México
PERIÓDICO CENTRAL

Un mes después del sismo, los pueblos más pobres de Puebla viven en la zozobra y el olvido

19/10/2017 - 2:00 pm

Hoy se cumple un mes del sismo de 7.1 que sacudió al país. En las comunidades más pobres de Puebla las casas siguen en ruinas, los voluntarios han dejado de llegar y la ayuda que en los primeros días atascó a las comunidades hoy escasea.

Cuatro comunidades de Puebla tienen el aspecto de “pueblos fantasma”. Por sus calles solamente deambulan los pobladores que viven en la zozobra de que les ayuden a reconstruir sus casas o, por lo menos, les den material de construcción para poder levantarlas ellos mismos.

Por Osvaldo Macui,  Yonadab Cabrera, Esteban de Jesús y Jesús Viñas

Puebla/Ciudad de México, 19 de octubre (PeriódicoCentral/SinEmbargo).- Poco a poco, y conforme pasan los días, los habitantes de Tochimilco, Jolalpan y Chiautla de Tapia, en Puebla, ven cada vez más lejana la reconstrucción de sus casas tras el terremoto del 19 de septiembre, que dejó a estas comunidades en escombros. La queja es la misma: “nos abandonaron”.

Los habitantes de Pilcaya, en Chautla de Tapia, así como los de Alpanocan y Santa Cruz, en Tochimilco, y los de Santa Anta Tamazola, en Jolapan, coinciden en que la semana del sismo de 7.1 los gobiernos federal y estatal fueron a visitarlos, levantaron el censo de sus viviendas y luego desaparecieron. No han regresado a estas poblaciones, ya no hay apoyos ni voluntarios y la gente sigue viviendo en casas de campaña instaladas en los patios de lo que eran sus hogares.

TOCHIMILCO

Alpanocan se ubica a las faldas del volcán Popocatépetl, entre los límites de Puebla y Morelos. Es junta auxiliar de Tochimilco y en esta población que se dedica al campo, el 90 por ciento de las viviendas sigue en los escombros, la gente que vive aquí continúa haciendo labores de limpieza, pero, además, la mayoría de los apoyos se quedan en la cabecera municipal.

La llegada de voluntarios y el frenesí de entrega de víveres de los primeros días han quedado en el recuerdo, pues en los caminos de Alpanocan sólo se observa a los pobladores caminando por sus calles y entre los escombros. La gente de esta comunidad está a la espera de que se reconstruyan sus viviendas.

Valeriano Vidal relató al medio local Periódico Central que desde el temblor no ha podido llevar el sustento diario a su casa, pues el fenómeno natural tiró su horno de pan que estaba hecho de adobe, por tal motivo no ha podido salir a vender su producto como hacía antes del 19 de septiembre.

Valeriano, quien mostraba una sonrisa de esperanza, contó que apenas les alcanza para comer y que han tenido que acudir a comedores comunitarios a pedir “algún bocado” para cenar por la noche.

En cambio, Marcelina Sánchez se apena porque entren a la casa de campaña donde vive desde hace un mes, pues “está todo tirado”.

La mujer relató que el sismo tiró el cuarto donde habitaban su esposo, sus hijas y ella. Dijo que aunque las casas de campaña les han ayudado a pasar la noche, pidieron a la autoridad aclarar cuándo iniciarán con la reconstrucción de casas.

Comentó que aunque su casa ya fue censada, la autoridad le dijo que no era seguro que su vivienda fuera de las primeras en reconstruirse.

La solidaridad es lo que ha prevalecido en estos lugares. Fotos: Cuartoscuro/Archivo

SANTA CRUZ

Las calles de Santa Cruz Cuautomatitlán, comunidad perteneciente a Tochimilco, lucen como si el siniestro hubiese sido ayer. Los pobladores siguen sacando los escombros de sus casas derrumbadas. La diferencia es que ahora lo hacen solos y ya no hay brigadas ciudadanas copando las calles, como ocurrió durante los cuatro días posteriores al sismo.

Esta comunidad que está a dos horas y media de distancia de la ciudad de Puebla registra 140 casas afectadas, 45 de ellas tienen daño estructural y ya están siendo derrumbadas.

La solidaridad es lo que ha prevalecido en este lugar. Las personas que perdieron el techo bajo el que dormían están siendo alojados por sus familiares o vecinos, pues a medida que se acerca el fin de año bajan drásticamente las temperaturas y con ello la actividad volcánica del Popocatépetl.

Entre semana, cuando los voluntarios no llegan a la comunidad, se conforman un grupo de 40 vecinos –sorteados previamente– que recorren las calles de la comunidad para elegir en que vivienda sacarán el escombro o que calle dejaran limpia.

En los últimos días han recibido apoyo del Servicio de Agua Potable (SOAPAP). En las calles se encuentran tres máquinas que se encargan de derrumbar las estructuras dañadas o transportar el material a un terreno que se encuentra enfrente de la presidencia auxiliar.

Quienes no son incluidos en este grupo de apoyo y tuvieron pérdidas prefieren quedarse en su propiedad para limpiar los desperfectos.

Esta es la historia de Herminio Valdón. Su casa quedó destruida y ahora saca el escombró él solo. Ahí vivía con su esposa, su hija de 7 meses de edad, y dos niños de 10 y 12 años.

Su casa estaba frente a la primaria de la comunidad, en la que se encontraban sus hijos durante el temblor, y afortunadamente no salieron lesionados, pues el plantel quedó en ruinas.

Nosotros somos los que estamos haciendo la labor del escombro. Del gobierno no nos ha llegado apoyo. Quizá maquinaria. Estamos contando con el apoyo de particulares y de voluntarios. De parte del gobierno no hemos recibido nada, relató este poblador a Periódico Central.

Desde hace un mes, él y su familia viven separados. La madre de Herminio le dio hospedaje, pero sólo cabe con sus dos hijos grandes. Así que su esposa y su bebé duermen con su suegra.

EL MILAGRO DE PILCAYA

La gente de esta comunidad perteneciente al municipio de Chiautla de Tapia —incrustada en la Mixteca poblana— considera que es un milagro que nadie haya perdido la vida a consecuencia del terremoto, pues dicen que fue muy intenso, sus casas se levantaron y parecía que la tierra se iba a abrir, además que se escuchaba como tronaba por dentro.

Y a pesar de que luchan para que sus vidas regresen a la normalidad, consideran que será difícil porque el gobierno no ha regresado a apoyarlos, no saben cuándo regresarán las autoridades ni tienen la certeza de que sus casas serán reconstruidas.

Tardé toda mi vida en construir mi casa y en cuestión de segundos el temblor la derrumbo, así relata doña Eufrasia cómo la tragedia del pasado 19 de septiembre le quitó su patrimonio. La señora está tostando chiles para hacer una “salsita, pues está improvisando una comida.

Dice que no le gusta su nombre, quizá desconoce que “Efrausia” es de origen griego y que significa “alegría o sentimiento festivo”, calificativos que la describen a la perfección: con una sonrisa y como si se tratara de una fiesta, a pesar del desastre, invita a pasar a su casa a este grupo de reporteros para mostrarles lo dañada que está. La vivienda está censada con el número 543 por el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden).

Dijeron que después del 17 (de octubre) nos iban a venir a ver para lo de la reconstrucción de las casas (…) tardé toda mi vida en construir mi casa, pues ojalá que nos ayuden, porque no empiezan nada, ni nos dicen nada, comenta mientras observa su casa y se le humedecen los ojos.

Hace un mes el presidente de la República, Enrique Peña Nieto estuvo en Pilcaya y en ese momento había cientos de voluntarios, el Ejército Mexicano, personal de Sedatu y del gobierno de Puebla, así como de personas de otros estados que llevaban víveres.

Hoy, Pilcaya se convirtió en pueblo fantasma y solamente deambulan por sus calles los pobladores que viven en la zozobra de que les ayuden a reconstruir sus casas, o por lo menos les den material de construcción para poder levantarlas.

JOLALPAN

Santa Ana Tamazola es junta auxiliar de Jolalpan, un municipio que está entre los límites de Puebla y Morelos. Incluso, el epicentro del terremoto del 19 de septiembre, fue entre esta localidad y la población morelense de Axochiapan.

Pero el terror que viven los habitantes de Santa Ana difícilmente acabará. Los pobladores narran que sus ancestros fueron los fundadores de Jolalpan, pero como eran víctimas de una banda de criminales decidieron habitar parte del cerro donde ahora viven y ahí instauraron la cabecera municipal. Lo que jamás esperaron, es que el pueblo que les dejaron a los delincuentes creciera más rápido y les arrebataran la nominación de municipio.

Este problema histórico les ha traído desgracias y mala suerte, pues en 2014 se inundaron y ahora con el terremoto, el alcalde de Jolalpan, Antonio Javana ha bloqueado cualquier ayuda para los habitantes de Santa Ana Tamazola. Dicen que se quedó con las despensas que habían destinado para ellos, que todos los apoyos se han quedado en la cabecera municipal y no saben cuándo les reconstruirán sus viviendas.

Todos coincidieron en que a la semana de que ocurrió el sismo fueron las autoridades estatales y federales a levantar el censo de vivienda, pero nunca más regresaron y los han dejado a merced del municipio. Por eso, se han visto en la necesidad y desesperación de pedir láminas o cualquier apoyo para construir sus viviendas a cualquier persona que llega a su población.

La señora Carmen Barrera lleva más de 50 años viviendo en Jolalpan. Mencionó que en todo ese tiempo jamás había visto una tragedia de esa magnitud, y ahora su casa se redujo a escombros. Ella vive con sus dos hijas y sus nietas, no hay hombres en su familia, pero la desesperación las he llevado a pedir palas, picos y carretillas para levantar solas su casa.

La llegada de voluntarios y el frenesí de entrega de víveres de los primeros días han quedado en el recuerdo. Fotos: Cuartoscuro/Archivo

Dijo que a la semana del terremoto fue el gobernador, Tony Gali y les prometió que se reconstruirían todas las casas, pero ninguna autoridad ha regresado, por lo que pidió que no se olviden de ellos, que los ayuden.

“Nos dijeron que nos iban a ayudar, a tumbarlo y a hacerlo (su casa), que nos iban a mandar ayuda […] ya no regresaron, ya no sabemos nada, hasta los que andaban quitando escombros ya se fueron”, comentó.

Don Aurelio es otro afectado por el terremoto del 19 de septiembre. Tiene más de 70 años, fue soldado en los 50´s y los estragos que ha hecho la vida en su cuerpo no impidieron que su instinto de supervivencia lo hiciera saltar por la ventana antes de que su casa se desplomara.

Aurelio apenas y se puede mover, está encorvado y no puede ver, pero a pesar de esa discapacidad, logró salir a tiempo y evitar que el techo le cayera encima: “Me aventé para afuera y salió mi hijo, me agarró de aquí (de la cintura con ambas manos) y me llevó”.

Ahora, él duerme en el único cuarto que quedó de pie y tampoco tiene la certeza de que le reconstruyan su casa. Incluso con la voz quebrada, reconoce que sería la segunda vez que se levantaría su hogar, pues en el sismo del 85 también quedó devastado y lo tuvo que volver a hacer.

“Pasaron a tomar los datos, no nos han dado nada de información, si van a demoler, o nos van a proporcionar medios para levantar (las casas), no hemos tenido ninguna información”, dijo.

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