Lady, lord, gentleman… términos anglosajones de alcurnia y alta clase inspiradores de respeto. Títulos nobiliarios que en México se convirtieron en sinónimo de prepotencia e implican ahora pertenecer a la más baja de las jerarquías morales. Para expertos en comunicación, los ciudadanos han llenado con las redes sociales el vacío que las autoridades no son capaces de ocupar; la psicología señala que pueden ser personas francamente enfermas, mientras que sociólogos consultados dicen que no son más que el producto de la descomposición social que el país arrastra desde hace años.

“Órale, ¿qué? ¿te sientes muy chingón?”, “Conmigo no vas a poder… Conmigo no te metas hijo de la chingada”, “Soy tu representante en la tribuna más alta del país”, “Es imposible que alguien coma dos chiles en nogada”, “Te voy a hacer algo, me estás grabando pendejo”, “No me toques cabrón, ni se te ocurra porque soy familiar de Alfa 3 y te vas a quedar en la calle”…

La autonombrada "lady de la del Valle" chocó contra una al conducir en estado de ebriedad e insultó a autoridades y medios de comunicación. Foto: Cuartoscuro

La autonombrada “lady de la del Valle” chocó contra una al conducir en estado de ebriedad e insultó a autoridades y medios de comunicación. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 19 de junio (SinEmbargo).- Funcionarios públicos ebrios, personajes aparentemente influyentes haciendo gala de ello o sólo el vecino que tira la basura en la calle, son los nuevos rostros de la prepotencia que una ciudad estresada y un país entero bajo presión provoca, graba, exhibe y reproduce hasta que un nuevo personaje roba su atención, ¿son estas ladies and gentlemen sólo víctimas de la tecnología?

“Es una mezcla de factores, por un lado tenemos una sociedad tipo Big Brother en donde de casi todo lo que hacemos va quedando registro, con la particularidad de que no es necesariamente el Estado o el gobierno el que nos vigila, sino que nosotros mismos a través de los celulares tenemos la posibilidad de grabar lo que nos encontramos en nuestro camino.

Esta omnipresencia de las grabadoras, lentes, cámaras se combina con una necesidad de una especie de sanción social que en muchas ocasiones suple otro tipo de sanción legal o formal, pero que convierte las redes sociales en tribunales con la capacidad de tener información, juzgar y sentenciar en segundos. Es una mezcla de lo tecnológico con lo cultural lo que produce estos fenómenos”, explica Mario Campos, académico en comunicación de la Universidad Iberoamericana a SinEmbargo.

El fenómeno comenzó en 2011 con un trío de mujeres en estado de ebriedad que causó un escándalo en la zona de Polanco, en la Ciudad de México; prosiguió con el empresario Miguel Sacal agrediendo física y verbalmente a un empleado en un edificio de Las Lomas. Tuvo uno de sus momentos más bajos con la “Lady de la Roma”, quien continúa presa por el homicidio de una mujer a quien atropelló con su Porshe.

Hoy en día, cinco años después de aquella primera exhibición, continúa con la muestra de “ladies”, “lords” y “juniors” que dejan plasmados en video su abuso de autoridad, sus palabras discriminatorias, sus malos pasos y, casi siempre, sus altos niveles de violencia.

LAS REDES SOCIALES COMO JUZGADOS

Para el también politólogo, la grabación de este tipo de videos puede ser una herramienta de denuncia social si se usa de manera adecuada. “Si bien a veces permite acreditar conductas que deben de ser castigadas, como un caso de maltrato animal o uno de evidente corrupción, también pueden conducir a errores y a linchamientos en las redes sociales que pueden ser muy peligrosos porque en la difusión de la información muchas veces se presenta un fragmento de una historia sin contexto”, dice.

Para lograr este uso correcto es importante tener criterio tanto como productor de contenido, como consumidor y retransmisor. “Cuando nosotros emitimos contenido hay que cuidar no vulnerar los derechos de otras personas en la defensa de un caso o una denuncia, tratar de no desvirtuar o sacar de contexto y sobre todo como consumidores de información, ser crítico de todo aquello que se nos atraviesa en las redes sociales, así sea información que genera un medio o un usuario. Las redes sociales de hoy demandan que nos volvamos consumidores más cuidadosos y entender la responsabilidad que tengo a la hora de compartir ese contenido con los que me siguen, no importa si son 100 mil o cinco personas, yo soy corresponsable del contenido que están viendo”, continúa.

Sin embargo, Campos aclara que cualquier sistema de denuncia social no debería reemplazar otro tipo de espacios para la sanción, “si una persona está cometiendo un acto de corrupción y es grabada y exhibida, está bien, pero también tendría que ser sancionada por las instituciones que les corresponde. El riesgo es que nos quedemos en el desahogo y en la expresión de un estado de ánimo pero sin mayores consecuencias y eso puede ser contraproducente”.

UNA SOCIEDAD DESCOMPUESTA

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En casos recientes se ha observado que la línea de la prepotencia se cruza cuando estos “caballeros” mandan a su equipo de seguridad a hacer el trabajo sucio, y tal como con “Lord Ferrari” y “Lord Rolls Royce”, los automovilistas de coches lujosos envían a sus guaruras a reprender a quienes se cruzan en su camino.

Para Óscar Galicia, del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, este tipo de manifestaciones pueden ser el resultado de la descomposición social, un término – según dice – generalmente malentendido.

“Perdimos la capacidad para controlarnos y comunicar nuestra forma de convivencia social de manera adecuada”, dice.

Explica a este medio que esta descomposición viene de un fenómeno ocurrido a través de varias generaciones y a lo largo de los años, debido, entre otros factores, al “profundo cambio económico” ocurrido en el país, que orillo a prácticamente todos los miembros productivos de un hogar a trabajar. “Uno de los campos más descobijados fue la crianza, en ese sentido, tenemos a una gran cantidad de mamás que se van a integrar al mundo laboral y que todos estos chiquitos que anteriormente eran educados por ella, porque México nunca se ha caracterizado por que los papás le entren como corresponde a la crianza, tuvieron que pasar por condiciones en las cuales ya no estaban bajo el cuidado materno directo, entonces ¿quién cuidó a los niños?, en el mejor de los casos los abuelos, la tía, el vecino.

Uno de los problemas que trajo esto es que en muchos casos estos niños cayeron en situaciones prácticamente de abandono, y esta situación se vio agravada en los estados más pobres, entonces tenemos a una serie de niños que crecieron sin la supervisión parental y aprendieron donde pudieron a comportarse socialmente y a veces esta falta de supervisión los llevó a alejarse de las escuelas, de la educación y de las normas sociales”.

El también doctor en Investigación Biomédica por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señala que esa descomposición social se puede observar en lo que actualmente vivimos, “lo vemos por ejemplo en una bola de sujetos muy descontrolados casi a nivel sociopático, en donde no se dan cuenta de su capacidad destructiva o que lo que están haciendo es profundamente antisocial, porque nadie se los enseñó, o claramente tienen problemas de personalidad […] se vuelven un tópico y eso las hace mucho más evidentes y notorias socialmente, no quiere decir que sean mucho más ni que sean más frecuentes sino que claramente las podemos apreciar de manera más fácil, pero son ambos fenómenos”.

LOS 15 MINUTOS DE FAMA

Los memes son parte de las reacciones a estos personajes. Imagen: Twitter

Los memes son parte de las reacciones a estos personajes. Imagen: Twitter

“Lady 100 pesos organiza firma de autógrafos”, “Las fotos más hot de #Lady100pesos” fueron titulares que se publicaron días después de que el video de Lorena Aguirre siendo detenida en estado de ebriedad por las autoridades de Guanajuato se hiciera viral. Mientras que la joven se negó a reconocer estos actos públicos, los usuarios de redes sociales habían creado ya fan pages y las notas con datos y fotografías personales de la nueva Lady registraban miles de likes.

El experto Mario Campos señala a los medios de comunicación como una parte responsable de estos sucesos: “Alguien decía hace poco que vivimos tiempos extraños en los que las celebridades hacen hasta lo imposible por ser reconocidos como personas normales y las personas normales hacen lo imposible por ser tratadas como celebridades. Claramente estamos viendo este fenómeno de las celebridades exprés que de pronto captan la atención, y que así como llegan la mayor parte de ellas se va, desde el FUA hasta la Lady 100 pesos, y creo que a veces los medios en el afán de tener clicks o de asegurar tráfico para su notas pueden amplificar contenido que sí genera interés pero que aporta muy poco”.

Menciona que hay que ser cuidadosos de no exaltar conductas indebidas y no dejarse llevar por el deseo de ser parte de la gran conversación. “Es un recurso comprensible pero la pregunta es ¿cómo presento la información? y si el medio a la hora de publicarlo aporta algún tipo de valor adicional, si te da contexto y te dice cuántos casos similares se han presentado, si dice cuál es el marco legal o institucional de ese caso, si da algún tipo de seguimiento, si solamente se queda en reproducir lo que ya están en la red me parece que está perdiendo el sentido de lo que un medio tendría que aportar porque lo otro ya los están haciendo las mismas redes”.

UN LLAMADO A LA CAUTELA

Para el maestro Salvador Arciga, del departamento de sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el aumento de estos casos registrados en video se debe a una mezcla de factores, por una parte –dice– “cada vez somos más intolerantes, asumimos que tenemos más derechos y más posibilidades de demandar y esto hace que nos volvamos más intolerantes con la gente en términos comunes, porque ahora la gente ya no está acostumbrada a convivir con los otros”.

Por el otro lado, el acceso a las nuevas tecnologías es cada vez mayor, y un hecho que antes era atestiguado por un grupo reducido de personas, puede llegar ahora a millones de ellas.

“Antes uno podía explotar, estar muy borracho o hacer el ridículo, y ese ridículo se quedaba en un cierto ámbito, podrían enterarse 10, 20 personas pero si lo comienzan a grabar se queda para el tiempo y se convierte en trending topic”, dice a SinEmbargo.

Así, han surgido casos de vengadores ciudadanos que con capa y cámara en mano salen a grabar a los rompereglas, o hasta autoridades capitalinas que vía streaming cazan a los vecinos más desobligados con las manos en la masa, pero ¿en dónde termina entonces el derecho a no ser grabado?

“Las figuras públicas tienen que estar conscientes de que sus actos tienen consecuencias y que es un hecho que hoy estamos todos expuestos, pero particularmente aquellos que tienen alguna responsabilidad social, política o administrativa, tienen que ser cuidadosos de su actuación pública. Lo importante es la actuación pública con efectos públicos, sí hay una línea que tenemos que pelear, que es la de la vida privada y no cruzarla porque perdemos todos”, dice Mario Campos.

Tal es el caso de Arne aus den Ruthen, city manager de la delegación Miguel Hidalgo, a quien se le atribuyen quejas ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) por “actos presuntamente violatorios de los derechos humanos a la seguridad jurídica, a la honra y a la protección de la imagen”.

Al respecto, el experto dice que “no es lo mismo que entre los ciudadanos hagamos uso de esta herramienta a cuando lo hace una autoridad que por ley debe de tener bien especificadas cuáles son las atribuciones que tiene, existe este principio legal que las autoridades sólo pueden hacer aquello que tienen permitido y los ciudadanos podemos hacer todo siempre y cuando no esté prohibido, en su caso obedece a una lógica distinta a los casos de denuncia entre la propia ciudadanía”.

Entonces, ¿entre ciudadanos podemos grabarnos, pero jamás nos haremos daño?

“En sentido estricto, si tú estás en un espacio público estás expuesto y estás haciendo una conducta que tienen algún tipo de impacto público, como tirar basura o un acto de corrupción, puede haber un interés. Hay también otras cosas que tomar en cuenta, como si se trata de menores de edad o si hay personas que son objeto de algún tipo de maltrato o abuso y que a veces al grabar o difundir ese material se le revictimiza”, dice Campos.

“El tema tiene muchas aristas que deberíamos tomar en cuenta porque aunque puede parecer muy tentadora la idea de un gran tribunal donde todos podemos emitir sanciones, tenemos que ser cautos con eso, porque o lo entendemos desde ahora o lo entenderemos el día que nos toque a nosotros estar bajo el reflector, y entonces quizá empecemos a hacernos preguntas que a lo mejor hoy no tenemos en el radar”, finaliza.