Queda por demás evidente que es falso e irracional que el proceso electoral que cínicamente promueven NO “Va por México” y la “democracia”, como proclaman, sino que VAN por México para recuperar el modelo neoliberal. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

Hace 21 años se publicó un extraordinario libro referente a la transición democrática de México, cuyos autores Ricardo Becerra, Pedro Salazar y José Woldenberg, lo titularon La mecánica del cambio político en México: Elecciones, partidos y reformas, el cual sacudió el sistema político hegemónico prevaleciente en aquel entonces.

Woldenberg, a quien conocí e hice amistad durante nuestra militancia en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), tuvo la gentileza de regalármelo y dedicármelo en Chihuahua, en junio de 2000: “Para Fco. Javier Pizarro lector inmejorable para este intento de un poco de racionalidad a la que hemos vivido en los últimos 20 años”.

No le falle. Leí y releí en varias ocasiones este voluminoso pero extraordinario libro al que, expresé a sus autores, era un texto que describía a fondo con objetividad la política del pasado y los cambios fundamentales generados durante 20 años a partir de 1979.

La mecánica del cambio político en México puso en marcha un proceso de cambio y transición de las elecciones, el sistema de partidos, y reformas electorales, que dio origen al Instituto Federal Electoral, encabezado por Woldenberg, quien años después, contra viento y marea, lubricó el motor de este cambio con siete reformas electorales relevantes para que no se fuera a desvielar.

Para desgracia de la sociedad y el Estado, los cilindros del motor de esta trascendente reforma política electoral, ejes fundamentales de la transición política a la democracia, fueron paulatinamente desvielados, por el corrupto régimen neoliberal. 

A partir de entonces empezó a oxidarse el cambio de la transición política a la democracia ya que el INE poco a poco dejó de ser el taller de la “mecánica del cambio político” y se convirtió en un “yonke” que vendió a manos llenas y altos costos los carros desmantelados (partidos en decadencia) del proceso electoral neoliberal.

Tan fue así, que en las elecciones presidenciales bipartidistas del PAN y el PRI del 2000 al 2018, Peña Nieto sustituyó en el 2014 al IFE por el Instituto Nacional Electoral (INE), en el que Lorenzo Córdova fue designado como Consejero presidente, quien, sin recato alguno, avaló el regreso del desvencijado PRI a la Presidencia, pese a las irregularidades y cohechos en que incurrió Enrique Peña Nieto.

Eso, dirían los “clásicos”, es historia. Falso. No hay presente sin pasado. En congruencia a ello, les comparto un antecedente inequívoco de la política electoral de “contrapesos” que el INE subrepticiamente difundió en el periódico Reforma en julio de 2020 en un comunicado titulado Contra la deriva autoritaria y por la democracia”, promocionado por un grupo de 30 intelectuales orgánicos, periodistas e integrantes del INE, mediante el cual se convoca a conformar “junto con los partidos de oposición” una amplia “alianza ciudadana que obtenga la mayoría” para asegurar que la Cámara de Diputados recobre su papel como contrapeso constitucional al Poder Ejecutivo y obligar al gobierno a “respetar la pluralidad democrática”.

Describen un rosario de quejas en contra del reciente Presidente de la República, Manuel López Obrador, a quien acusan: “Ha concentrado en sus manos el poder del gobierno en detrimento de los poderes del Estado y de los estados de la Federación; ha destruido la administración pública y las instituciones constitucionales; ha mantenido una actitud despreciativa no solo hacia las  instituciones autónomas, sino también a esferas científicas y culturales, así como, muy notoriamente, hacia el movimiento de las mujeres que luchan por su igualdad” (textual).

Cierran su perorata criticando también el manejo de la pandemia de la COVID-19, el que, según ellos, “se ha caracterizado por una política de austeridad suicida y por su rechazo a un acuerdo nacional para reactivar la economía”.

Desde entonces le empezaron a poner leña al fuego a las elecciones intermedias del 6 de junio de 2021.

El Presidente de la República, sarcásticamente, dio inmediata respuesta al desplegado suscrito por el grupo de “intelectuales orgánicos” y periodistas en un mensaje que rotuló: “Bendito Coraje”. Va:

“Celebro que escritores y periodistas que han defendido desde siempre el modelo neoliberal o neoporfirista, se agrupen, se definan y dejen de lado la simulación para buscar rescatar el antiguo régimen, caracterizado por la antidemocracia, la corrupción y la desigualdad”.

“La historia nos enseña que cuando se pone en práctica un proceso de transformación, siempre se produce una reacción conservadora. De modo que es absolutamente legítimo que exista una oposición al Gobierno que represento y las acciones que estamos consumando”.

“Quizá lo único que pueda reprocharse a tan famosos personajes es su falta de honestidad política e intelectual”. Bastaría con preguntarles: ¿cómo contribuyeron a los avances democráticos para salir de un sistema autoritario y establecer la democracia? si casi todos de ellos defendieron o guardaron silencio cómplice ante los fraudes electorales de la historia reciente del país?”

El Presidente dio en el blanco. Desde 1988 al 2018 los procesos electorales en toda la República fueron fraudulentos e incluso violentos. Los resultados de los comicios en esa etapa fueron alterados a favor de los candidatos del PRI, con la “caída del sistema”, con lo cual Carlos Salinas de Gortari le robó la silla presidencial a Cuauhtémoc Cárdenas, entonces candidato del Frente Democrático Nacional.

En las elecciones de 1994, el candidato presidencial del PRI, Ernesto Zedillo, reconoció que el proceso electoral había sido muy desigual, por lo que, dijo, era “urgente emparejar el piso” a los competidores, lo que se logró en el año 2000 con la primera alternancia del poder, con el triunfo de Vicente Fox y el financiamiento ilegal que “los Amigos de Fox” y el PAN le aportaron y que fue sancionado por el órgano electoral con multas millonarias, pero no más.

En 2006, el hoy Presidente de la República fue víctima de un fraude de todos conocido, que tanto el PAN como el PRI fraguaron con todo descaro y benevolencia del IFE, en favor de Felipe Calderón.

El PRI recuperó el poder presidencial en 2012 con el apoyo subrepticio del PAN y la compra de votos con miles de millones de pesos financiados por la cúpula empresarial y empresas extranjeras a cambio de la enajenación a la iniciativa privada nacional y extranjera, de nuestros recursos naturales minerales y petrolíferos a los que la 4T ha puesto freno.

En todos esos años, el engranaje de la corrupción se expandió sexenio tras sexenio. De 2012 a 2108 creció significativamente. Al inicio del sexenio de Peña Nieto México obtuvo una calificación del 34 por ciento, que en 2015 disminuyó al 31 por ciento; al 30 por ciento en 2016 y 29 por ciento en 2017. No obstante, las anteriores administraciones hicieron caso omiso de las acciones de corrupción por la simple y sencilla razón que eran ellos los que engendraban la maquinaria de la corrupción y la impunidad.

El INE ha trastocado las diversas teorías originales de la “mecánica del cambio político”. El entramado legal actual del sistema electoral no refleja la política real; por el contrario, de nuevo la está desvirtuando y polarizando.

El órgano electoral está utilizando el proceso electoral sin recato alguno para impedir que Morena sostenga la mayoría del Poder Legislativo y con ello recuperar las políticas neoliberales de antaño, de las cuales ya hemos abordado.

La coalición integrada por la derecha y financiada por la oligarquía debería cambiar su emblema electoral de “Va por México” por el de “Van por México”, ya que lo de ellos no es “salvar al país”, como hipócritamente dicen. Lo que a ellos les interesa es recuperar el poder político, económico y financiero que usufructuaban impunemente a manos llenas durante los sexenios del PRIAN. 

La mayoría de los medios de comunicación, por su parte, día tras día, desinforman y manipulan a la sociedad y además endosan al Presidente de la República todos los males que le heredaron los gobiernos anteriores en lo económico y lo financiero con el saqueo del erario público y la venta de nuestros recursos naturales soberanos a empresas trasnacionales extranjeras.

Queda claro que, para los adversarios de la 4ta Transformación, la democracia no tiene importancia. Lo de ellos es recuperar el régimen neoliberal que cimbró el PRI y el PAN. He ahí por qué Lorenzo Córdova arremete contra la 4T y Morena.

“Por si las moscas”, como dice el refrán, el lunes pasado el Presidente en su conferencia mañanera señaló que aún en el caso de que sus opositores ganaran la mayoría legislativa no tendrían facultad para vetar el Presupuesto de Egresos y cuenta pública, las políticas de bienestar social y el rescate de la soberanía de México que tanto ansían. El único que puede vetar esas políticas legislativas es el Poder Ejecutivo federal.

Veremos y diremos en qué termina esa “política de contrapesos” que el INE y sus fariseos tendrán que demostrar al Consejo del Tribunal Electoral de la Federación (TEPJF), el cual les refutó la cancelación de las candidaturas de Félix Salgado y Raúl Morón, ya que legalmente es una sanción administrativa para subsanar financieramente los “gastos de las precampañas” de 20 mil y 12 mil pesos que entregaron al INE, no obstante, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama se salieron con la suya y les cancelaron las candidaturas a ambos.

Por cierto, me pregunto, ¿los ahora ya candidatos de la oposición de Morena si cubrieron sus gastos de  precampañas? ¿Por qué el INE solo a canceló a Morena 60 candidaturas a alcaldes, gobernadores, y legisladores y no ha tocado ni con el pétalo de una rosa a los candidatos corruptos que postula la coalición?

Queda por demás evidente que es falso e irracional que el proceso electoral que cínicamente promueven NO “Va por México” y la “democracia”, como proclaman, sino que VAN por México para recuperar el modelo neoliberal, fuente de su corrupción e impunidad.