Una nueva investigación científica, publicada en The New York Times,  muestra que julio puede haber sido el mes más mortífero para los adultos jóvenes en la historia moderna de Estados Unidos.  “Los adultos jóvenes están muriendo a un ritmo histórico”, afirman los autores del estudio que originalmente se dio a conocer en The Journal of the American Medical Association.

Ciudad de México, 19 de diciembre (SinEmbargo).– Si la mayor carga de la pandemia de COVID-19 ha golpeado a las personas mayores de 65 años, que representan alrededor del 80 por ciento de las muertes en Estados Unidos, ahora también se sabe que “los adultos jóvenes están muriendo a un ritmo histórico”, dice una investigación publicada por The New York Times, y que firman tres prominentes científicos: Jeremy Samuel Faust, Harlan M. Krumholz y Rochelle Paula Walensky.

El doctor Faust, por ejemplo, es médico de cabecera en el Departamento de Medicina de Emergencia del Brigham and Women’s Hospital en Boston e instructor en la Facultad de Medicina de Harvard, mientras que el doctor Krumholz es profesor de Medicina en la Universidad de Yale. Además, la doctora Walensky, quien es la Jefa de la División de Enfermedades Infecciosas del Hospital General de Massachusetts y profesora de la Escuela de Medicina de Harvard, fue nominada recientemente por Joe Biden, Presidente electo de EU, para ser la próxima Directora de los Centros para el Control y la Prevencion de Enfermedades en Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés).

Los tres científicos citan una investigación publicada el miércoles pasado en The Journal of the American Medical Association, donde encontraron que, desde marzo y hasta finales de julio pasados, entre los adultos estadounidenses de 25 a 44 años se registraron casi 12 mil muertes más de las esperadas, según los promedios históricos.

En esta foto de archivo del 1 de diciembre de 2020, un trabajador cruza la sala de un nuevo hospital de campaña operado por Care New England para atender un pico de casos de COVID-19. Foto: David Goldman, AP.

Julio, exponen los médicos en el Times, parece ser “el mes más mortífero entre este grupo de edad en la historia moderna de Estados Unidos”. Durante los últimos 20 años, añaden, un promedio de 11 mil adultos jóvenes estadounidenses murieron cada julio, pero este año de pandemia la cifra aumentó a más de 16 mil.

Faust, Krumholz y Walensky alertan que esa tendencia continuó en el otoño, que está próximo a terminar. “Según las tendencias anteriores, se había proyectado que alrededor de 154,000 en este grupo demográfico morirían en 2020. Sobrepasamos ese total a mediados de noviembre. Incluso si las tasas de muerte repentinamente vuelven a la normalidad en diciembre, y sabemos que no lo han hecho, anticipamos más de 170,000 muertes entre los adultos estadounidenses en este grupo demográfico para fines de 2020”, plantean.

Aunque todavía no hay datos precisos y disponibles en todas las áreas, los científicos afirman que la COVID-19 es la fuerza impulsora detrás de este exceso de muertes, y ponen como ejemplo al estado de Nueva York.

En abril y mayo, exponen, la COVID-19 mató a mil 081 adultos de 20 a 49 años, según las estadísticas que ellos mismos recopilaron en el Departamento de Salud del Estado de Nueva York.

Sorprendentemente, dicen, esa cifra se eleva sobre la principal causa de muerte habitual del estado en ese grupo de edad –accidentes no intencionales, incluidas sobredosis de drogas y accidentes de tráfico–, que se combinaron para causar 495 muertes en este grupo demográfico en abril y mayo de 2018, que es el año más reciente con datos disponibles al público.

Los doctores exponen que, luego de que bajó la primera oleada en primavera, durante el verano se manifestaron tendencias similares en otras regiones.

Un hombre toma un café frente a un mural sobre el COVID-19 el miércoles 9 de diciembre de 2020, en Beverly Hills, California. Foto: Marcio Jose Sanchez, AP.

De esta forma, y a medida que aumentaba el número de casos entre la población más joven en todo EU, “la COVID-19 se convirtió en la principal causa de muerte entre los adultos más jóvenes en otras regiones”, afirman.

Si bien las muertes por el virus excedieron temporalmente las muertes por opioides entre los adultos jóvenes en algunas partes de este año, “también nos preocupa que las muertes por sobredosis no intencionales también hayan aumentado durante la pandemia”.

MUEREN MÁS AFROAMERICANOS E HISPANOS

Faust, Krumholz y Walensky también revelan que no es una ilusión que las personas de color constituyan una fracción desproporcionada de los muertos en este grupo de edad.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, entre los adultos de 25 a 44 años, las personas negras e hispanas son no sólo un número desproporcionado, sino la mayoría de las muertes por COVID-19 hasta el 30 de septiembre pasado.

Las políticas gubernamentales que llaman a quedarse en casa han salvado vidas, pero sus beneficios no se han distribuido por igual, destacan. Entre los trabajadores esenciales, muchos de los cuales son personas de color, refugiarse en su hogar nunca fue una opción real, añaden.

Si se mira atrás, reflexionan, y esta situación se compara con lo que que se vivió en la epidemia por VIH-SIDA, los estadounidenses vieron con horror cómo una enfermedad contagiosa, pero prevenible, devastaba a los adultos jóvenes en la flor de la vida.

Sonia Pérez, de 50 años, vende tamales en una calle local en el barrio de Brooklyn, el sábado 12 de diciembre de 2020, en Nueva York. Foto: Eduardo Muñoz Álvarez, AP.

Ahora, exponen, debemos ocuparnos de lo que está pasando con la COVID-19, pues durante mucho tiempo, ellos mismos y sus colegas, así como funcionarios gubernamentales y el público en general han repetido que la COVID-19 es peligrosa para los ancianos y que a los jóvenes les está yendo bien.

“Pero lo que creíamos antes sobre la relativa inofensividad de la COVID-19 entre los adultos más jóvenes simplemente no ha sido confirmado por los datos emergentes. En el pasado, nos tomó demasiado tiempo responder a las epidemias de opioides y al VIH/SIDA cuando los jóvenes comenzaron a morir en grandes cantidades. Ahora que tenemos información similar sobre COVID-19, debemos abordarlo de inmediato”, concluyen.