RESEÑA | Arena mestiza: La lucha libre tiene su primer poemario

17/11/2018 - 12:03 am

Hasta ahora la historia de la literatura no había registrado la publicación de un libro de poemas sobre la lucha libre, Arena Mestiza (CDMX, Malpaís Ediciones, 2018) es el primero. Único en su especie está destinado a convertirse en un objeto de culto, una verdadera joya para los coleccionistas de ambos mundos.

Por José Manuel Vacah

Ciudad de México, 17 de noviembre (SinEmbargo).- Hasta ahora la historia de la literatura no había registrado la publicación de un libro de poemas sobre la lucha libre, Arena Mestiza (CDMX, Malpaís Ediciones, 2018) es el primero. Único en su especie está destinado a convertirse en un objeto de culto, una verdadera joya para los coleccionistas de ambos mundos. Ninguno de éstos quedará decepcionado, los fanáticos del deporte-espectáculo encontrarán la pasión y el misterio de los ídolos y las imágenes y los amantes de la poesía encontrarán el rastro del arte en versos poderosos que se tiran de la tercera cuerda para conmocionar y conmover al lector:

Fíjate en aquella comisura

del pasillo central,

cómo aparecen los rostros

de los muertos,

cómo sus ojos levantan

purulencia,

cómo despunta la arena

y sobre sus paredes descocidas

se pierde el filo

del ángelus

danzante.

(poema “Anunciador”)

Una cosa es cierta, la mayoría de los libros que tienen por tema la lucha libre se convierten de inmediato en objetos de colección, en piezas bastante codiciadas por una minoría muy selecta. ¿Por qué hablo de una minoría muy selecta? Porque entre el grueso de los habitantes de este mundo, hay un amplio sector de aficionados a la lucha libre —principalmente en México, Estados Unidos y Japón—. Y entre este amplio sector hay una minoría muy especial que gusta de leer —sobre todo en nuestro país—. Y entre esta minoría selecta de lectores hay una todavía más pequeña, casi minúscula, de lectores de poesía. Esto hace de Arena Mestiza un libro dotado de una esencial inusual.

Arena mestiza, de Daniel Téllez. Foto: Especial

En el mundo de la literatura, también son pocos los escritores que han decidido tratar este tema, y entre estos pocos, son poquísimos los que lo abordan con oficio, con talento, con maestría. Daniel Téllez —poeta, ensayista y luchador con licencia avalada por la Comisión de Lucha Libre de la Ciudad de México— es uno de ellos.

En cualquier página que se abra el poemario se pone en evidencia la pasión del autor por el arte de las llaves, las contrallaves, los vuelos suicidas y los costalazos. No es para menos, un libro de esta magnitud sólo pudo haber sido escrito por alguien que conoce de primera mano ambos territorios: un poeta-luchador.

Entonces Arena Mestiza es un libro de culto no sólo por la calidad de los poemas que contiene, por la manufactura impecable de los versos, trabajados con la experiencia en el oficio, sino también por el trabajo editorial que representa: está hecho con estupendos elementos visuales, ilustraciones del artista Edgar Mt y collages del propio Daniel Téllez.

Recordemos que por mucho tiempo la lucha libre fue el patito feo de los deportes y la literatura mantuvo relegada a la lucha libre por considerarla tal vez un tema demasiado vulgar. Ahora todo esto va quedando atrás, la lucha libre ya es considerada patrimonio de la humanidad y en México celebramos un día dedicado a ella. Y todo esto se traduce en que libros como el Téllez tengan espacios —nunca del todo suficientes— para su promoción y lectura.

Daniel Téllez con el Rey Misterio. Foto: Facebook

Sobre la cintura de Daniel Téllez hay un campeonato de oro. El brillo de ese cetro es una luz que pocos nombran. Es la poesía que lo corona como el más grande esteta de su categoría: poeta de peso completo de la lucha libre. Campeón mundial de la lírica luchística.

Si nos fijamos en sus contemporáneos Téllez ha librado una batalla cardinal y ha realizado una proeza, similar a lo que hizo el gigante tabasqueño Canek cuando levantó sobre sus dos rodillas mortales el peso de un mundo increíble que se llamaba André el Gigante. En este punto no puedo más que citar unos versos del poema “André El Gigante”:

Aquí tienes mi corazón infantil

de doscientos ochenta kilos

más el volumen agregado,

por más de un cuarto de siglo.

El poeta Daniel Téllez, rudo entre los rudísimos, levantó sobre sus dos rodillas humanas el mundo glorioso de la lucha libre para aplicarle un castigo de esos que congelan la espina dorsal. Ese castigo se llama belleza.

¿Pero qué tipo de belleza es ésta? No la belleza de un cuadro en un museo, aunque pareciera. Es la belleza de una máscara —quienes son coleccionistas de la lucha libre sabrán entenderme— que bajo las luces espectaculares de la Arena parece emitir su propia luz. Rodeada por las sombras de un coso repleto de aficionados, la tela brilla en una inaudita combinación de colores, la máscara como una revelación de otro mundo, piedra preciosa de otro universo que de pronto ha caído en nuestro orbe como un meteorito increíble.

Entonces uno, al ver esa máscara, comprende el sentido de la lucha libre: la armonía. La unión de los contrarios, rudeza y técnica, fiereza y pulcritud, danza y bailoteo, aire y tierra, arte y deporte, tragedia y espectáculo, muerte y resurrección. En los poemas de Arena Mestiza hay armonía. Y en esta armonía hay revelación. No importa quién demonios seas, no importa tu estirpe, o tu clase, o tu conocimiento. Al escuchar —al leer— cualquier poema de este libro te hallarás en el centro en el cual se unen dos esferas celestes que muchos creían totalmente distanciadas: si no sabías nada sobre lucha libre ahora la entiendes, y si por el contrario, sabes mucho de lucha libre y nada sobre la poesía, ahora la entiendes. Estos son los límites de un verdadero poeta.

O lo diré de otro modo, para explicarlo mejor, aunque parezca un cliché. Un verdadero poeta convierte lo profano en sagrado y viceversa. Arena Mestiza es el resultado de esa actividad, pues los poemas que lo componen han sido labrados cuidadosamente con el oficio que es dado por el tiempo a quienes trabajan con tesón en él. Téllez es un artista y un artesano, como un mascarero, que posado sobre la máquina de coser va confeccionando maravillosas piezas artísticas inspiradas en diferentes mitologías de la lucha libre. Piezas que serán las piedras preciosas de un deporte que por fin tiene su primer poemario.

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