Los animales polinizadores son importantes para la producción de alimentos. Foto: Cuartoscuro

Los animales polinizadores son importantes para la producción de alimentos. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 19 de mayo (SinEmbargo).– El declive que los insectos polinizadores han tenido en años recientes es un problema preocupante, dado que más de la tercera parte de la producción de alimentos en el mundo y cerca del 90 por ciento de la flora silvestre depende de la polinización de insectos, de acuerdo con un informe que la oficina en España de la organización ambientalista Greenpeace presentó este mes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés) define la polinización como el intercambio de polen entre las flores cuyo objetivo es la reproducción. Es decir, el proceso por el cual el polen es transferido de los órganos masculinos de las flores (estambres) a los órganos femeninos (pistilos), lo que permite la fecundación y da lugar a la generación de frutos y semillas.

La polinización no sólo es importante porque de ella dependa, en gran medida, la biodiversidad del planeta y la seguridad alimentaria, sino también porque aumenta la productividad y calidad de los cultivos que dependen de ella. Además, como reduce el tiempo entre la floración y la formación de frutos, disminuye el riesgo de exponer la fruta a plagas, enfermedades, mal tiempo y productos agroquímicos, señala el informe de Greenpeace España, llamado Alimentos bajo amenaza. Valor económico de la polinización y vulnerabilidad de la agricultura española ante el declive de las abejas y otros polinizadores.

Aunque el documento enfoca su análisis en el caso de España y sus comunidades autónomas, aporta datos que ilustran la importancia de los polinizadores para todo el continente europeo: el 84 por ciento de sus 264 principales cultivos depende, en mayor o menor medida, de la polinización por insectos y más de 4 mil variedades vegetales existen gracias a la polinización de las abejas.

Tan sólo en Europa, el beneficio económico que los polinizadores aportan a la agricultura se estima en 22 mil millones de euros anuales (388 mil 960 millones de pesos). A nivel mundial, el provecho económico de los polinizadores llega a los 265 mil millones de euros por año (4 billones 685 mil 200 millones de pesos), de acuerdo con la organización ambientalista.

Según la FAO, los polinizadores animales incrementan 87 por ciento la producción de los principales cultivos en el mundo. No es un tema menor para México, si se considera que en el 40 por ciento de las tierras cultivables en América Latina, África y Asia se siembran cultivos que dependen de los polinizadores animales.

DECLIVE MUNDIAL DE POLINIZADORES

La presencia de abejas es necesaria para la producción de alimentos. Foto: EFE

La presencia de abejas es necesaria para la producción de alimentos. Foto: EFE

Existen tres tipos de polinización: anemófila (por viento), hidrófila (por agua) y animal. Ésta última es la más importante de las tres, ya que, como señala el informe de Greenpeace, nueve de cada 10 flores silvestres y más de un tercio de la producción mundial de alimentos dependen de ella.

El trabajo de polinización se atribuye principalmente a los insectos y especialmente a las especies del orden Hymenoptera, en donde se encuentran las abejas, los abejorros, las avispas y las hormigas, con 200 mil especies polinizadoras. Aunque las moscas, mariposas, polillas o escarabajos también hacen un trabajo de polinización, su participación no es tan destacada como la de los primeros, de acuerdo con Greenpeace.

Dentro de los polinizadores animales, las abejas (especialmente las productoras de miel) tienen un papel destacado en el proceso de transferencia, pues sólo se alimentan de néctar y polen y su cuerpo peloso favorece que el polen se quede retenido.

Por ello es que el declive que estos polinizadores han tenido en años recientes ha sido motivo de preocupación a nivel mundial.

De acuerdo con la FAO, todos los continentes (excepto la Antártida) han registrado reducciones de polinizadores en al menos un país o región. El caso más conocido es el de la espontánea desaparición de abejas melíferas que se registró en 2006 en Estados Unidos, y que luego se replicó en países de Europa, conocido como Desorden del Colapso de la Colonia (CCD por su sigla en inglés).

El fenómeno del CCD tuvo su punto álgido entre 2006 y 2007, con pérdidas de hasta el 90 por ciento de la población de las abejas melíferas en Estados Unidos, de acuerdo con el Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por su sigla en inglés). Se trata de un problema que aún persiste sin que hasta ahora se hayan descubierto las causas de esa inusual y veloz desaparición.

En el documento Evaluación rápida de la situación de los polinizadores, la FAO da cuenta de otros casos de pérdida de abejas polinizadoras, como la reducción de 15 a 30 por ciento de abejas melíferas registrada en localidades de Italia, Francia, Austria, Alemania, Países Bajos, Suecia y Hungría entre 1985 y 2005.
Otras especies que ha reducido su población son la abeja del Himalaya, considerada la abeja melífera más larga del mundo; los abejorros en Gran Bretaña, Bélgica y el este de Alemania; y las especies nativas de abejas solitarias de Alemania y Gran Bretaña.

En el caso de México, la FAO reporta la reducción de las llamadas “abejas sin aguijón”, en la zona maya de Quintana Roo. Entre las razones que el organismo internacional encuentra para explicar la disminución de esta especie de meliponinos, que tienen un aguijón muy pequeño que no les sirve para defenderse, están la deforestación, la introducción de la abeja africana, daños provocados por los huracanes, la falta de incentivos económicos para los apicultores tradicionales, y el fracaso de una formación adecuada de nuevos apicultores.

PESTICIDAS, ENTRE LAS POSIBLES CAUSAS

La FAO asegura que a pesar de que se han podido documentar casos de reducción de polinizadores, es muy difícil determinar si todas esas pérdidas o amenazas de pérdidas son atribuibles a las actividades humanas y, aún más, definir cuáles son esas acciones. Según la FAO, esta dificultad se debe a la dispersión inherente de los polinizadores, que hace que su población varíe mucho.

El informe de Greenpeace señala que la complejidad de los factores que amenazan a los polinizadores es muy vasta y poco se sabe de ella; no obstante, enumera entre las posibles causas de su declive la pérdida de hábitats naturales, las prácticas actuales en la agricultura, el uso de plaguicidas, los impactos del cambio climático, parásitos y enfermedades, y las especies vegetales y animales invasoras. Estos factores pueden actuar de forma aislada o conjunta, lo que complejiza más el análisis sobre la reducción de los polinizadores.

No obstante, Greenpeace afirma que la utilización masiva de pesticidas en la agricultura está influyendo gravemente en las poblaciones de insectos polinizadores.

“El daño potencial de estos pesticidas excede en mucho el potencial beneficio de una mayor productividad agrícola”, señala en su informe.

La USDA sostiene que no hay evidencia que sustente esta hipótesis.

Sin embargo, dada su posible relación con el declive de las abejas, en 2013 la Unión Europea (UE) restringió el uso de tres plaguicidas pertenecientes a la familia de los neonicotinoides: clotianidina, imidacloprid y tiametoxam.

Para Greenpeace se trató de una respuesta tardía, ya que desde 1994 los apicultores franceses habían denunciado “efectos alarmantes” en las abejas que estaban expuestas a un insecticida neonicotinoide, cuya característica es que actúan en el sistema nervioso central de los insectos.

Greenpeace señala, además, que se trata de la única acción directa que la UE ha emprendido para proteger a las abejas y otros polinizadores.