Los operadores eran un hombre originario de Culiacán y otros dos de Durango. Los tres viajaron a los Países Bajos porque les ofrecieron un trabajo por el que recibirían 3 mil euros al mes, unos 60 mil 500 pesos. Aquí en México ganaban mil 500 pesos a la semana vendiendo verduras.

Por Alejandro Monjardín

Culiacán, Sinaloa, 19 de febrero (Río Doce).- Era un narcolaboratorio novedoso en Holanda. Estaba instalado en un barco, reutilizaban los desechos para producir más droga y tenía un mecanismo para hundirlo en caso de ser descubierto.

Los operadores eran un hombre originario de Culiacán y otros dos de Durango. Los tres viajaron a los Países Bajos porque les ofrecieron un trabajo por el que recibirían 3 mil euros al mes, unos 60 mil 500 pesos. Aquí en México ganaban mil 500 pesos a la semana vendiendo verduras.

Según ellos no sabían de qué se trataba pero en 2018 volaron a La Haya y en mayo de 2019 fueron detenidos en un narcolaboratorio flotante en el que producían metanfetaminas.

De acuerdo con información de los portales Omroepbrabant, BNDeStem y Gelderlander, desde el miércoles pasado, los tres mexicanos y un holandés propietario del barco, enfrentan un juicio penal en la corte de la ciudad de Breda.

Los acusados son Candelario, de 38 años originario de Culiacán; los hermanos Diego, de 24, y Víctor, de 27 años, de Durango; y Cor B., de Holanda, y propietario del barco.

Los cuatro fueron capturados el 10 de mayo de 2019, en la ciudad de Moerdik, en la provincia de Brabante Septentrional.

En el laboratorio flotante había 147 litros de mentanfetamina líquida y 70 kilos de metanfetamina sólida.

Un día después de la detención, policías empezaron a desmantelar la embarcación y comenzó a hundirse de manera rápida, debido a que activaron un dispositivo, al parecer de manera remota, que permitía que entrara agua al barco.

La policía pudo evitar que el barco se hundiera por completo y obtener la evidencia, señalando que el mecanismo estaba diseñado para hundir el barco y desaparecer evidencias.

Durante el primer día de juicio, el sinaloense se reservó su derecho a declarar y a contestar preguntas.

Solo dijo que tenía dos hijas de 12 y 19 años y que la mayor tuvo que dejar de estudiar para trabajar y ayudar económicamente a su esposa.

“¿Conoces al señor (Cor) B.?”, preguntó el Juez.

“Invoco mi derecho a permanecer en silencio”, respondió el culiacanense.

“¿Estabas a bordo del barco?”, cuestionó el Juez.

“No hay respuesta”, contestó.

Víctor tampoco respondió preguntas, pero su hermano Diego sí y fue quien dijo que volaron a Holanda en octubre de 2018, porque les ofrecieron trabajo.

Declaró que llegaron a La Haya y de ahí se trasladaron a Moerdik.

“Alguien de México me dijo que aquí había algo que hacer y me ofrecía 3 mil euros al mes. En México trabajaba en una distribuidora de tomate, pepino y cebolla, ganando mil 500 pesos a la semana. Cuando te ofrecen 10 veces más de lo normal, lo agarras. Con ese dinero me alcanzaba para mantener a mi familia. Cuando llegué, alguien me dijo qué hacer con lo que había ahí adentro”, declaró.

Los cuatro fueron capturados el 10 de mayo de 2019, en la ciudad de Moerdik, en la provincia de Brabante Septentrional. Foto: Especial vía Río Doce

El mexicano se negó a dar información sobre los propietarios del laboratorio.

Según los mexicanos llegaron al barco en marzo de 2019, pero en el teléfono de Diego hallaron evidencias de que estaban al menos desde el 12 de diciembre de 2018.

Durante el juicio mostraron imágenes de conversaciones de WhatsApp con números mexicanos, identificados como Chayo y la Patrona; y una conversación en la que alguien le dice exactamente qué sustancias mezclar y a qué temperatura.

“Alguien me decía qué hacer y lo hacía. Sólo trabajaba, cocinaba cosas. Lo que se decía por WhatsApp era lo que se hacía”, señaló Diego.

Al ser cuestionado sobre los videos y fotografías en las que se mostraba la metanfetamina y que fueron compartidas por WhatsApp dijo “me pedían pruebas de lo que se hacía y mandaba las fotos del resultado”.

En la sesión el propietario del barco, Cor B., dijo “se acercaron a mí cuando estaba en Ámsterdam con mi barco. Fue por casualidad”.

Uno de los hombres que lo contactó era mexicano y ofreció 2 mil euros semanales, unos 40 mil pesos mexicanos, para supuestamente fabricar medicamentos en el barco.

En el segundo día de juicio, Víctor dijo que en México, al igual que su hermano, trabajaba distribuyendo tomates y cebollas, y ganaban mil 500 pesos a la semana.

En el laboratorio, la policía encontró una agenda con contactos en España y nombres y
pesos de sustancias químicas y posibles ingresos.

 

De acuerdo con las declaraciones de los agentes, los mexicanos fueron quienes habilitaron el laboratorio y lo operaban.

En el barco implementaron un nuevo método en el que reutilizaban los desechos químicos para elaborar más producto y con ello evitaban desperdiciar sustancias y tirar menos residuos que pudieran delatarlos.

“Lo especial de este laboratorio: con los desechos, hicieron otro producto nuevo, el primer laboratorio en los Países Bajos donde se vio esto. Como resultado, hubo poco desperdicio”, indicó un agente.

La droga hallada tiene un valor de 3 millones de euros, alrededor de 60 millones de pesos.

Los agentes dijeron que el proceso de producción era a gran escala, ya que en el barco se hallaron huellas de ADN de otras personas desconocidas.

Los forenses señalaron que el ADN de los mexicanos fue encontrado en guantes de latex, máscaras antigás y botellas de agua.

El laboratorio estaba equipado de forma profesional, y con un sistema de extracción para purificar el aire y eliminar los gases químicos liberados.

Según los agentes llegaron al barco porque despedía un fuerte olor a hierba y pidieron autorización a Cor B. para ingresar.

Al revisarlo encontraron el laboratorio y a los tres mexicanos mientras preparaban la metanfetamina.

La Fiscalía pidió cinco años de cárcel para los mexicanos y cuatro para el propietario del barco.

El Juez dictará sentencia en marzo próximo.

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