El danzón, baile romántico que de inmediato nos hace pensar en la plaza de un parque en Veracruz se ha convertido en una manifestación artística para conquistar. Mientras que el son jarocho se caracteriza por la improvisación y el sonido festivo del arpa y la jarana, ambos son parte de la identidad veracruzana.

Ciudad de México, 18 de agosto (SinEmbargo).- La música de un lugar refleja mucho de su cultura, de su historia y de sus influencias. Veracruz es un estado rico en colores, sabores y por supuesto en ritmo; el danzón y el son jarocho son característicos de esta entidad mexicana y muestra del mestizaje que se vivió en nuestro país.

La música de los esclavos se mezcló con los ritmos indígenas y españoles, influenciados a su vez por ritmos árabes y gitanos; así, el son jarocho y el danzón dan cuenta de este sincretismo cultural.

DANZÓN, ELEGANCIA Y GALANTERÍA

El danzón, un baile romántico que de inmediato nos hace pensar en la plaza de un parque con un kiosco y por supuesto en Veracruz, una contradanza proveniente de los salones europeos que llegó a Haití y después a Cuba donde se transformó en una danza criolla hasta convertirse en el danzón de Veracruz que va más allá de sólo un baile, si no en una manifestación artística para conquistar.

Mujeres con vestidos, abanico en mano, tacones, holanes y encajes, rebozos, listones de color, collares y bordados llenan la Plaza Central de Veracruz, los hombres se presentan impecables con guayabera y fino sombrero; el danzón es un baile elegante y distinguido, la música sutil y sensual de la orquesta suena, el estilo y porte se presenta en cada paso que se da mientras los pies dibujan un cuadro en el piso al ritmo de tres tiempos.

El danzón es parte de la identidad veracruzana. (Imagen ilustrativa) Foto: Rubén Espinosa, Cuartoscuro

EL SON JAROCHO

El son jarocho es festivo, colorido y alegre, en ocasiones se pueden encontrar piezas melancólicas pero siempre será virtuoso y con versos ágiles de los que los decidores hacen gala. Jaranas, violines, arpa, requinto, mosquito, son sólo algunos de los instrumentos que al sonar juntos dan vida a la melodía del son jarocho.

Las mujeres se visten de “jarochas”, un traje de organza y gaza compuesto por una blusa blanca sin mangas amplia falda plisada, mandil, abanico y collares. Mientras que los hombres usan una guayabera y un paliacate anudado al cuello, pantalón, sombrero y botines blancos.

Las raíces de esta música veracruzana se encuentran en la cultura africana, española, el mestizaje y los indígenas. El intercambio comercial del puerto propició un importante intercambio musical, desde instrumentos hasta cadencias que unían a los habitantes de la zona. Así, a finales del siglo XVIII el son jarocho se presentó como resultado del encuentro de diversos sonidos y ritmos; mientras que el campesino, marinero y arriero aportaron el sello local en la melodía y por supuesto en las rimas.

La improvisación es una de sus características, tanto al cantar como al bailar. Es festivo, colorido y alegre, en ocasiones se pueden encontrar piezas melancólicas pero siempre será virtuoso y con versos ágiles de los que los decidores hacen gala. Jaranas, violines, arpa, requinto, mosquito, son sólo algunos de los instrumentos que al sonar juntos dan vida a la melodía del son jarocho.

El son jarocho combina música, danza y rimas improvisadas. Foto: Alberto Roa, Cuartoscuro