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Susan Crowley

18/06/2022 - 12:04 am

Bill Viola, el atrapa almas del arte

La obra del artista norteamericano, Bill Viola, abreva de una técnica capaz de atrapar al alma en la perfección de lo inanimado.

El alma es un fluido inaprensible, es cualidad pura que nos construye. Esencia. Así lo cuentan diversos relatos. Uno de ellos, narrado por la poderosa pluma de Thomas Mann, es José y sus hermanos, una de las más fascinantes recreaciones del pueblo elegido. En el corazón de un Medio Oriente imaginario, ancestral, en el que el tiempo no había dominado al mito, el creador gozaba su obra. Una vez terminada observó la belleza en cada partícula de la materia inanimada. Insatisfecho de su inmovilidad, con un soplo, envió al alma. Fuerza vital y movimiento puro, apenas rozaba la materia, huía traviesa y fascinada por su propia destreza. Fue necesario contenerla. Para ello, el creador envió al espíritu, especie de armadura que la atraparía. Los seres cobraron vida y con ello se llenaron de sentido.

Entidades distintas, el alma inaprensible que inscribe y centrifuga; la otra, el espíritu que es continente, circunscribe, modela e incita a la permanencia. La obra del artista norteamericano, Bill Viola, abreva de una técnica capaz de atrapar al alma en la perfección de lo inanimado. Su vasto trabajo elaborado en video nos invita a la transfiguración de algoritmos en voces sensibles; loop infinito en el que el gozo de la belleza se manifiesta.

En un mundo en el que nos hemos dejado atrapar por las tecnologías carentes de alma, cuando hemos apostado por el vacío que genera la transmisión infinita, sin sentido, vacía, a través de un monitor con el que nunca podremos establecer una comunión, las pantallas de video de Viola se despliegan a lo largo del espacio revelando un estado del alma encarnado. Esto ocurre hoy y hasta el 28 de agosto en México, en Ex Teresa Arte Actual.

Viola produce sus obras, en parte referentes a las grandes pinturas, a través de cuidadosos procesos. Foto: Susan Crowley.

El extemplo y Convento de Santa Teresa la Antigua data del siglo XVII. A espaldas de Palacio Nacional y a un lado del Templo Mayor se ubica en la calle Licenciado Verdad. Es vecino del número once, aquel edificio icónico que fue sede del surgimiento de toda una generación de artistas que cambiaron nuestra historia del arte durante los años noventa. Arrinconada y asombrosamente silenciosa, como si el tiempo no pasara, más allá del bullicio y la fiesta permanente que es nuestro zócalo, la pequeña calle peatonal nos hace sentir la atmósfera creativa que la ha envuelto durante siglos. Concebido como edificio religioso, con su fachada barroca con doble frontón decorado con ángeles y majestuosas columnas salomónicas, pasó por el abandono total. X Teresa, como se le llamó desde 1993, remontó su vuelo transformándose en espacio alternativo para las prácticas contemporáneas: arte sonoro, experimentación, exhibición y documentación de nuevas tecnologías, sin duda uno de los más asombrosos centros de arte alternativo de México y el mundo.

Bill Viola incursionó en el arte contemporáneo a través de la experimentación con su cuerpo. El registro de diferentes prácticas (ralentizar la respiración, grabar el nacimiento de su hijo y la muerte de su madre simultáneamente, dejarse caer en un estanque profundo y resistir el mayor tiempo posible, fueron sus primeras acciones). Su pasión por las bellas artes lo llevó a entender, como lo indica Walter Benjamin, que el aura es el elemento que permite que una pintura manifieste su alma. Para el filósofo alemán, un cuerpo pintado es la posibilidad de sobreponer capas de color, texturas, volúmenes, luz, que no solo pretenden una perfección técnica y por lo tanto realismo; son la oportunidad de trasladar el espacio tridimensional a un plano bidimensional. La historia de la pintura es la suma de los pasos dados para envolver eso que, como nos dice Thomas Mann, es fluido que escapa.

Grandes logros se registraron en la pintura religiosa que, con esa obsesión de retener la esencia de lo sagrado, abordó técnicamente los intersticios de la materia para llenarla de sentido. En La Visitación, uno de los trabajos exhibidos en X Teresa, Viola actualiza una de las piezas más bellas de Jacopo Pontormo basada en el evangelio. Se trata del anuncio que María hace a la envejecida Isabel, lleva en su seno a un niño. El alma de las mujeres se traduce en belleza pura a través de la levedad de los cuerpos, el vuelo de las telas, su colorido, las expresiones de pasmo, contradicción, amor, alegría y complicidad. La escala humana en el lienzo es atrapada por Viola en el video.

Los seres cobraron vida y con ello se llenaron de sentido. Foto: Susan Crowley.

El artista estudió profundamente la totémica obra de aquellos creadores que supieron nombrar lo inasible y lo atraparon en el plano. A él le tocó trasladar el poder de la belleza pictórica a este medio. Si el pincel y el óleo priman en la pintura, la materia del video son los algoritmos. Viola produce sus obras, en parte referentes a las grandes pinturas, a través de cuidadosos procesos. Su estudio cerca de Los Ángeles es un laboratorio de experimentación en el que escenógrafos, actores, iluminadores, fotógrafos, vestuaristas, trabajan bajo la orquestación del artista. En un escritorio se ven postales, libros recortados y reproducciones.

Después de una acuciosa planeación, la obra se realiza cuidando al máximo los detalles, todos bajo la conducción de Viola. Pero el gran secreto solo lo guarda él. Una vez completada la enorme labor de producción, viene el desarrollo del momento milagroso que solo la tecnología, en manos de un genio, puede otorgar. La desaceleración del material a través de la ralentización con códigos y algoritmos, son el acabado perfecto. Una especie de tableau vivant aparece dentro del monitor. El casi imperceptible movimiento dilata los colores, las telas, las expresiones. La enorme fascinación que Viola tiene por los elementos agua, fuego, aire y tierra, son protagonistas de su obra como jamás serán utilizados por ningún otro artista. El logro de llevar a su máxima expansión lo efímero, sensación pura, estado de ánimo-ánima, una mirada que se convierte en nuestra observadora y que nos obliga a vernos hacia adentro, un estado latente que puede ser la muerte, que no es fracaso sino nuevo inicio.

En una de sus más logradas piezas, Tristan´s Ascension, creada para el montaje de la ópera Tristan und Isolde del compositor alemán Richard Wagner, Viola plasma el Liebestod (Muerte por Amor). Éxtasis y disolución de un cuerpo, cuya irremediable entrega al otro, no puede ser contenida y debe expandirse y transfigurarse. Para Viola la muerte no es el final de la vida, como en Wagner, no representa el fracaso del amor, es la posibilidad de trascender al propio cuerpo y ganar el infinito. Es el triunfo de la belleza. Lo más asombroso es que en esta ocasión, la pieza está enmarcada por la gran nave del templo-museo. Imposible describir la sensación que transmite la elevación de un cuerpo aparentemente exangüe mientras el agua materializada lo envuelve.

Será muy difícil volver a ver la obra del gran artista en un contexto tan perfecto como este espacio que renunció ser sagrado pero que aún guarda los vestigios de su sacralidad. Hoy se ha convertido en continente que abraza una obra icónica, majestuosa, dolorosamente y profundamente bella.

Twitter @Suscrowley 

Susan Crowley
Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente. Ha asesorado y catalogado colecciones privadas de arte contemporáneo y emergente y es conferencista y profesora de grupos privados y universitarios. Ha publicado diversos ensayos y de crítica en diversas publicaciones especializadas. Conductora del programa Gabinete en TV UNAM de 2014 a 2016.
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