Muchas veces me han preguntado qué parámetros se deben considerar para saber si un libro es bueno o malo. Antes de haber aventurado cualquier clase de respuesta, suele aparecerse algún defensor de la subjetividad a ultranza. Su argumento es conocido: “si a mí me gusta, entonces es bueno”. Si bien entiendo su postura, no puedo compartirla del todo. Esto podrá parecer extraño si partimos del título de esta columna. Sin embargo, la intención es diferente. Aquí me ocupo de recomendar en base a mis gustos que, como todos, resultan subjetivos. No pretendo, sería grave hacerlo, convertirme en el parámetro de la calidad.

Disiento, también, porque considero existen muchos parámetros válidos. La salida de este personaje es tan cierta como falsa. Si a él le basta su gusto para calificar la literatura no puedo sino felicitarlo. Sin embargo, en cuanto traslado su categórica afirmación a otros campos, termina desmoronándose. Así, puedo sostener que mi coche predilecto es una carcachita que apenas puede arrancar, es incómoda, va lento y contamina mucho, por no decir que consume mucha gasolina. Me ha tocado ver al sujeto en cuestión ofendido, lanzando imprecaciones por doquier. Enfadado se va sólo porque me permití legitimizar sus propias formas de evaluación en mi persona.

Así pues, sigo convencido de la existencia de parámetros y, también, de subjetividades. Porque esa misma carcachita podría significarme mucho en tanto fue el primer coche que manejé o porque me lo heredó mi abuelito. El melodrama también forma parte de nuestros gustos. Al margen de ello, soy capaz de reconocer que hay cientos de automóviles de mejor manufactura. Y es ahí donde entran los parámetros ya mencionados. En síntesis, nos pueden gustar muchas cosas que no son buenas y disgustar otras que lo son. La clave, quizá, es saber distinguir las diferencias.

Este tema ha sido recurrente cuando se habla de libros. Más aún, las editoriales funcionan a partir de ciertas premisas. Entre ellas está la que habla de la dictaminación de originales. Un grupo de expertos o el editor mismo se encarga de leer los originales que le llegan, evaluarlos a partir de sus propios parámetros y decidir en consecuencia. Son muchos y muy sonados los casos autores que fueron rechazados en un primer momento para luego, gracias a una suerte de revancha prodigiosa, volverse grandes autores o grandes vendedores de libros.

La siguiente lista agrupa, entonces, a una decena de famosos autores o libros rechazados. Son el doble de lo que acostumbro y, como en estos casos, a cambio de la cantidad sacrifico los comentarios para cada uno de ellos. Sucede que no quise dejar fuera algunos libros que considero indispensables. Además, mucho se sabe de las novelas abajo citadas.

laberinto_soledadCien años de soledad

Tanto se ha hablado de esta novela de Gabriel García Márquez que poco se puede agregar. Tal vez, baste decir que no sólo se convirtió en una de las obras maestras del siglo pasado sino que, también, se convirtió en un éxito editorial con pocos precedentes. De ahí que el rechazo haya pesado tanto en el campo de lo literario como en el de lo económico.

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tiempo_perdidoEn busca del tiempo perdido

Es cierto, son pocas las personas que pueden presumir de haber leído los siete tomos de corrido. Aun cuando la prosa de Marcel Proust es fascinante y el manejo de los tiempos sirve como punto de partida para entender la temporalidad literaria, también puede ser visto como un libro moroso, lento, sin la contundencia de una intriga poderosa.

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bajo_volcanBajo el volcán

A Malcolm Lowry no sólo le rechazaron una docena de veces la novela. Se cuenta que también perdió el primer original de su novela y que tuvo que rehacerla por completo. Si a ello le sumamos su alcoholismo, es una fortuna que su libro esté entre nosotros.

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conjura_neciosLa conjura de los necios

Hay autores tan susceptibles a lo que se piensa de su obra que son capaces de caer en profundas depresiones. Tal es el caso de John Kennedy Toole quien, tras ser rechazado, terminó suicidándose. Si podemos acceder a su novela es gracias al empecinamiento de su madre.

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ciudad_perrosLa ciudad y los perros

Los primeros dictámenes fueron negativos. Además, la novela de Mario Vargas Llosa tenía otro nombre. Sin embargo, eso no basta para justificar el rechazo de una de las obras cumbres de la literatura latinoamericana.

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nombres_aireLos nombres del aire

En nuestro país también se dan rechazos injustificados. Sin embargo, el tesón de Alberto Ruy Sánchez, sumado a la peculiaridad de su prosa y a la seducción que provoca ha conseguido que la novela se vuelva un long seller incuestionable.

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lolitaLolita

En ocasiones, las razones del rechazo van más allá de lo literario. Si el editor piensa que su público podría escandalizarse porque la novela –como es el caso de la de Valdimir Nabokov– se adentra en los terrenos del tabú es muy probable que la rechace. Claro que, para esgrimir un argumento así, tiene que erigirse como una autoridad en el terreno de la moral. Algo que no le corresponde.

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dublinesesDublineses

La tozudez de James Joyce es lo que le permitió soportar más de una veintena de rechazos. Y pensar que, en este libro, se encuentran grandes cuentos que es fácil sumar a la enormidad de Ulises.

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zen_arteZen y el arte de la mantención de la motocicleta

Es probable que este libro haya acumulado la mayor cantidad de rechazos (más de 100). Hoy en día, sin embargo, la novela de Robert Pirsig ha sido traducida a una gran cantidad de idiomas y se han tirado varios millones de ejemplares de la misma.

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harry_potterHarry Potter

Fueron cerca de 10 editoriales las que rechazaron el manuscrito de J. K. Rowling. Tal vez, ignorando el enorme potencial de la novela, a la enorme cantidad de posibles lectores. Quizá, demeritando la calidad literaria bajo el pretexto de la literatura fantástica. Sea como fuere, una mala elección por donde se le vea.

 

 

 

A veces cometemos errores que no nos afectan demasiado o por los que nos lamentamos unos cuantos días. En algunos de los casos antes presentados, es probable que quien rechazó los libros no haya dejado de lamentarse durante años. Intentar descubrir las razones de estos rechazos bien podría dar para una novela. Sin embargo, lo cierto es que, si se leyeron los originales, algo pasó con quien dictaminó. Ya sea que confió demasiado en sus apreciaciones estáticas, ya que sus parámetros estaban mal definidos (claro que hablar a posteriori siempre es sencillo). Lo venturoso del caso es que se hayan publicado estos libros. Lo desafortunado es que, quizá, otros autores con menor templanza, se sintieron derrotados ante una carta de rechazo. Ojalá no hayan sido demasiados.