Envases vacíos de la vacuna de coronavirus de Pfizer-BioNTech en un centro de vacunación en la Universidad de Nevada, en Las Vegas, el 22 de enero de 2021.

“Y, en esto, de las vacunas anti COVID-19, está en juego no solamente tener la solución en sus manos, sino los compromisos que en clave nacionalista hoy recorre el mundo”. Foto: John Locher, AP

Las cosas buenas de la vida frecuentemente vienen acompañadas de noticias malas. Es una dialéctica rara, contradictoria, circunstancial, acrisolada que atempera la felicidad, cuando esta debiera ser la ley de la vida. En lo privado y en lo público. Son los rostros del dios Jano y con especial rigor, es incertidumbre, en lo público por los efectos que tiene sobre la sociedad.

Así, durante el fin de semana pasado, el Presidente López Obrador anunció que su Gobierno ya había comprado 140 millones de vacunas contra el virus SARS-CoV-2 y luego, se empezaron a aplicar casi un millón de ellas entre la población más vulnerable y alejada de los centros urbanos del país. Lo cual, sin lugar de dudas, fue una buena noticia. Sólo que llegó con una mala que al menos en Estados Unidos se habían detectado siete nuevas cepas del virus, lo que inmediatamente dio pie a la incertidumbre sobre la capacidad y alcance de la vacuna china y de cualquier otra. La Pfizer o Sputnik.

No soy especialista en vacunas, pero, como cualquier otro ciudadano, me preocupan los posibles efectos de las mutaciones del virus. Pues de debilitarse el suministro podría dejar desprotegida sobre todo a la población más vulnerable. Aquella que por edad y comorbilidades, pueden ser alcanzada y hacerla pasar un mal rato. Incluso costar la vida.

Y quizá por eso, Claudia Sheinbaum salió a decir a quienes han sido vacunados que no deben bajar la guardia sino mantenerla en alto, porque estar vacunado contra la SARS-CoV-2, no necesariamente significa que lo está para una mutación (esto ya es de mí cosecha). Igual, como se ha mostrado, las reinfecciones existen ya se han manifestado.

Y es que ser portador del virus en tu cuerpo no te hace inmune y menos, si se trata de una mutación que sabrá dios qué elementos novedosos presenta que no se deja someter por la ciencia médica. Que se renueva y con mayor vigor. Y, quizá, es lo que llevó a António Guterres, el flamante Secretario General de la ONU, a pronunciarse ante el club selecto del Consejo de Seguridad de ese organismo internacional, y retomar la idea de que la salida a la COVID-19 sino es global, no será local, por las mutaciones que se pueden presentar en aquellos del llamado sur global.

Obliga, entonces, a estrategias globales más preventivas, inclusivas y solidarias. Y da un dato muy revelador y preocupante de lo que está sucediendo con la distribución de esa vacuna: el 75 por ciento la han acaparado 10 países. Y, no hay que dar mucho la vuelta, para saber que estos son los de las economías desarrolladas.

Es, por eso, que el portugués Guterres señala contundente: “Si se permite que el virus se propague como un incendio descontrolado en el sur global, mutará una y otra vez. Las nuevas variantes podrán volverse más transmisibles, más mortales y potencialmente, podrían amenazar la eficacia de las vacunas y los diagnósticos actuales”.

En el mismo sentido se ha pronunciado el Presidente López Obrador, pero con menos audiencia internacional y, sobre todo, sin la interlocución de quienes toman decisiones importantes en escala global. Pero, es una postura, que seguramente gana y ganará más simpatías en el llamado sur global, pero, está visto, históricamente que una cosa son los intereses de los miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU y otra, muy distinta, la de los miembros no permanentes que se manifiestan en el pleno de la Asamblea General.

Simplemente, hay que tener en cuenta, el derecho de veto que tienen los cinco miembros permanentes en decisiones que a su juicio afectan sus intereses estratégicos (China, los Estados Unidos, Francia, Federación de Rusia y el Reino Unido).

Y, en esto, de las vacunas anti COVID-19, está en juego no solamente tener la solución en sus manos, sino los compromisos que en clave nacionalista hoy recorre el mundo.

Joe Biden, el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, hace unos días respondió con una negativa a una petición que le hizo López Obrador para que le apoyara y conseguir más vacunas, pues “primero están sus compatriotas”. En la Unión Europea la respuesta fue más o menos la misma. La de un búnker de 27 países donde por supuesto no todos son iguales. Y estas respuestas hasta pueden resultar lógicas cuando las vidas de estadounidenses y europeos están cayendo como un efecto dominó.

Al punto que está poniendo en riesgo su estabilidad económica. Sin embargo, este patrimonialismo nacionalista, puede empeorar las cosas, sino hay una estrategia global de recuperación económica y sanitaria. Bastaría, reconocer que las patentes de las vacunas se convirtieran en patrimonio de la humanidad para que cada país, con o sin auxilio internacional, pudiera ser capaz de desarrollar el antídoto a los efectos del virus.

Pero, no, prevalece el principio de la ganancia que siempre ha estado detrás de las firmas farmacéuticas con este y otros bichos que nos lastiman la vida. Y es que, es un volumen inconmensurable de dinero lo que está en juego y estas nunca lo dejarían ir, menos todavía, si consideramos el poder global que representa.

O a caso, no hemos aprendido de la lógica del capital, de su constante reproducción ampliada. Es la promoción de las guerras en terceros países y, también, en este tema de las vacunas, la disputa de un bien escaso. Que tiene una lógica legitimadora en sus Estados Nación, bajo la premisa de “primero los nuestros” y luego los amigos, los vecinos y al último los enemigos.

Así, hay que ver, cómo país el lugar que ocupamos en está geometría política tenebrosa de afectos y desafectos. De China a Europa; de Rusia a Estados Unidos de Norteamérica. Cuáles son nuestras fortalezas para movernos en un concierto de intereses globales y donde preocuparía, como le vaya a México en la medida en que afecte intereses económicos y geopolíticos.

En tanto eso se aclara, habremos de ser testigos, de una suerte de goteo de vacunas de distinto origen y patente, que puede llevar a que los planes del Gobierno se retrasen aun habiendo pagado el suministro. Algo, de esto, hay en las palabras de López Obrador le gana la incertidumbre propia y de los países que seguramente ven en el un liderazgo especialmente en América Latina, y a los que se les complica estructural y políticamente más la situación para contar con las vacunas aun cuando este la amenaza de las mutaciones que ya se están viviendo en la región.

En definitiva, las buenas noticias, no siempre lo son tanto, nos gana siempre la incertidumbre quizá alimentada más por nuestra propensión incorregible a la fatalidad.