México

¿Fue un regalito para Trump? ¿Por qué mandar a “El Chapo” a EU justo hoy? Los analistas difieren

19/01/2017 - 7:00 pm

El Gobierno de Enrique Peña Nieto entregó hoy al líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, a las autoridades estadounidenses, un día antes de la toma de posesión del nuevo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En este contexto, la interrogante es ¿se trató de un regalo para el magnate neoyorkino?

Analistas consultados por SinEmbargo consideraron que fue “un acto de buena voluntad” con el Gobierno de Trump; otros vieron una exigencia del propio magnate, y algunos incluso señalaron que pudo tratarse de una petición de Barack Obama. Sin embargo, algunos alertaron que con la entrega del líder del Cártel de Sinaloa, México reduce su capacidad de negociar con la nueva administración de Estados Unidos.

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Por Juan Luis García 

Ciudad de México, 19 de enero (SinEmbargo).- Joaquín Guzmán Loera fue entregado hoy por el Gobierno de México al de Estados Unidos para que enfrente en el país vecino cargos por diversos delitos, como delincuencia organizada y homicidio. “El Chapo” fue extraditado hoy, un día antes de la toma de posesión del Presidente Donald Trump, después de permanecer preso un año en dos cárceles mexicanas en el Estado de México y Ciudad Juárez y de promover diversos recursos de amparo para evitar abandonar el país.

El líder del Cártel de Sinaloa perdió ayer uno de sus últimos recursos para evitar su traslado a Estados Unidos luego de que ninguno de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) quiso atraer los dos amparos que su defensa promovió. Finalmente, este jueves el Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal de la Ciudad de México, que analizaba su caso, determinó negarle el recurso que lo mantendría en suelo mexicano.

Un funcionario mexicano dijo a The Washington Post que el traslado del capo fue un “regalo de despedida” para el Presidente Obama y no una bienvenida a Donald Trump.

Aunque, Alberto Elías Beltrán, subprocurador jurídico de la Procuraduría General de la República (PGR), dijo en conferencia de prensa que la entrega del capo no está relacionada con la toma de posesión de Trump:

“No tiene que ver nada [la entrega de “El Chapo” con la investidura de Trump], de no hacerlo se generaría incumplimiento con las normas internacionales”, dijo al dar detalles sobre el proceso de envío.

Analistas dieron diferentes lecturas. Unos consideran que se trató de un regalo para el magnate neoyorkino, “un acto de buena voluntad”; otros ven una exigencia del propio magnate, y algunos incluso advierten todo lo contrario, que pudo tratarse de una exigencia de Barack Obama.

También alertan que con la entrega del líder del Cártel de Sinaloa, México reduce su capacidad de negociar con la nueva administración de Estados Unidos.

“La extradición tiene una doble interpretación”, afirmó Gerardo Rodríguez Sánchez Lara, ‎Coordinador académico del Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), en entrevista con SinEmbargo. Por un lado, dijo, puede interpretarse como una exigencia del gobierno de Barack Obama en su último día como mandatario, pero por otro, puede tratarse de un “gesto de buena voluntad” del Gobierno mexicano ante la administración de Trump.

Sin embargo, Rodriguez afirmó que México tenía ya pocas herramientas de negociación política para mantener al capo en México y ya no era posible seguir retrasando la decisión.

Por su parte, el experto en seguridad nacional e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, Guillermo Garduño Valero, consideró que la entrega del capo mexicano es el inicio de una mala gestión de Luis Videgaray Caso al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Recordó que a pesar de que el único elogio desmedido hacia Videgaray vino del magnate, el funcionario no está capacitado para negociar con el vecino país.

“Es el inicio de una mala gestión [de Videgaray]. Es imposible que un sujeto imberbe en este tipo de asuntos esté tratando temas de alta seguridad del país”, dijo Garduño a este medio digital.

La entrega del líder del Cártel del Sinaloa, consideró el analista, reducirá de sobremanera la capacidad del Gobierno federal de negociar con Estados Unidos en poco tiempo.

“Yo diría que la entrega es una exigencia de los Estados Unidos para empezar a penetrar sobre otras exigencias. Aquí tendríamos nosotros que ubicar el estilo de Trump, que de acuerdo a la capacidad de resistencia que tenga el contrario establece la negociación. Si no hay la capacidad resistencia, sencillamente, toma una decisión unilateral”, dijo.

“Y esto justamente es una traición [la caída de la líder criminal], porque fue una decisión que la autoridad tomó frente a esta situación que ya se veía venir”, agregó Garduño.

El profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) Vidal Romero León expuso que es una posibilidad que Donald Trump exigiera la entrega de “El Chapo”, aún con la concesión de que se entregase durante la administración de Barack Obama.

“No creo que este acto debilite al Gobierno federal, más de lo que se ha autodebilitado. No era un tema que tuviera Trump en su agenda. Es algo que a sus votantes ni les va ni les viene”, dijo Romero.

Guadalupe Correa Cabrera, profesora asociada de la Universidad de Texas, expresó su sorpresa de que la extradición se diera un día antes de la toma de protesta de Trump. “Era de esperarse que esta extradición se diera lo antes posible, pero esto sí es sorprendente”, señaló.

La académica consideró que escogieron “el día antes de que Trump se inaugure como Presidente de los Estados Unidos para establecer un vínculo [con su Gobierno]. Es hacerle un favor. Los tiempos dicen mucho y este tipo de mensajes que se dan, estas decisiones, no pasan de la noche a la mañana. Es un mensaje de que el Gobierno ha decidido trabajar con él y entregarle al capo más buscado”.

Es una muestra, agregó, de México como un país de segunda que no negocia y sólo ofrece.

La última detención de "El Chapo" Guzmán se dio el 8 de enero del año pasado en Los Mochis, Sinaloa. Foto: Cuartoscuro
La última detención de “El Chapo” Guzmán se dio el 8 de enero del año pasado en Los Mochis, Sinaloa. Foto: Cuartoscuro

Un grupo de expertos consultados por la agencia Associated Press consideran que el momento del traslado del capo mexicano fue planificado con cuidado.

“Podría ser una coincidencia, pero creo que eso es improbable”, señaló el analista mexicano de seguridad Alejandro Hope, asegurando que la extradición se produjo el último día completo de la presidencia de Barack Obama y horas antes de la investidura de Trump.

“No podían enviarlo después de que Trump asumiera el cargo porque se habría interpretado como un tributo”, dijo Hope. “Pero quizá querían hacerlo lo bastante cerca como para que ambos gobiernos, el saliente y el que llega, pudieran sacar algo de provecho político de esto”.

En tanto, otro grupo de analistas vieron la medida como una recompensa para Barack Obama y un golpe soterrado para Trump.

“El gobierno mexicano decidió adelantar el plazo porque no quería que Trump estuviera en la presidencia cuando lo enviaran”, dijo Michael Vigil, exdirector de operaciones internacionales para la agencia antidroga de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). “Querían que Obama se llevara el mérito. Querían enviar un mensaje a Trump de que no se dejarán intimidar”.

El senador Miguel Barbosa, del grupo opositor de izquierdas Partido Revolución Democrática, aprovechó la extradición para lanzar un ataque a Peña Nieto. Barbosa afirmó que el traslado parecía ser la única opción luego de las dos bochornosas fugas de Guzmán de penales de máxima seguridad.
“No hay que festejar que el estado mexicano no fue capaz de procesar al mayor delincuente que ha existido en México y no fue capaz de garantizar su aprisionamiento”, afirmó en un comunicado.

En tanto, Andrés Granados, abogado de “El Chapo” acusó al gobierno de Enrique Peña Nieto de intentar distraer la atención de la sociedad con la extradición de su cliente.

“Lo manejaron políticamente, para opacar la situación de las gasolinas”, afirmó. “Es totalmente político”.

Algunos mexicanos temían que la extradición del capo a Estados Unidos, donde se le impedirá mantener el contacto con sus subalternos, pudiera desatar una lucha de poder en el cartel y más derramamiento de sangre.

“Se van a empezar a pelear entre todas las bandas que hay, ¿no? Narcotraficantes, a ver quién llega a ser el número uno”, dijo Roberto Lascurain, arquitecto en Ciudad de México.

Tras la recaptura de Guzmán Loera en enero de 2016, se cree que Ismael “El Mayo” Zambada quedó a cargo del Cartel de Sinaloa. Sin embargo, algunos analistas creen que los hijos del capo podrían haber asumido los papeles de importancia en la organización.

Los hijos de Guzmán podrían intentar reclamar el control, lo que “puede ser una negociación sin violencia o una guerra con ametralladoras”, dijo Raúl Benítez, experto en seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sin embargo, Vigil predijo que es improbable que las operaciones del cartel de Sinaloa que dirigía Guzmán se vean afectadas.

“La mayoría de los cárteles tienen una estructura vertical, pero… Sinaloa tiene una horizontal en la que las células operan de manera semiautónoma”, dijo Vigil. “Tienen un equipo sólido. Tienen a un líder respetado en Ismael ‘El Mayo’ Zambada”.

En Twitter, algunos vieron motivos para el humor en la extradición de Guzmán el día antes de que Trump asuma la presidencia de Estados Unidos.

“Envían lo peor, llevan drogas, son delincuentes”, tuiteó Jorge Guajardo, embajador mexicano en China entre 2007 y 2013, rememorando los comentarios de Trump sobre la inmigración irregular. “De acuerdo, usted gana. Aquí está el peor que tenemos, El Chapo”.

Joaquín Guzmán se fugó en dos ocasiones de dos prisiones federales en México.

La primera, en 2001, bajo la administración del panista Vicente Fox Quezada, fue del penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco. Guzmán fue capturado por primera vez en Guatemala el 10 de junio de 1993 y había sido sentenciado a 20 años de prisión. Tras su escape, el capo estuvo prófugo durante 13 años.

En febrero de 2014 fue capturado en Mazatlán, Sinaloa y apresado en el penal de El Altiplano, en el Estado de México, de donde nuevamente se fugó en julio de 2015 a través de un túnel de un kilómetro y medio de largo. Seis meses después, el 8 de enero del año pasado, fue recapturado en Los Mochis para ser trasladado de nuevo a la prisión ubicada en Edomex. Desde el pasado 7 de mayo, el capo fue trasladado al Cefereso 9 de Ciudad Juárez.

Este jueves, el Tribunal con sede en la capital del país consideró que los acuerdos de la Secretaría de Relaciones Exterioriores (SRE), del 20 de mayo de 2016, que concedían la extradición del capo a Estados Unidos cumplían con las normas, requisitos y disposiciones legales para su emisión.

En consecuencia, informó la Cancillería a través de un comunicado, “para dar cumplimiento a los acuerdos de extradición, [la] dependencia del Gobierno Federal puso a disposición de la Procuraduría General de la República a Joaquín Guzmán Loera, y a través de la misma, el Gobierno de la República el día de hoy entregó al Señor Guzmán Loera a las autoridades los Estados Unidos de América”.

Guzmán Loera enfrenta en un tribunal de Texas cargos por delitos contra la salud, asociación delictiva, delincuencia organizada, posesión de armas, homicidio y lavado de dinero. Además, en otra corte de California está acusado por el delito de asociación para importar y poseer cocaína con la intención de distribuir.

Federico Berrueto, dijo a la agencia Efe, que la extradición del capo mexicano es un reconocimiento a Barack Obama a un día de que entregue la Casa Blanca por su cooperación. Además consideró que se trata de una advertencia Donald Trump de que la relación bilateral no se basa solo en economía y migración.

“El hecho que esto ocurra las últimas horas del Gobierno de Obama es una señal de un reconocimiento y cortesía a un Gobierno que concluye (en Estados Unidos) pero también es una llamada de atención al Gobierno que inicia”, detalló.

Para Berrueto, lo sucedido “hay que verlo en el marco del calendario político del país vecino” y en que “había una expectativa del Presidente Obama de que se produjera la extradición de uno de los criminales más buscados” del mundo.

“Es una atención con un Presidente con el que concluye un mandato en el que se dieron una serie de realizaciones en la relación bilateral”, a pesar de que no satisfizo a México en materia migratoria, consideró.

Por el contra, dijo Barrueto a la agencia española, “lo que México le está diciendo al señor Trump es que no se olvide de que hay temas de seguridad nacional de interés común sobre los cuales debe existir un entendimiento”.

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