Fonseca, quien falleció este miércoles a los 94 años de edad, dejó un importante legado en las letras y es considerado uno de los escritores brasileños más destacados. Además de cuentos y novelas, escribió crónica, creó antologías, y desarrolló guiones para cine y televisión.

Te presentamos algunos títulos del galardonado autor, editados por Cal y Arena. Estos retratan la crudeza de Latinoamérica y la sordidez de los barrios pobres, temas también teñidos con cierto toque de humor, los que caracterizaban su estilo.

Ciudad de México, 18 de abril (SinEmbargo).- El autor Rubem Fonseca, quien falleció este miércoles a los 94 años de edad en Río de Janeiro, dejó un importante legado en las letras y es considerado uno de los escritores brasileños contemporáneos más destacados en el mundo. No por nada fue galardonado en 2003 con el Premio Camões, el más importante de la lengua portuguesa.

Fonseca fue abogado criminalista y trabajó para la policía brasileña antes de dedicarse de lleno a las letras, publicando su primer libro a los 38 años. Además de cuentos y novelas, escribió crónica, creó antologías, y desarrolló guiones de cine y televisión. Era reservado y pocas veces daba entrevistas, pero entre sus amistades contaba con el autor estadounidense Thomas Pynchon.

A continuación te presentamos algunos de los títulos del galardonado autor. Editados por Cal y Arena, estos libros retratan la crudeza de Latinoamérica y la sordidez de los barrios pobres, temas también teñidos con cierto toque de humor, los que caracterizaban su estilo.

La novela murió 

Tal vez lo que está sucediendo es lo siguiente: la literatura de ficción no se ha acabado, lo que está desapareciendo es el lector. ¿Podrá llegar a ocurrir la paradoja de que sea el lector el que se acabe y no el escritor? O sea, ¿que la literatura de ficción y la poesía continúen existiendo, aunque los escritores escriban para tres gatos?

Mandrake. La Biblioy el bastón

“Mi nombre es Mandrake. Soy abogado criminalista. El caso que voy a relatar comprueba, como dijo alguien cuyo nombre no recuerdo, que la verdad es más extraña que la ficción porque no está obligada a obedecer a lo posible.”

En las páginas de este libro reaparece Mandrake, el célebre personaje creado por Rubem Fonseca en las novelas El gran arte y Del fondo del mundo prostituto sólo amores guardé para mi puro. Esta vez Mandrake tiene que desentrañar dos misterios: el primero, ¿es alguno de los especialistas en libros raros del Club de los bibliomaniacos el culpable de la desaparición de la Biblia de Maguncia, uno de los primeros libros impresos en la prensa de Gutenberg? El segundo, ¿quién robó el singular bastón Swaine del propio Mandrake para cometer un asesinato?

Crímenes, traiciones, mujeres, trago, se confunden en un torbellino que sólo la inconfundible agilidad narrativa de Fonseca puede disipar.

Agosto

En agosto de 1954, una crisis política condujo al presidente brasileño Getulio Vargas al suicidio. Una revolución en 1930 lo había llevado a la presidencia, un golpe militar democrático lo derrotó en 1945 y, encabezando dos partidos –uno de izquierda, el PTB, y otro de derecha, el PSD− ganó las elecciones. Pero para agosto de 1954, todo cambiaba: la nacionalización del petróleo, ideada por el secretario del

Trabajo, Joao “Jango” Goulart, llevó al varguismo a un callejón sin salida, en cuyo final oscuro le esperaban Carlos Lacerda, El Cuervo, un periodista de derecha vinculado a la oposición golpista –la UDN−, las clases medias indignadas por la corrupción política, los oficiales del ejército, los comunistas y las empresas norteamericanas.

Este es el escenario en el que los personajes de Agosto tejen un intricado thriller en el que se mezclan la violencia, el sexo, el poder y sus personajes: Alberto Mattos, un comisario de policía empeñado en hacer justicia en medio de un Brasil carcomido por la corrupción, los pistoleros a sueldo, las mujeres cuyos cuerpos son sólo una parte más de la red de complicidades.

Esta suntuosa y a la vez descarnada novela de Rubem Fonseca nos regresa a la famosa paradoja de Sciascia: en nuestros países, toda administración de justicia es perversa.

El collar del perro

“Flores artificiales sucias en un florero de falso cristal. Muebles viejos arruinados. Ni siquiera un libro a la vista. Ropa descolorida. Un Sagrado Corazón de Jesús en la pared, también descolorido. El niño descalzo. Hubo un momento en el que la tristeza de las cosas fue mayor que el dolor de las personas.” “Caray, doctor, hasta parece que nunca había entrado a la casa de un pobre.” “Ya había entrado, sí. Pero mis ojos no siempre saben ver.”

Feliz año nuevo

Ninguna obra de Rubem Fonseca ha sido tan mencionada y discutida como Feliz año nuevo. No siempre por sus méritos literarios. Presente desde su lanzamiento en 1975 en la lista de los libros más vendidos, sus primeros trece meses de vida comercial estuvieron marcados exclusivamente por comentarios elogiosos en la prensa y especulaciones de la crítica sobre eventuales semejanzas entre el escritor y el autor pornoterrorista del cuento “Intestino grueso”.