Los Simpson, ese programa de personajes disfuncionales conviviendo en un pueblo alucinado, conquistó a este continente tan parecido a ellos como el meme latinoamericano por excelencia.

Por Sebastián Serrano

Ciudad de México, 19 de enero (VICE).- Primero fue la Corona Española. Y luego, 400 años después, una familia gringa liderada por un gordo panzón y borracho volvió a acaparar todo aquello que hay entre la Patagonia y el Río Bravo.

Los Simpson, ese programa de personajes disfuncionales conviviendo en un pueblo alucinado, conquistó a este continente tan parecido a ellos dos veces: primero como enlatado de televisión en los noventa y ahora, en pantallas mucho más chicas, como el meme latinoamericano por excelencia.

¿POR QUÉ?

“No sólo fueron transmitidos en toda la región, sino que son uno de los programas más longevos de la historia (más de 30 años) por lo que hacen parte del inconsciente colectivo”, dice Luis Fernando Medina, profesor de la facultad de Artes de la Universidad Nacional de Bogotá, que como parte de su curso Hipermedia dicta un módulo de creación de memes.

El administrador de Colombia Simpson, una cuenta que a diario postea memes de Los Simpson sobre política, deportes, celebridades y, a veces, el clima, dice que que tanto él como sus 79 mil seguidores en Twitter e Instagram han “interiorizado” diálogos y escenas completas de la serie.

“Así ellos hayan sido pensados para la sociedad americana, nosotros nos vemos reflejados en ellos, ya hacen parte de nuestra cultura popular”, comenta el administrador de Colombia Simpson, quien tiene la página hace dos años y recientemente lanzó un podcast sobre la serie.

Matt Groening, padre de toda esa gente amarilla, se refirió alguna vez a la afinidad especial entre los latinos y Los Simpson. Lo hizo en una galería de arte de Buenos Aires una noche de octubre de 2009. Groening se encontraba en el país con su novia, una artista argentina que exponía en esa ocasión, y concedió una entrevista a un reportero de Viva, la revista dominical del diario Clarín. Consultado sobre el éxito de la serie en países donde no hay ningún lugar llamado Springfield, el americano contestó: “Los Simpson son un esfuerzo grupal hecho en colaboración por un montón de personas que proyectan asuntos familiares propios. Resultó que gente de todo el mundo encontró patrones humanos universales en eso”.

Unas líneas más abajo Groening aseguró que, fuera del mundo anglo, Argentina era el país donde el programa era más popular. Ahí la serie comenzó a transmitirse en febrero del 91, poco más de un año después de su estreno en Estados Unidos, y sigue siendo el “relleno” favorito de la televisora Telefe, una de las más grandes. A Chile llegó seis meses después. En Colombia los Simpson aparecieron en señal abierta (y fueron motivo de escándalo) desde el 92. Ese mismo año llegaron a Ecuador, y en todo el continente, salvo en Venezuela donde fueron eliminados en 2008 por orden del gobierno, la caricatura se mantuvo al aire durante al menos dos décadas.

En su primera venida, Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie atinaron a la sensibilidad de una audiencia que se veía reflejada en esos personajes imperfectos atrapados en situaciones exageradas (y también a los presupuestos de sus canales).

En América Latina algo hizo click con más fuerza que en otras partes del mundo. En Japón —polo opuesto material y espiritual de nuestro continente—, los Simpson no tuvieron el mismo pegue, según recordó el mismo Groening esa noche en que acompañaba a la artista porteña.

Para Medina, la “exploración de varias temáticas que a lo largo de 30 años tuvo el programa le dan gran adaptabilidad” a casi cualquier situación. Ese status de enciclopedia de referencias que Los Simpson alcanzaron en sus retransmisiones se ha convertido en la clave de su segunda venida: como meme, Los Simpson le sirven igual a Jhon, que quiere hablar de todo y a todos, y al admin de La Casaca, un blog de camisetas de futbol que ignora casi todas las cosas que existen en el mundo, salvo aquellas que se ajustan al torso de los futbolistas profesionales (y el cambio del dólar en la Argentina).

A veces, en lugar de reseñar una camiseta con palabras, el admin echa mano de la plataforma frinkiac.com, que transforma cualquier escena de cualquier capítulo de Los Simpson en una plantilla descargable, y lo resuelve con un meme.

“Sirven muy bien para explicar muchas situaciones cotidianas y poder representar los sentimientos que generan (…) con un grado de humor y acidez”, asegura el hombre argentino de 35 años que está detrás del blog.

Su meme preferido, uno en el que Waylon Smithers grita “¡pero el sombrero es nuevo!” durante el lanzamiento de un modelo de muñeca que en realidad no tiene mucho de novedoso, refleja una situación a la que también se han enfrentado los nerds de los videojuegos y de la política mexicana.

A pesar de ser nichos muy distintos, todos vieron en algún momento de sus vidas algún capítulo de Los Simpson. Y si nunca lo hicieron ya han consumido el equivalente a varias temporadas en memes.

Medina dice que hay partes de este mundo de humanoides con cuatro dedos por mano que ya superan el status de meme: “Es más como un metameme, esto de que los Simpson predicen cosas (como lo de la presidencia de Trump). Es chistoso porque creo que hasta terminaron prediciendo lo que terminaría pasando con ellos”.

El profesor se refiere a una secuencia sacada de un episodio de la séptima temporada. Milhouse Van Houten le muestra a Bart Simpson varias monedas de plástico con la cara del Alf, el personaje extraterrestre que protagonizó una comedia que ya estaba algo pasada de moda para ese entonces, y le dice “¿Te acuerdas de Alf? ¡Volvió! En forma de fichas”.

“Yo creo que algo así terminó pasándole a Los Simpson” —dice Medina— “¡Volvieron! En forma de memes”.

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