Los centros de datos donde se almacena este alto volumen de información ocupan un espacio físico considerable. Los servidores en los que se almacena esta cantidad ingente de datos tienen ciertos retos para encontrar una localización óptima.

Por Dolores Gómez Delgado

Ciudad de México, 20 febrero (Economía Hoy).- Cada minuto se suben 300 horas de video a YouTube y se envían 236 mil 500 millones de correos electrónicos al día en todo el mundo. La cantidad de información es inimaginable y tiene que almacenarse en un lugar físico. Cuando subimos nuestras fotografías a la nube, parece un lugar etéreo lejos de la realidad, pero lo cierto es que están en un lugar. Además del aumento de personas con acceso a Internet y los avances en las conexiones como la llegada del 5G y el Internet de las Cosas, favorecerán un incremento del volumen de datos.

Este crecimiento plantea un reto de almacenamiento y de espacio, puesto que los centros de datos donde se almacena este alto volumen de información ocupan un espacio físico considerable. Los servidores en los que se almacena esta cantidad ingente de datos tienen ciertos retos para encontrar una localización óptima.

Por una parte, tienen que estar en funcionamiento las 24 horas del día y sin fallos, lo que genera mucho calor y la refrigeración de estos espacios es uno de los escollos a salvar. Por otro lado, deben situarse lo más cerca posible del usuario final, ya que los datos tienen que recorrer menor distancia y se garantiza la menor latencia posible.

DATOS CONGELADOS

Facebook es una de las empresas tecnológicas más grandes del planeta y como tal tiene que gestionar inmensas cantidades de datos. La compañía de Mark Zuckerberg era consciente de que tenían que abordar el asunto de la refrigeración y decidió instalar un data center en el Círculo Polar Ártico, en la ciudad sueca de Lulea. El sistema se beneficia de la baja temperatura del aire exterior para refrigerar el interior y así depende en menor medida de generadores adicionales.

Las placas de hielo del Ártico. Foto: EFE

PROTEGIDOS EN UN BÚNKER

En el año 2008 se abrió en Suecia un centro de datos en un antiguo búnker nuclear de la época de la Guerra Fría. El Bahnhof Pionen está situado a 30 metros bajo tierra y está custodiado por una puerta de acero de 40 cm de grosor. Para que los trabajadores no noten que están bajo tierra todo el tiempo, el centro cuenta con jardines verticales, cascadas de agua y un tanque para peces de 2 mil 600 litros. Además de este, la compañía Interxion va a reconvertir una antigua base de submarinos de la Segunda Guerra Mundial situada en Marsella en uno de sus centros de datos, aprovechando la estructura y la seguridad con la que fue construido.

EL SÓTANO DE UNA CATEDRAL

En la capital de Finlandia hay dos catedrales que se encuentran entre los principales iconos de la ciudad. En la catedral ortodoxa de Upenski albergaba bajo sus cimientos algo curioso: un refugio antiaéreo de la II Guerra Mundial. Sin embargo, este refugio ahora es un centro de datos. Bajo tierra, la temperatura se mantiene fría para los servidores y además, el calor que emiten se absorbe y se distribuye por el sistema de calefacción de la zona, que ofrece energía suficiente para 500 hogares, la mejor forma de aprovechar la energía en una relación simbiótica. Pero parece que esta iglesia no es la única con esta característica: la capilla de Salem en Leeds, Reino Unido, fue cerrada en 2001 y convertida también en un centro de datos.

UNA MINA DE SERVIDORES

El círculo Ártico en Suecia y Finlandia, sí los países nórdicos son los más apropiados para estas tecnologías por las altas temperaturas que generan. En Noruega también se encuentra uno de los curiosos centro de almacenamiento de datos, en esta ocasión en una antigua mina. El Lefdal Mine Datacenter es el ejemplo más innovador que podemos encontrar de una mina reconvertida. Sus 120 mil metros cuadrados se refrigeran gracias al agua de los fiordos noruegos y toda la energía que utiliza procede de fuentes renovables.

BAJO EL MAR

Más de la mitad de la población mundial habita en un radio de 200 kilómetros de la costa. Por ello Microsoft está desarrollando un proyecto piloto de data center sumergible en la costa de Escocia. Estos centros tienen el tamaño de un contenedor de transporte, unos 12 metros de longitud, y son fáciles de instalar, puesto que son prefabricados. Aunque se trata de un proyecto en pruebas, es una muestra más de las soluciones originales que se están llevando a cabo para garantizar una red de calidad.

“Es habitual que algunas compañías apuesten por ubicar los centros de datos en zonas frías o remotas, tanto por cuestiones de eficiencia energética como por la necesidad de espacios con muchos metros cuadrados para poder albergar sus servidores. Sin embargo, el edge computing y la necesidad de estar más cerca del usuario para proporcionar una baja latencia, están llevando a las empresas del sector a buscar soluciones en las proximidades de los principales núcleos urbanos”. añade Theresa Bobis, directora para el sur de Europa de DE-CIX, la empresa de puntos de intercambio de Internet que ha realizado esta selección de lugares poco comunes para guardar nuestros datos.

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