“El problema con las opiniones es que nos quedamos con ellas”,
Susan Sontag

La mariguana es una planta dañina porque ataranta. Si legalizamos la mariguana se acaba el narcotráfico. Es una hierba inmoral, afecta el cuerpo, templo del Espíritu Santo. Podríamos ir a comprarla al Oxxo, como si fuese una cajetilla de cigarros, claro, con la correspondiente leyenda preventiva.

Así de simplistas y prejuiciosas han sido las opiniones vertidas por los personajes-imán de reflectores públicos en torno al debate por la posible legalización de la mariguana en el Distrito Federal y Morelos.

Como si fuese un tema inédito y jamás tocado por el hombre, los gritones de la televisión vociferaron ignorancia moralina. Políticos hambrientos de protagonismo, líderes religiosos sedientos de hacer contrapeso a la realidad con fábulas inverosímiles y responsables de elefantes blancos, todos aprovechando la máquina repetidora de histeria informativa para justificar su actuación en la telenovela pública. A continuación, cinco ejemplos:

1.- “Es un camino equivocado, no es el camino correcto”: Sacerdote Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis Primada de México.

2.- “En lo personal no estaría de acuerdo en que mi hijo tuviera la oportunidad de ir a la tienda y tener acceso a enervantes”: Eliseo Lezama, presidente municipal de Tehuacán, Puebla.

3.- “¿Las mismas autoridades perredistas del Distrito Federal, promotoras de prohibir los saleros en los restaurantes de la ciudad, ahora van a despenalizar el consumo de la mariguana?”: Germán Martínez, expresidente del PAN.

4.- “La despenalización de la mariguana debe analizarse y ser parte de una nueva estrategia de paz y reconciliación social”: Graco Ramírez, gobernador de Morelos.

5.- “Sería un grave error legalizar aquello que dañe la integridad de nuestras familias”: Consuelo Mendoza García, presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia.

El tema resultó el pretexto perfecto para que la izquierda partidista intentara difuminar su papel de peón de Enrique Peña Nieto, para que los noticieros se ocuparan de un nuevo distractor, como papel de negociación política, pretexto para atraer feligreses y producir un nuevo escándalo mediático.

El debate sobre la legalización de la mariguana debe tratarse con la profundidad y complejidad del tema. Salvo alguno que otro reportaje o nota informativa, los reflectores públicos tratan este asunto como casi cualquier otro: el sondeo popular y las declaraciones fáciles como la verdad absoluta.

Se ha vuelto una regla que la infinita hemeroteca de internet supere el día a día narrado por los noticieros. Mientras una nota informativa trata de mencionar en dos párrafos los pros y los contras de la planta, en internet abundan documentales asombrosamente profesionales, videos de cómo sembrar la hierba, páginas especializadas, artículos para fumar, elaborar cigarros o comida, estudios a favor y en contra, libros descargables, infografías, análisis médicos…

Ajustándose a la realidad nacional de un país infestado de criminales, el debate en torno a la legalización de la mariguana debería apuntar justo a la amplia y diversa información tan a la mano en estos días. Con estudios de la academia, participación de investigadores y reportajes serios. Debates televisivos protagonizados por expertos en la materia y no por los insulsos voceros de siempre.

Lo que ha ocurrido con la polémica sobre la legalización de las drogas es sólo una réplica de lo que pasa con temas igual de importantes. Matrimonios entre personas del mismo sexo, interrupción del embarazo y adopción de menores para parejas homosexuales. Por lo general, estas discusiones se concentran en la clase política, tradicionalmente perezosa de conocimiento y profesional de la conveniencia.

No es diferente lo que escuchamos sobre la iniciativa de reforma energética. Un alud de opiniones inconexas en defensa del presidente y descréditos generales hacia los críticos, todo en el mismo plato de galimatías servido cada noche.

La desinformación forma parte del ADN del mexicano. Sociedad predominantemente machista, misógina, elitista, homófoba y presa de las más burdas manipulaciones. Prejuicios medievales convertidos en reglas comunes de convivencia. El papel de la mujer representado por la telenovela estelar de Televisa, y el homosexual como el típico estilista gracejo.

De continuar con esta tendencia, la modernidad seguirá alcanzado a una sociedad desprevenida, desarmada y desinformada que se quedará con el mito popular como única verdad posible.

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