En la medida de lo posible y con escasos recursos y apoyos intentamos llevar una voz crítica al proceso electoral, aprovechando la oportunidad que brindan las campañas de escuchar propuestas y aquilatar alternativas. Foto: IEE Chihuahua.

El 2 de diciembre de 2020 presenté ante el Instituto Estatal Electoral de Chihuahua una solicitud para convertirme en candidato independiente a la gubernatura del estado. Sabía de las dificultades de esa empresa y estaba convencido de la vieja tesis de que las constituciones suelen otorgar derechos pero no garantizarlos para su realización.

Para llegar a la solicitud, el equipo que me apoyó tuvo que sortear infinidad de requisitos, empezando por la fundación de una asociación civil cuya denominación autoriza lenta y burocráticamente una secretaría en la Ciudad de México; aperturar una cuenta bancaria para la cual las instituciones de crédito están indispuestas; declarar a detalle mi patrimonio, mis ingresos, todos los requisitos fiscales, declaración de conflicto de intereses, entre otros.

Empecé con el pie izquierdo: ningún banco abría cuentas a las asociaciones civiles con propósitos políticos y diligentes lo expresaron de tal manera que pude explicar que realicé la gestión en tiempo y forma, pero nunca llegó de manera oportuna. Se litigó el caso y a la postre, con retraso, el Tribunal Electoral local subsanó la decisión del órgano administrativo que había negado mi solicitud.

Ese retraso tuvo un efecto desorganizador y ahuyentó potenciales patrocinadores, que ante el escándalo de la negativa se replegaron. Sobra decir que iban a aportar de manera honrada y transparente. Fue así que iniciamos un 28 de diciembre los cuarenta días concedidos para la recolección de 85 mil firmas, que obligadamente se tenían que captar en 45 municipios, en un estado de 250 mil kilómetros cuadrados. Tarea que fijada con legalidad constitucionalmente establece una desproporción en tiempos ordinarios, que no fueron los extraordinarios que se han vivido en el país desde que se decretó la pandemia.

Dispusimos un modesto aparato recolector en búsqueda de los apoyos. Empero encontramos una sociedad ausente, reticente a la política en un momento de festividades navideñas, de fin de año, con un invierno excepcionalmente frío y días más cortos. En pocas palabras, una realidad adversa y prácticamente inabordable. Las aplicaciones que el INE abrió para captar firmas a través de aparatos móviles, de entrada no permitieron el registro a un buen segmento de credenciales “antiguas” pero vigentes, y en promedio, quien deseaba votar en su casa no pudo hacerlo por las fallas presentadas y debido a la escasa facilidad para su manejo.

Cuando el apoyo se buscó mediante promotores directos, nos encontramos con la renuencia de los ciudadanos a facilitar sus credenciales por el temor al contagio de la COVID-19, pero sobre todo por el miedo a quedar registrados en alguna base de datos y sufrir represalias para no percibir apoyos asistenciales de los diversos niveles de gobierno y sus partidos.

La pandemia fue nuestro principal adversario. Lo podemos decir ahora, después de haber recorrido toda la experiencia.

Con escaso número de firmas, pedimos al IEE, con apoyo en el artículo primero de la Constitución General de la República, que establece la supremacía de los derechos humanos, entre ellos el de votar y ser votados, la inaplicación del requisito desproporcionado del número de firmas, apelando a la progresividad, evolución y principio pro persona, y se nos negó. Impugnamos el resolutivo y el TEE dejó firme la decisión y, como última instancia, acudimos al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Final y concluyentemente este órgano me negó el pasado 14 de abril, sin la prontitud que se proclama, ya que las campañas iniciaron desde el día 4 del mismo mes, la posibilidad de ser candidato independiente y ciudadano a la gubernatura del estado de Chihuahua. No le merecimos al Tribunal ningún debate sobre los argumentos principales. Los sofocaron con su silencio.

En la medida de lo posible y con escasos recursos y apoyos intentamos llevar una voz crítica al proceso electoral, aprovechando la oportunidad que brindan las campañas de escuchar propuestas y aquilatar alternativas. No estimo que este percance judicial, que desechó argumentos válidos y sólidos, constituya una derrota moral o política. Sé de cierto que habrá que continuar en la primera línea, batallando por avanzar en la realización de una democracia avanzada y plena en la medida de lo posible.

No quiero omitir que tenemos un proyecto político para hacer valer en la lucha por un Chihuahua nuevo, que no está presente en la grisura de las campañas actuales, manchadas como nunca por el mercadeo de las posiciones, la simulación de identidades, el dedazo y el trasiego descarado de un partido a otro sin explicaciones públicas, sin peso ni significación para la sociedad en general. Hoy existen muchos partidos pero nulas contribuciones a la democracia real, que se niega todos los días con medios de comunicación cuyos intereses corren en paralelo de la partidocracia que los nutre.

Asistimos a un momento en el que Chihuahua está atrapado en un falso dilema: optar por un panismo tocado por la corrupción del duartismo y al que se le apuesta como vehículo para derrotar al partido Morena, que a su vez significa el intento de extender al territorio del estado una hegemonía sedienta de autoritarismo. Moverse entre esos dos polos, como exclusivos e inevitables, será labrar el futuro perjuicio de la vida de los chihuahuenses.

Como soy un convencido de que esto no deber ser así, y previendo la nula voluntad política para acrecentar la participación democrática, ofrecí la posibilidad de competir como candidato no registrado a ese cargo. Con el equipo que me respalda, discutiré y tomaré la decisión, respetando el acuerdo que al final se adopte al respecto. Empero, continuaré, como hace más de cincuenta años, en las batallas que hoy son imprescindibles e irrenunciables.

No puedo terminar estas líneas sin agradecer a quienes me apoyaron y tuvieron confianza en mi propuesta; en primer lugar a las y los ciudadanos que me ofrecieron sus firmas; luego a quienes las gestionaron en medio de la adversidad que representa la pandemia, y finalmente, sin ser los últimos, a los brillantes y generosos abogados que patrocinaron mi causa ante los órganos electorales y los tribunales.

Como en otros momentos, digo “sin embargo”, y continúo hacia adelante.