Igual, se puede coincidir que para evitar que aquello no terminara en una masacre y pusieran en juego vidas humanas se tomó la decisión de soltar al capo para reestablecer el orden social. Foto: Cuartoscuro

Se puede coincidir con la afirmación de que hubo un error estratégico en la decisión de detener a Ovidio Guzmán, por no haber previsto la capacidad de respuesta del Cartel de Sinaloa, pero de ahí a que para enmendar el error se haya decidido liberar a este personaje que tiene ordenes de aprehensión por tráfico de drogas simplemente representa una humillación para el gobierno obradorista.

Igual, se puede coincidir que para evitar que aquello no terminara en una masacre y pusieran en juego vidas humanas se tomó la decisión de soltar al capo para reestablecer el orden social pero también termina siendo una humillación, una rendición frente al crimen organizado, que no tiene precedente en Culiacán y en el resto del país.

Y también se puede coincidir, que se opto por garantizar el bien mayor, que es dar seguridad a la población antes que empeñarse en mantener bajo resguardo al hijo del Chapo Guzmán, pero, igualmente, haberlo soltado a todas luces es una humillación cómo país, es un mensaje equivocado de que cuando hay una crisis de seguridad se está dispuesto a negociar la ley.

Vamos, se puede coincidir que los que se fueron dejaron un tiradero en materia de seguridad y que eso no se cambia de un día para otro, que están ahí las inercias, los acuerdos secretos, pero eso es una mala respuesta porque se supone que el gobierno tiene un diagnóstico y la fórmula para atender este tipo de crisis y al no hacerlo es simple y llanamente una humillación.

Pero, sobre todo, lo que no se puede admitir es que, como parte de esa humillación vergonzosa, el gobierno mande mensajes equivocados al resto de los cárteles de que apretándole un poco se rinde y acepta en aras de “proteger a los ciudadanos” cualquier demanda por más desmesurada que sea.

Acaso, esa flaqueza congénita del PRIAN, eso no había sido materia de crítica reiterada de AMLO desde la oposición, cuando el país se cimbró con los acontecimientos de Ayotzinapa o Tlatlaya que hasta el día de hoy están sin resolver por angas o mangas y que es inadmisible en un Estado democrático.

Que AMLO tenía en la punta de la lengua la respuesta a todo descalabro criminal y señalaba, si señalaba, a los culpables en la función pública sin ningún tipo de matiz.

Y, eso le daba capital político, fuelle de valor, en un país abusado donde se necesitaba una oposición dispuesta a señalar contundentemente y no siempre con datos duros, las incapacidades de los gobernantes fueran federales o estatales.

Ahora, los actores cambian de posición y ahí están las crisis de seguridad que esta semana alcanzó a los estados de Michoacán, Guerrero y Sinaloa.

Espero, cómo muchos otros ciudadanos, que antes de que termine la semana no ocurra una nueva desgracia que humille a un gobierno que en su intimidad seguramente está pasmado, errático, qué busca asideros que puedan demostrar que la estrategia de seguridad funciona y que al funcionar se resguarda el Estado de Derecho, la seguridad de los ciudadanos que dicho de paso es superior a los peores años del calderonismo y peñanietismo.

Los detractores del gobierno humillado están felices con el affaire Culiacán les da elementos, aire fresco, para reanudar los ataques luego de que se habían quedado sin argumentos y sobre ellos pesaba la desconfianza pública, y de ahí se van a colgar pero no les alcanza, AMLO todavía está en el periodo de gracia y quizá, seguro, después de lo sucedido en Culiacán le quitara algunos de puntos de popularidad pero no para tumbarlo.

Eso lo debe llevar a revisar la estrategia de seguridad y buscar acciones que lo saquen de la percepción de humillación.

Va a necesitar más que discurso los daños son mayores porque la imagen que circuló en tiempo real en las redes sociales y hoy viernes esta en los principales diarios del mundo con severos cuestionamientos al gobierno obradorista.

Y es que, si bien el miércoles, todos festinaban el dictamen senatorial sobre consulta y revocación de mandato, la renuncia de Romero Deschamps a la dirigencia del sindicato petrolero, el inició del aeropuerto de Santa Lucia o la multimillonaria inversión que promete Carlos Slim en el resto del sexenio, lo sucedido la tarde noche de Culiacán todo lo opaca, se vuelve mediáticamente nebuloso, reaparecen la incertidumbre de los inversionistas y los turistas internacionales.

La debilidad estructural que tenemos en materia de seguridad es fundamental para que el país opere con relativa normalidad y se encause hacia destinos menos inestables, y para empezar el presidente debe dejar de expresar esa tontería mediática de que a los narcos se les va a acusar con su mamá o su abuelita para que los metan en orden y respeten a la sociedad.

Estamos hablando de vidas humanas que se pierden, si de un lado y otro, pero más del lado de la sociedad y el estado tiene recursos humanos, materiales, jurídicos, y además si faltaran tiene este gobierno mayoría en las cámaras legislativas federales y estatales, así el camino del Estado está pavimentado y es momento de dar pasos más firmes en la lucha contra el crimen organizado.

El gobierno de López Obrador no puede, ni debe estar, en una constante humillación porque los sueños de la Cuarta Transformación terminaran siendo para muchos, aun con sus logros evidentes, un gobierno que no quiso ser por no tener una estrategia consistente en materia de seguridad pública.

Y, ahora sí, debe empezar por barrer de arriba hacia abajo en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, y repito, dejar de decir tonterías que sólo provocan risa y frustración luego de hechos como los de Culiacán.