” ¿Por qué tendríamos que vivir en el caos, el miedo o la incertidumbre si se empieza a valorar más los derechos humanos, la diversidad y valores como la justicia, la inclusión o la equidad?”. Elizabeth Ruiz, Cuartoscuro

La reflexión sobre la posmodernidad en teoría social respecto a las transformaciones de la familia puede ser conservadora cuando se le describe como: “riesgosa”, “caótica”, “líquida”, “vacía”, “incierta”, y/o “frágil” porque se asume que hay una fragmentación y dispersión de cómo se había entendido la familia, la ciencia y los vínculos humanos. ¿Por qué tendríamos que vivir en el caos, el miedo o la incertidumbre si se empieza a valorar más los derechos humanos, la diversidad y valores como la justicia, la inclusión o la equidad?, ¿qué es lo que se derrumba? ¿acaso y en cierto modo, ciertas tradiciones? Sin embargo; esas críticas enmarcadas en el discurso posmoderno también renuevan a las instituciones como la familia, el positivismo más ortodoxo de la ciencia y a los valores religiosos. Es por ello importante las políticas públicas para encauzar estos cambios a un estado de derecho y justo para todas y todos, así como una educación popular basada en el principio de bien común de todas las personas y los derechos humanos.

Si bien, ciertos tipos de corrientes feministas pueden coincidir con algunas ideas y premisas posmodernas, esto no quiere decir que todas las corrientes feministas lo hagan. El feminismo, las teorías de género, los estudios sociales de las masculinidades y los estudios de la diversidad sexual son paradigmas que pueden vincularse con la posmodernidad en la medida de que fortalezcan el enfoque de derechos humanos en todas las estructuras sociales de la sociedad, en ese sentido el valor de la pluralidad y la diversidad sería su principal conector entre estos enfoques y momento histórico, lo que apuntaría a una mayor democratización sociocultural.

Creo que queda claro cómo la diversidad ha ocupado un lugar preponderante en el desarrollo de las culturas, pero quizás deberíamos empezar a entender este valor en plural, así como se ha luchado para hablar de feminismos o familias, deberíamos referirnos a diversidades, ya que a eso apunta una perspectiva interseccional, lo que se considera como una herencia justamente del feminismo en sus diversos estudios para señalar las opresiones de la diversidad de las mujeres en el mundo.

Se debe reconocer en el discurso del desarrollo sustentable el valor de la diversidad y las diversidades de manera más explícita y fehaciente. Es necesario transversalizar la equidad de género, al hacerlo estaremos asumiendo la importancia de las diversidades en ese paradigma. Género, a diferencia del sexo, no se refiere a hombres y mujeres por su condición biológica, sino a las relaciones entre ellos a partir de su construcción sexual y sociocultural. La equidad de género está vinculada al respeto y reconocimiento de las diferencias a partir de nuestra condición sexual, la igualdad de género debe partir de la equidad para recibir un trato respetuoso entre hombres y mujeres, entre seres humanos de todas las edades, culturas, clases sociales, razas, preferencias, espacios o contextos, para garantizar los mismos derechos humanos a todas las personas. Cuando nos referimos a equidad de género se habla de un respeto, reconocimiento y aceptación de lo masculino y lo femenino presente en hombres o mujeres. La equidad de género debe incluir a los hombres femeninos, a las mujeres masculinas o a las personas transgénero y transexuales. En ese sentido, no podemos hablar de equidad de género sin mencionar que en ella está presente la comprensión y aceptación a toda la gama de la diversidad sexual humana. De igual manera se hace ver que es incipiente el lugar que ocupan las personas bisexuales, transexuales, transgenero o intersexuales en los estudios de familia, aún falta un largo camino para empezar a incorporar todas las expresiones de la diversidad sexual en este tipo de estudios, sin embargo; es loable el comienzo que se ha iniciado desde los estudios de género. Cuando se habla en las noticias de que personas trans están viviendo la experiencia de ser madres o padres y no se tienen los estudios suficientes para comprenderlo y aceptarlo, tendríamos que pensar si acaso la realidad nos ha alcanzado y superado.

Es difícil, con los estudios que se tienen al momento, pensar si estos cambios y transformaciones en la posmodernidad nos están llevando a una sociedad de menos violencia y con más equidad, a una sociedad que cuida y respeta el medio ambiente, a una sociedad más democrática o más progresista, en ese sentido, de lo que nos hablan los estudios refieren a cambios y continuidades, rupturas y renovaciones o actualizaciones, y eso no es que está mal (no necesariamente), más bien debemos comprender hacia donde se dirige cada cosa de un conjunto, y sobre todo a quienes están afectando más esos cambios. Quizás, lo que sucede para Latinoamérica debería ser entendido más como hibridaciones culturales insertas en un marco muy desigual y configurado desde la pobreza. Por eso es necesario aumentar los estudios empíricos, la intervención del Estado en pro del respeto y garantía de los derechos humanos y una educación popular en donde las instituciones educativas están más cercanas a la gente y el bien común.