Las comunidades indígenas del municipio de Ensenada han prendido las alarmas por el robo continuado de yucca, una planta de la que depende su economía, según El Universal. Representantes de las comunidades Kumiai, Cucapás, Kiliwas y Paipai se reunieron con agentes federales para denunciar el saqueo sistemático de yucca, que presuntamente han perpetrado por años “mafias” armadas para venderla ilegalmente en el puerto de Ensenada a precios muy por debajo de lo regular.

Por Alessandro Ford

Baja California, 17 de septiembre (InsightCrime).– Las denuncias de aceleración del robo del cactus yucca a las comunidades indígenas del estado de Baja California, en el noroeste de México, con fines de exportación, ponen de relieve el problema silencioso del tráfico de flora en el país.

Las comunidades indígenas del municipio de Ensenada han prendido las alarmas por el robo continuado de yucca, una planta de la que depende su economía, según El Universal. Representantes de las comunidades Kumiai, Cucapás, Kiliwas y Paipai se reunieron con agentes federales para denunciar el saqueo sistemático de yucca, que presuntamente han perpetrado por años “mafias” armadas para venderla ilegalmente en el puerto de Ensenada a precios muy por debajo de lo regular.

El jefe de los Kiliwas y representante en las reuniones, Elías Espinoza Álvarez, declaró que la comunidad vende la yucca a 450 dólares por tonelada para su uso en varias industrias, pero que los ladrones la venden a sólo 100 dólares por tonelada.

Las autoridades federales hicieron el anuncio de que se instalaría un punto de guardia permanente en la zona con presencia de tropas de la Guardia Nacional y la policía para impedir que los camiones con yucca salgan de la reserva indígena. Hasta la fecha, sin embargo, aún no se ha instalado ese punto de inspección. Además, los Kiliwas denuncian que en el pasado su comunidad ha puesto patrullas, pero ha sido en vano, pues dicen que los ladrones capturados son liberados rápidamente sin que los fiscales les formulen cargos.

Aunque el robo de yucca no es un delito muy denunciado en México, el fenómeno no es nuevo. Por varios años, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) ha monitoreado numerosos decomisos de yucca cortada de manera ilegal en el municipio de Ensenada. Sólo en 2016, notificó de un total de 71 toneladas de yucca (28 toneladas en abril, 6 y 11 toneladas en octubre, y 26 toneladas en diciembre).

Pero según Espinoza, el problema viene empeorando desde 2018, el mismo año en que el negocio global legal de plantas medicinales y aromáticas (MAP) alcanzó un récord de US3 mil 300 millones, lo que representa un crecimiento de 300 por ciento en dos décadas.

ANÁLISIS DE INSIGHT CRIME

El contrabando de cactus mexicanos es una industria que mueve millones de dólares, lo que ha llevado a algunos conservacionistas a clasificar los cactus “como los productos de contrabando más populares de México, sólo después de los narcóticos y las armas”.

Aunque esto probablemente sea una exageración, sí da muestra de la relativa importancia de una materia prima silvestre ilegal que muchas veces se pasa por alto en México en comparación con el tráfico de fauna silvestre, como los peces totoaba, los pepinos de mar y los cocodrilos. Pero los conservacionistas alegan que el tráfico ilícito de flora puede ser tan dañino en términos ambientales como el de fauna.

La mayoría de los cactus tienen un crecimiento extremadamente lento y son casi exclusivos del continente americano, lo que crea un desbalance entre la demanda global desaforada y la oferta regional limitada. Como sucede con otras materias primas, este desbalance conlleva a una elevación sustancial de su valor monetario, lo que crea un incentivo para los contrabandistas.

Pero aunque el contrabando de cactus, incluido el de yucca, muchas veces parezca estructurado, no es probable que sea obra de grupos criminales sofisticados. Según la doctora Tanya Wyatt, de la cátedra de criminología en la Universidad de Northumbria, en el Reino Unido, el tráfico de vida silvestre en México ofrece “limitada evidencia de participación amplia del crimen organizado”. Lo que no quiere decir, sin embargo, que “estos grupos no entren a participar en el tráfico de yucca y otras plantas cuando el riesgo sea bajo y las ganancias elevadas”, según afirmó en intercambio con InSight Crime.

Esta idea tiene precedentes. Por ejemplo, los cárteles de Sinaloa y Juárez en años recientes se han visto envueltos en la tala ilegal en Chihuahua, usando su control territorial para obtener ganancias de una industria secundaria aparte del narcotráfico.

De manera similar, el municipio de Ensenada, de donde se roba y desde donde se contrabandea la yucca, sirve como centro de narcotráfico —por su proximidad estratégica con Tijuana, la frontera con Estados Unidos y por su importancia como nexo marítimo— y como terreno fértil para el cultivo de amapola y mariguana. Como resultado de eso, tanto el Cártel de Sinaloa como el Jalisco Nueva Generación (CJNG) tienen presencia en el municipio.

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