Con ellos, con los empleados federales, es con los que el Gobierno no puede fallar, porque son el contacto cotidiano con el pueblo. Foto proporcionada por el autor

Mientras quienes tienen voz en el país discuten acerca de los grandes temas, crean polémica y descalifican o defienden las ideas de Andrés Manuel López Obrador, un ejército de empleados federales se esfuerza por modificar las relaciones entre el Estado y la población.

A ellos digo, nunca deben olvidar que el objetivo de este gran movimiento es, y seguirá siendo, hacer que el país avance y se convierta en una nación moderna y digna del siglo XXI, en la que impere el Estado de derecho, el respeto y la solidaridad por los desposeídos, y el apoyo a los jóvenes para que construyan su futuro; deben tener muy claro que México está integrado por una gran cantidad de comunidades y conjuntos sociales que deben desarrollarse junto con la nación, y de nada sirven los avances económicos si no benefician a la población, mejorando su calidad de vida.

El movimiento político electoral que hoy es Morena, que se ha ido desarrollando desde el cardenismo de 1988, sostiene una visión de equidad, de apoyar al que está en desventaja para que se acerque al que le lleva la delantera, y de dar una oportunidad igualitaria a todos, partiendo de la realidad concreta; es esta realidad la que les toca enfrentar a estos empleados federales, pues son los encargados de empujar, jalar y apoyar a esos grupos vulnerables, integrados por millones de ciudadanos víctimas de un modelo económico injusto y mezquino.

No hay país que pueda avanzar si tiene abandonados a sus ancianos, pues apoyar a los mayores de 68 años es una obligación moral, económica y social, porque ellos son los que trabajaron para construir el país que ahora existe; pero no basta con entregarles un recurso para que mejoren su situación personal, sino que deben ser empáticos con ellos y acercárseles de forma humilde y comprensiva, ya que los grupos vulnerables necesitan sentir el apoyo moral.

Aquí está su disyuntiva, ¿son verdaderamente diferentes a los empleados federales de antaño, reúnen los requisitos y emociones necesarias, o son simples burócratas del bienestar? Es indispensable que estén convencidos y que acepten, en lo más profundo, que para transformar al país deben primero transformarse ellos, y no ser parte de la enfermedad social en la que se han convertido tantas instituciones.

Trabajar con la Cuarta Transformación, y específicamente en el área de bienestar, es su gran oportunidad para obrar por los desvalidos, para llevar equidad y un poco de justicia social a los que carecen de lo más indispensable, pero esto se debe hacer con una sonrisa, con un abrazo y con un gesto de comprensión, humildad y sinceridad; si tenían el sueño de cambiar al país, deben hacerlo de forma competente y con la capacidad de ejercer su trabajo, no se trata de una chamba más, se trata de llevar la esperanza de un mejor futuro y de un mejor Gobierno.

Con ellos, con los empleados federales, es con los que el Gobierno no puede fallar, porque son el contacto cotidiano con el pueblo, y el pueblo quiere ser atendido por buenas personas, no por burócratas prepotentes y autoritarios; en sus manos, ellos llevan la transformación y el reconocimiento de derechos, no limosna.