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Ciudad de México, 18 de ene (SinEmbargo).- La indignación de Zack Kopplin tiene una razón simple: la omisión de textos científicos en las aulas y su sustitución gradual o total por textos que niegan diversas teorías como la de la Evolución. Sin embargo, la escasa flexibilidad de las autoridades sólo complicó la situación y ahora es un caso que está siendo tratado en los tribunales de Estados Unidos.

Todo dio inicio en 2008, cuando el estado sureño de Louisiana aprobó el Acta de Educación y Ciencia (LSEA, en inglés), lo que facilitó que algunos maestros pudieran introducir textos creacionistas a los salones de clases.

Actualmente Kopplin, de 19 años de edad, estudia Historia en la Universidad de Rice, pero su enojo -en forma de carta enviada cuando tenía 14 años- se convirtió en una disputa bien estructurada, y cada vez con mayor adeptos, que trata de expulsar de una vez por todas las enseñanzas anti científicas de las escuelas de su estado.

La LSEA es una legislación insidiosa que permite a los maestros llevar materiales de apoyo a las clases en donde se tratan temas que muchos aún consideran controvertidos, como el calentamiento global o la misma teoría evolutiva. No obstante, una vez que la ley fue aprobada, los maestros desplazaron poco a poco a los libros científicos que estuvieron aprobados durante años.

EL INICIO DE LA LUCHA
Este fue el punto de quiebre para Kopplin, quien después de caracterizarse por ser un adolescente introvertido, se vio reunido con la Junta Estatal de Educación (SBE, por sus siglas en inglés) para señalar la necesidad de “buenos libros” de texto y aunque no logró el rechazo a la LSEA, los libros de ciencia pudieron permanecer en las escuelas.

La experiencia sirvió para que el joven de 19 años se convirtiera en el principal activista para rechazar la LSEA. Respaldado por la profesora de Filosofía de la Universidad del Sureste de Louisiana, Barbara Forrest, Kopplin escribió una carta a científicos reconocidos internacionalmente para que apoyaran su rechazo. Al mismo tiempo, contactó al Premio Nobel de química británico de 1996, Sir Harry Kroto, para que le ayudara a redactar la carta, la cual fue firmada luego por 78 ganadores del premio.

Aunado a lo anterior, Kopplin propuso dos actas para repeler la LSEA, las cuales estuvieron apoyadas por la Senadora del Estado, Karen Peterson, y actualmente planea introducir una tercera acta para después de la primavera. Por si fuera poco, gracias a los ganadores del Nobel, ahora cuenta con el favor de la Asociación Americana para el avance de la Ciencia (AAAS), el Concejo de la Ciudad de Nueva Orleans y muchos otros.

Las críticas de la oposición no pararon sobre el joven estudiante, aunque éstas no fueron las más razonables, lo que –irónicamente– le dio más validez a sus argumentos bien estructurados.

Fue llamado “Anticristo” e incluso llegaron a responsabilizarlo por la llegada y sucesivos desastres del huracán Katrina. De esta manera, se puede dar una idea más o menos general de lo renuentes que están algunos sectores en Louisiana a escuchar argumentos que no sean similares a los suyos.

A pesar de las inverosímiles acusaciones de los radicales y de continuos enfrentamientos con legisladores estatales que intentan disuadir a Zach para que abandone su lucha, el tiene en este momento la mira puesta en otro tema bastante relacionado con las enseñanzas creacionistas en las aulas de su estado natal.

CREACIONISMO PATROCINADO
Los vales escolares en la Unión Americana son certificados distribuidos por el gobierno, que son utilizados por los padres de los estudiantes para poder matricularlos en una escuela privada.

Los vales fueron puestos en la línea de la polémica luego de que el portal Alternet publicara una historia sobre una escuela en Lousiana que se encuentra inscrita en el programa de vales, en la cual enseñaban que el “Monstruo del Lago Ness” es real y desacreditaban la evolución de las especies. Kopplin se interesó en el caso y notó que no era privativo de una sola escuela, sino que también se presentaba en al menos 19 instituciones educativas de la entidad.

Kopplin alega que es ilegal la enseñanza del creacionismo bajo estos términos, puesto que muchos de estos sitios incluidos en el programa son escuelas privadas religiosas y fundamentalistas cuya base se centra en la creación divina.

De acuerdo con Kopplin, estas escuelas tienen el derecho de enseñar lo que les venga en gana, sin importar que a otros les guste o no, siempre y cuando mantengan su condición de privadas. Sin embargo, en el momento en el que toman dinero del gobierno por medio de los vales, éstas tienen que sujetarse a los mismos lineamientos que el resto de las instituciones públicas.

ARGUMENTOS SIMPLES
“El creacionismo no es ciencia y no debería estar en una clase de ciencia en una escuela pública. Así de simple, aunque los creacionistas no lo entiendan o no estén dispuestos a hacerlo”, declara Kopplin. La ciencia es observable, naturalista, comprobable, falsificable y expandible; todo lo que el creacionismo no es, manifestó el joven para el sitio i09.

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No obstante, lo que más preocupa al joven manifestante es el peligro que representa la enseñanza de teorías divinas, al confundir a los estudiantes sobre la naturaleza de la ciencia. Kopplin argumenta que si los alumnos no están preparados para trabajar en campos genuinos, especialmente en biología, se les roba la oportunidad de tener trabajos en ramas científicas y, consecuentemente, de poder realizar descubrimientos que puedan cambiar el mundo

La perspectiva de este activista es contundente: aquellos estudiantes educados bajo los preceptos del creacionismo no serán quienes descubran la cura para el SIDA o el cáncer, ni serán aquellos que “reparen nuestros humedales dañados y nos protejan de más huracanes como Katrina”, dice.