Un camión provoca que la oficina se cimbre. Una figura de Carlos Salinas de Gortari, quien viste como presidiario, observa. Tal vez el temblor y el muñequito sean buenas ilustraciones para lo que está a punto de decir Alberto Barranco, cronista mexicano: Emilio Lozoya soltará cosas contra Enrique Peña Nieto, sólo necesita pisar la prisión para que se le afloje la lengua.  

Ciudad de México, 18 de junio (SinEmbargo).– En el momento en que Emilio Lozoya Austin pise la cárcel, comenzará a hablar contra Enrique Peña Nieto, ex Presidente de México, señala Alberto Barranco Chavarría, cronista y autor del libro Ciudad de historias.

El Universal reveló hoy que el ex mandatario priista era investigado por autoridades de Estados Unidos por el pago de un presunto soborno que recibiría por la compra de la empresa Fertinal, la cual llevó a cabo Petróleos Mexicanos (Pemex) en 2015, cuando Lozoya era director general de la empresa estatal.

De acuerdo con el diario nacional, que cita documentación entregada al Departamento de Justicia de Estados Unidos, Peña Nieto fue supuestamente sobornado para “autorizar” la compra de dicha empresa a un sobreprecio, lo que representó daños para el patrimonio de Petróleos Mexicanos (Pemex) y el erario.

“Lozoya es un clásico del peñismo. Utilizaba a las instituciones como elementos propios. No es posible que haya un funcionario tan dilapidador que de su casa al trabajo se traslade en helicóptero; que usaba aviones de Petróleos Mexicanos para viajar a sus lugares de descanso; que tenía una serie de gastos en Pemex que no se justificaban. La gente debe entender que ser funcionario público no es ser dueño de la parcela que se le está encomendando. Son administradores, pero llegan y se aprovechan de todo”, indica Barranco Chavarría, pionero en llevar la crónica a la radio, conduciendo 12 años el programa Leyenda Urbana en Radio Red.

–En caso de que se comprobara algo contra Peña Nieto, ¿cree usted que el Gobierno de López Obrador actuaría? – se le pregunta al cronista y columnista de El Universal.

–Se dijo que Andrés Manuel López Obrador había hecho un pacto con Peña Nieto, en el sentido de que habría impunidad para él. En el momento en que se echó a andar el escenario en contra de Lozoya, evidentemente se iba a llegar a Peña Nieto. Yo creo que no hay ningún pacto. Yo creo que quizás hubo una tregua, un acto de cortesía, en virtud de que Peña Nieto no obstaculizó la llegada al poder de López Obrador, pero no hubo un pacto de impunidad. Y está demostrado, en el momento en que Lozoya ponga un pie en la cárcel, en ese momento empezará a aventar cuestiones contra Peña Nieto. Evidentemente el Gobierno [de López Obrador] estará obligado… no sé si terminará por encarcelarlo, pero sí deberá [Peña] venir al país, si está fuera, y declarar sobre los asuntos. De alguna forma, se pondría por primera vez a un ex Presidente de la República en un escenario en donde sea quizás detenido o obligado a declarar. El escándalo caerá sobre él y no creo que le convenga.

Emilio Lozoya, ex director de Pemex, y Enrique Peña Nieto, ex Presidente de México. Foto: Adolfo Valtierra/Cuartoscuro.

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A propósito de la publicación de Ciudad de historias, su libro, Alberto Barranco habló para SinEmbargo. Aquí la entrevista íntegra:

–Maestro, ¿cómo nos convertimos en un gran cronista?

–El trabajo de cronista consiste en recoger, hurgar, buscar, investigar las cosas. Un periodista que quiere hacer crónica debe estar metido en todos los ámbitos de la Ciudad o del país. No importa si es un lugar insalubre o un lugar prohibido, el periodista debe entrar, pues es la única forma de entender o asimilar para finalmente darlo a conocer a la gente.

–Para escribir tanto sobre la Ciudad de México, se necesita querer mucho a la Ciudad de México.

–Querer mucho a la Ciudad de México y entender la grandeza que tiene la Ciudad de México. Tantos años, tantos lugares, tantos monumentos, tantos personajes que están entorno a la Ciudad de México.

–Hay muchas historias en el libro. Una de ellas es la que ocurre en el Convento de la Merced…

–Fue el Convento de la Merced. Fue derribado. Quedó prácticamente sólo el Claustro. El doctor Atl decidió pedirle a José Vasconcelos, que era Secretario de Educación Pública, que le permitiera quedarse ahí para defender lo que quedaba del Convento. Fue una gran hazaña porque nos permitió preservar lo que yo diría que es el Claustro más bonito que hay en México. Es un Claustro de tipo arábigo. A pesar de que tiene un primer piso, no tiene barandales. Se ha remodelado. Está oscuro, no permiten el paso, pero como quiera que sea, no pueden alterar el entorno. Y eso se debe al doctor Atl. En ese marco, él vive un romance salvaje con Carmen Mondragón. Este romance es tan tremendo que hay hasta cachetadas, disparos, una serie de situaciones virulentas que se viven entorno al Convento. Son situaciones que había que contar. Actualmente hay muchos libros de historia que están distorsionando la historia. El cronista no es historiador, el cronista recoge los hechos y los trasmite. El cronista está obligado a hacer ameno su texto.

–Hoy se hace mucho periodismo de escritorio. ¿Es necesario salir a la calle para hacer un buen periodismo?

–Desde luego que sí. Para hacer una crónica se requiere vivir el lugar. La crónica tiene la posibilidad de recrear el hecho. Se puede llegar a usar términos literarios. Eso obliga al cronista a meterse a los lugares para vivirlos y sentirlos. Por ejemplo, cuando yo hago una crónica del siglo XVIII, trató de recrear el ambiente. Se requiere respeto: el cronista no estuvo en el lugar de los hechos, estuvo en el lugar en el que se recrearon los hechos. La crónica puede ser contemporánea, como fue en su momento Salvador Novo. Hay otros cronistas que se remontan a otras épocas.

–Salimos del libro. ¿Cuál es su opinión del tiempo de Gobierno que lleva Andrés Manuel López Obrador?

–A pesar de que han pasado ya seis meses de Gobierno, no se puede todavía evaluar. Es un Gobierno que está transformando radicalmente la cuestión moral, que es un lastre que llevamos cargando desde hace mucho tiempo. La sociedad ha llegado a un exceso de cinismo. Se ve como normal la corrupción. Creo que cambiar esa situación es muy difícil, hay muchos intereses creados, pero creo que se está caminando en ese sentido. Si hay alguna aportación del Gobierno de López Obrador será esa: cambiar la estructura mental de la gente, que entenderá que la corrupción es un delito, que la corrupción está fuera de lo normal. No hay que pensar que la corrupción es obligatoria para un servidor público.

–¿Qué opina sobre la oposición?

–Hay que entender varias cosas. Evidentemente que si un Presidente llega con un estilo distinto, con una forma más franca de dirigirse a la población, estamos ante un escenario donde se están vulnerando intereses. Evidentemente estamos hablando de un juego de intereses que durante muchos años prevaleció en México y que ahora se está combatiendo. ¿Cuántas empresas tienen contubernios con el Gobierno y recibieron traje a la medida en una licitación pública? ¿Cuántas empresas tenían contubernios con el Gobierno para evitar pagar impuestos? ¿Cuántas empresas tenían contubernios con el Gobierno para inflar los precios de los productos que le vendían? Todo ese escenario ayuda a que hubiera un choque cuando el Gobierno actual dice que tiene una política orientada a otra cosa. En este choque en ocasiones se mete mucho dinero, se invierte dinero con el propósito de socavar al Gobierno actual. Yo creo que la crítica es correcta. Un Gobierno que no tiene crítica es muy sospechoso. El periodismo debe ser crítico y qué bueno que se critique al Gobierno, pero aquí encontramos un escenario en el que la crítica se vuelve más bien interesada. No es una crítica sana. No es una crítica que nace de un espíritu de inconformidad, sino que nace de algo que tiene una serie de intereses mezquinos que están en peligro.

–Hoy en la mañana, el diario en el que usted publica, El Universal, señala que Estados Unidos estaría ya investigando a Enrique Peña Nieto.

–El momento en el que realmente se llegue al fondo del asunto, el momento en que se aprese a los responsables, se comenzarán a salpicar una serie de cuestiones. Según Emilio Lozoya, en el Pacto por México, firmado con partidos políticos por el Presidente Enrique Peña Nieto, se obligaba a que de alguna forma se restableciera la industria de fertilizantes. Entonces en ese marco se consideró que Pemex podía comprar plantas de fertilizantes, lo cual, si es que lo decía el Pacto por México, pues no decía que se debía comprar chatarra. Quizás, si Petróleos Mexicanos hubiera creado dos empresas de fertilizantes, hubiera salido mucho más barato. No era de inmediato, tenía que pasar tiempo, pero ya había empresas que podían haber revitalizado. En ese marco, entran en juego dos empresas que están quebradas, Fertinal tenía años sin operar. ¿Una empresa que no opera? Yo quiero ver mi carro, que no lo eche a andar en 11 años, y que no se quede pegado el motor. Eso pasaba con Fertinal. Lo mismo con Agronitrogenados, con el agravante de que tenía 18 años sin operar. Si el Gobierno hace una compra ruinosa como esa, tiene que haber algún interés por parte de funcionarios. Ese interés, según Lozoya, venía del Presidente de la República. Quizás él también entró al juego. No creo que él se haya ido sin nada. Hay pruebas de que recibió beneficios importantes. El asunto es que se siga medrando con el dinero de todos los mexicanos, pues Pemex es de todos los mexicanos. Estamos hablando de más de mil 200 millones de dólares que se dilapidaron en esas operaciones. Evidentemente hay un soborno. No se puede entender. No se puede entender que yo vaya a comprar un carro que cuesta 10 pesos, pues está todo chocado, y de pronto yo le pague al propietario 200. Ahí yo me tuve que llevar algo por hacer esa operación. Cuando se hace entre particulares es lo de menos, el problema es cuando se hace con el dinero del pueblo. Yo creo que aquí se van a involucrar… Van a tener que deslindarse responsabilidades desde las empresas que hacen avalúos. Está en juego también el consejo de administración de Pemex. ¿En qué circunstancias autorizó? Y lo más importante: si todas las personas que intervinieron en la operación, recibieron consignas del Presidente de la República, lo cual sería gravísimo, pues estaríamos hablando de un poder omnímodo, de un Presidente de la República que da un manotazo y todo lo que está abajo se vuelca a su voluntad. Eso sería muy grave.

–¿Lozoya es un personaje que representa lo que fue el sexenio de Peña Nieto?

–Desde luego. Lozoya es un personaje que independientemente de los delitos que se le acumulen, pues aún está pendiente el caso Odebrecht, es un personaje clásico del peñismo, que utilizaba a las instituciones como elementos propios. No es posible que haya un funcionario tan dilapidador que de su casa al trabajo se traslade en helicóptero; que usaba aviones de Petróleos Mexicanos para viajar a sus lugares de descanso; que tenía una serie de gastos en Pemex que no se justificaban. La gente debe entender que ser funcionario público no es ser dueño de la parcela que se le está encomendando. Son administradores, pero llegan y se aprovechan de todo. Hay gente que paga las cirugías plásticas de su esposa con dinero de entidades federales. Eso se debe acabar. Se requiere una revolución cultural. Mucha gente va al sector público, termina y dice: chin, ¿cómo es posible que no me enriquecí? Y hay gente que reprocha: fuiste ahí [al servicio público] y no hiciste nada. No hacer nada es para ellos no salir con 10 casas. Esas cosas deben desterrarse de este país.

–En caso de que se comprobara algo contra Peña Nieto, ¿cree usted que el Gobierno de López Obrador actuaría?

–Se dijo que Andrés Manuel López Obrador había hecho un pacto con Peña Nieto, en el sentido de que habría impunidad para él. En el momento en que se echó a andar el escenario en contra de Lozoya, evidentemente se iba a llegar a Peña Nieto. Yo creo que no hay ningún pacto. Yo creo que quizás hubo una tregua, un acto de cortesía, en virtud de que Peña Nieto no obstaculizó la llegada al poder de López Obrador, pero no hubo un pacto de impunidad. Y está demostrado, en el momento en que Lozoya ponga un pie en la cárcel, en ese momento empezará a aventar cuestiones contra Peña Nieto. Evidentemente el Gobierno [de López Obrador] estará obligado… no sé si terminará por encarcelarlo, pero sí deberá [Peña] venir al país, si está fuera, y declarar sobre los asuntos. De alguna forma, se pondría por primera vez a un ex Presidente de la República en un escenario en donde sea quizás detenido o obligado a declarar. El escándalo caerá sobre él y no creo que le convenga.

Peña Nieto y López Obrador. Foto: Cuartoscuro.

–Regresamos al libro. Tantos años escribiendo sobre la Ciudad de México, habrá visto muchísimos cambios. ¿Qué momentos son claves?

–El siglo XIX es clave en la medida en que México deja de estar aislado y se interrelaciona con países europeos, fundamentalmente Francia, fundamentalmente con el Reino Unido. México estaba cercado. Tenía una relación distante con los Estados Unidos, y a partir de Porfirio Díaz, comienza una penetración importante de los franceses. Es la época en la que llegan los grandes inversionistas de carácter mercantil. Es la época en la que toma fuerza el ferrocarril. Empieza a llegar capital a textiles, comercio, minería. Se industrializa el país. El ferrocarril da la oportunidad de comunicarse con mayor atingencia y las mercancías pueden llegar de un lugar a otro en el país. Es un parteaguas. Posteriormente vendrían épocas turbulentas. Viene la Revolución en el siglo XX. El país comienza a apaciguarse en el Gobierno de Lázaro Cárdenas, que expropia el petróleo y eso permite a México tener ingresos importantes. Comienza un escenario de modernización. La Ciudad cambia. Empieza un crecimiento aceptable. Finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, es cuando viene el gran auge.

–De las historias en Ciudad de historias, ¿cuál es su favorita?

–Son muchas historias. Realmente uno no puede decir que hay un hijo al que quiere más que a otro. A mí me gusta mucho el revivir cuestiones de carácter anecdótico. Revivir cosas que la gente desconoce. Manejar cosas que no se habían dado a conocer, que estaban ocultas. Por ejemplo, por ahí está un personaje que es Nicolás Zúñiga y Miranda, que peleó seis veces por la Presidencia de la República. Contra Díaz, contra Madero, contra Carranza, hasta llegar a Plutarco Elías Calles. En las películas se le satiriza, pues él sabía que iba a perder la Presidencia, pero él es alguien que tiene una historia detrás que lo convierte en un personaje hasta de carácter científico. El inventó un aparato que llamó siesmógrafo, que según él le permitía predecir un temblor. Tal vez fue chiripada, pero predijo uno. Es una cuestión que no se conoce de él. Tampoco se conoce que atendía a la gente, hacía litigios, y no cobraba. Es lo que me gusta hacer, contar esas historias.

–¿Estaba en este edificio cuando fue el temblor de 2017? Le pregunto porque se siente la vibración cuando pasa un camión.

–Es un edificio muy viejo, pero seguro. Yo ya he pasado aquí unos tres o cuatro temblores. Yo no acostumbro a bajar. Esa vez… La secretaria tampoco podía bajar porque tenía una pierna enyesada. Yo me tuve que quedar con ella. Se comenzaron a caer los cuadros. Yo pensé que ahora sí era la definitiva. Vi que vibraban las ventanas. Pensé que iban a estallar los vidrios. Son sustos. Cuando he estado en cabinas de radio trasmitiendo, no me he salido. Una vez me sacaron a la fuerza los guardias de seguridad porque estaba temblando. La gente me critica y tienen razón, pero yo he tenido la costumbre. Ese día, en septiembre de 2017, sí me iba a salir, pero yo no podía cargar a la secretaria, entonces me quede.

Alberto Barranco. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.