A pesar de que se cuidaban y sólo salían por mandado y sus medicinas, esta pareja de la tercera edad se contagió, y tras un mal diagnóstico de un doctor, terminaron en el hospital donde murieron juntos. 

 Roma, 18 de noviembre (EFE).- La segunda ola de la pandemia de coronavirus en Italia está sacando a la luz de nuevo historias dramáticas de algunas de sus víctimas, como el matrimonio formado por Olga y Vincenzo, de 82 y 83 años, que fallecieron en el mismo hospital con apenas una hora de diferencia.

La pareja de ancianos de Sesto San Giovanni (norte de Italia), llevaba junta 63 años, desde que se conocieron con unos 18 años y se casaron un año después.

Tras diez días enfermos en su casa ambos fueron hospitalizados por problemas de saturación de oxígeno, y cuatro días después, el domingo, falleció ella. Una hora después, a las tres de la tarde, le siguió él.

“No salían, tenían mucho cuidado, sólo el abuelo iba de compras y a la farmacia, lamentablemente se enfermaron”, contó una de sus seis nietas a la prensa, y recordó también que la pareja había celebrado su 63 aniversario de boda el 26 de septiembre.

Los contagios y hospitalizaciones siguen incrementando en las ciudades italianas pese a las medidas preventivas. Foto: EFE

Los contagios y hospitalizaciones siguen incrementando en las ciudades italianas pese a las medidas preventivas. Foto: EFE

El anciano fue el primero en mostrar síntomas, y tras unírsele ella pasaron enfermos con fiebres muy altas diez días. “Durante más de una semana el médico nunca fue a visitarlos”, explicó su nieta Katia. “Les dio un antibiótico diciendo que era gripe y en cambio era la COVID-19”, añadió.

Hasta el 11 de noviembre, cuando tuvieron que llamar por problemas respiratorios al número de emergencia y se los llevaron al hospital de una localidad vecina, donde estuvieron en habitaciones distintas.

Ella pidió que, para sentir cerca a su marido, le dejaran tener su chaqueta en la habitación.

La familia ha agradecido al equipo de médicos y enfermeros que les permitieran despedirse de los abuelos con una llamada, y gestos como el de una enfermera que agarró al abuelo de la mano para no dejarlo sólo.