como un descendiente de Francisco I. Madero aspira con el PAN a la próxima candidatura a Gobernador, tal vez sea un mensaje para que se retire de la contienda; “acuérdate de la suerte que corrió tu tío”, le han de estar diciendo, “por terco amaneció muerto bajo las murallas de Lecumberri”.