Ana María es enfermera desde hace 30 años y ha trabajado en diferentes hospitales públicos de la Ciudad de México. En estos lugares, describe, aprendió a manejar diferentes situaciones propias de su profesión y también de un sistema de salud en crisis: desde la recurrente falta de insumos y medicamentos, hasta el acoso sexual que trabajadores de la salud e incluso los pacientes ejercen sobre las trabajadoras.

Ciudad de México, 20 de marzo (SinEmbargo).- Ana María es enfermera desde hace 30 años. Se acercó a la profesión empujada por la necesidad económica y la curiosidad, pero fue la ayuda al prójimo y la preocupación por los otros lo que la hizo apasionarse por el ejercicio y pasar por alto las carencias diarias con las que trabaja.

Sus estudios los comenzó mientras estudiaba la preparatoria. Se inscribió en una escuela de enfermería que era parte de los Servicios Médicos del Departamento del Distrito Federal y contaba con estudios incorporados a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Su primer trabajo fue en la Secretaría de Salud del Distrito Federal, en donde realizó una especialización en Cuidados Intensivos y Atención al Paciente en Estado Crítico. Más adelante ingresó a la licenciatura en Enfermería en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala y después continuó con un posgrado en Administración de Hospitales. También tomó distintos diplomados, entre ellos, uno de formación política sindical.

Actualmente trabaja en la Secretaría de Salud de la CdMx y en un hospital del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). A sus 52 años se siente muy orgullosa de lo que ha logrado y continúa capacitándose.

Ana María ama su trabajo y es por ello que evidencia las deficiencias que hay en los hospitales de salud pública donde trabaja. Para ella, los problemas más grandes son los de infraestructura y falta de personal. A diario atiende entre 10 u 8 pacientes por turno, una situación que no le permite dar atención especializada y que significa un fuerte desgaste para las trabajadoras.

“Los hospitales no están bien planeados y además no se les da mantenimiento preventivo. Ahí hay máquinas [respiradores] que no funcionan. No hay mantenimiento ni preventivo ni correctivo y cuando llegan las urgencias los pacientes sufren las consecuencias. La infraestructura es un problema gravísimo y es visible en la cantidad de pacientes que tenemos que atender. Por cada turno nos asignan entre cuatro o cinco pacientes, pero el índice real de atención es de ocho a 10 pacientes por enfermera. La verdad es bastante desgastante porque trabajamos con muchas limitantes que nos obligan a doblar el esfuerzo de nuestro trabajo”, destacó Ana María.

La enfermera afirmó que todos los días le hacen falta insumos de uso común como: apósitos estériles, agujas, catéteres de usos periféricos, puntas nasales y gasas, además de otros medicamentos primordiales y comunes como el paracetamol.

“Lo más básico no lo encontramos, entonces tenemos que andar consiguiendo en los ‘guardaditos’, en otros servicios e incluso en otros hospitales. Desplazarse de un lugar a otro consiguiendo medicamentos nos quita mucho tiempo y eso si corremos con la fortuna de que alguien más los tenga”, añadió la especialista.

Además, la calidad de los instrumentos con los que cuentan “deja mucho que desear”. Las consecuencias, insistió la enfermera, son para los pacientes que no olvidan las malas experiencias de ser picados por una aguja dos o tres veces.

“Si solicito 50 catéteres de tal clase, sólo recibo 20 y esos son de mala la calidad. Nos aseguran que es un problema de presupuesto, pero un paciente nunca va a olvidar la cantidad de piquetes que les damos para tener un acceso venosos permeable. La mala calidad de los catéteres nos impide canalizar una vena adecuadamente. Otro ejemplo son las agujas y jeringas. Las agujas se nos tapan, los equipos a veces están rotos y se llenan de burbujas de aire. Para resolver el problema nos solicitan que enviemos escritos, así que nos llenamos de una cantidad de cosas burocráticas absurdas sin que nos consigan las cosas de calidad”, aseguró Ana.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México existen 302 mil enfermeras y enfermeros. Por cada 100 mil personas en esta ocupación, 43 son profesionales o especialistas, 31 técnicas y 26 auxiliares de enfermería. Y de cada 100 profesionales, 85 son mujeres.

La Encuesta de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2018, colocó a las enfermeras en el tercer puesto en términos de respetabilidad de su quehacer. Con un 41.5 por ciento son superadas por los bomberos (59.5 por ciento) y los inventores (48.4 por ciento).

Estas cifras no coinciden con la percepción diaria de Ana, quien consideró que se les trata de manera diferenciada de los médicos, a pesar de que ellas también son profesionales de la salud con decisiones autónomas:

“La población tiene una información errónea acerca de lo que es un profesional de la salud. Generalmente los pacientes dan gracias al médico y casi nunca reconocen la labor que tiene la enfermera para con ellos. El grupo de enfermería es muy heterogéneo porque hay desde auxiliares, enfermeras generales, licenciadas, maestras y doctoras en enfermería y eso la población lo desconoce. Nos coloca como ayudantes del médico y en realidad nosotras tomamos decisiones propias y autónomas sin necesidad de la presencia del médico”, reflexionó.

En México existen 302 mil enfermeras y enfermeros. Por cada 100 mil personas en esta ocupación, 43 son profesionales o especialistas, 31 técnicas y 26 auxiliarles de enfermería. En la imagen se observa a las profesionistas de la Escuela Militar de Enfermería. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

Las enfermeras son las encargadas de la organización de todos los servicios. Reciben a los pacientes, los canalizan, los atienden cuando tienen alguna necesidad (incluyendo las básicas) y además hacen inventario y llenan los formularios. Sus jornada de trabajo durar entre 8 y 10 horas diarias, mientras que la de los médicos en hospitales públicos van de 6 a 8 horas diarias.

No obstante, sus salarios están por debajo que el de los médicos. De acuerdo con Medscape, el principal sitio de referencia en línea para médicos y profesionales de la salud, la remuneración bruta anual de un doctor es de 402 mil pesos, lo que equivale a 33 mil 500 pesos al mes. Mientras que enfermeras como Ana perciben un salario mensual de 10 mil pesos.

“Ganamos mucho menos que un médico cuando estamos a la par, porque también somos licenciados y tenemos posgrados, eso es algo que no se reconoce (…) Nosotras trabajamos todo el tiempo paradas y no hay ningún espacio dedicado para nuestro descanso, siempre hay descanso para médicos, pero no hay descanso para enfermeras. Nuestras jornadas son más largas y el trabajo con el paciente es constante, el médico lo visita en pocas ocasiones, por eso los lamamos médicos “lejistas” porque sólo ven a los pacientes de lejos. Padecemos distintos tipos de violencia, la prepotencia médica es uno de ellas. Por norma oficial todas las indicaciones médicas deben ir con fecha y nombre, pero siempre nos entregan notas con garabatos que nosotras tenemos que descifrar ”, explicó.

A título personal, la licenciada en enfermería consideró que la desigualdad entre salarios también tiene una fuerte carga de género. Se paga menos porque ocho de cada 10 son mujeres.

“El salario es otra parte tan importante y poco reconocida. La mayoría de los profesionales de la enfermería somos mujeres. Esta característica nos ha llevado a vivir la discriminación y la falta de reconocimiento a nuestro trabajo. Ganamos menos porque somos mujeres”, agregó.

La carga de dos prejuicios -ser mujer y brindar con vocación un servicio- ha confrontado a las mujeres en el campo médico con distintas clases de desigualdad. La violencia y el acoso son una constante.

ENFERMERAS ANTE EL ACOSO

De acuerdo con el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), los profesionistas tienen tres veces mayor probabilidad que cualquier otro trabajador de ser víctimas de algún tipo de violencia en su lugar de trabajo. Las agresiones dirigidas contras las mujeres enfermeras incluyen ofensas de carácter sexual realizadas por pacientes o colegas que infringen los códigos de ética.

El CIE reconoce que enfermeras y enfermeros son altamente vulnerables a este tipo de riesgos. Las mujeres son aún más y sus principales agresores son los pacientes, familiares de pacientes, colegas, médicos y extraños.

“Es muy común la violencia contra las mujeres enfermeras y viene de parte de las autoridades, de compañeros médicos y pacientes. Somos vulnerables a la violencia de género igual que en otras profesiones, pero aquí es más visible porque estamos trabajando con personas (…) Por parte de los médicos la violencia se manifiesta exigiéndonos cosas que no están en otras manos, gritándonos y faltándonos al respeto. En algunos casos, sobre todo a las chicas jóvenes, el personal médico masculino y el personal de camillas las acosa. Los pacientes nos lanzan miradas lascivas, incluso nos ha tocado que colocan sus manos debajo de las sábanas para poder masturbarse”, afirmó María.

En experiencia de la enfermera, los problemas de esta clase no son atendidos por las autoridades, sino que suelen resolverse entre compañeras porque las quejas formales exigen gran cantidad de papeleo que les imposibilita continuar con su práctica laboral.

La enfermeras confrontan a diario diferentes tipos de violencia ligados a su condición como mujeres. Ana María denuncia que el salario bajo y el acoso sexual se han convertido en acciones cotidianas. Foto: Artemio Guerra, Cuartoscuro.

ESCASOS AVANCES

La experiencia de María como enfermera en diferentes hospitales públicos les ha demostrado que los avances han sido diferentes en cada una de las instituciones.

En su opinión las experiencias más afortunadas han sido las de las clínicas de Secretaría de Salud de la Ciudad de México, hospitales como el Rubén Leñero, Balbuena, Xoco, en donde se han integrado medidas como el ingreso electrónico y hojas de enfermería con algunas nomenclaturas aprobadas por la CIE: la Nanda, Criterios de Resultado (NOC) y de Intervenciones (NIC).

Por el contrario, el ISSSTE ha experimentado un retroceso de 13 años. La enfermera dijo que no cuenta con expedientes electrónicos ni manejan las nomenclaturas, a pesar de que dichas metodologías son consideradas necesarias para poder relacionar el problema real con el paciente y las soluciones.

El retroceso tiene un impacto en la profesionalización de las enfermeras y en la atención estandarizada de los pacientes. Actualmente, en las secretarías de salud no se admiten más auxiliares de enfermería ni enfermeras generales, siendo el grado mínimo de admisión el de licenciatura. En cambio, en el ISSSTE se continúa trabajando con las auxiliares.

“El grupo de enfermería es tan heterogéneo que tiene que haber una profesionalización. En la Secretaría de Salud nos exigen esa profesionalización para que todos trabajemos a un mismo ritmo y conocimiento, pero en el ISSSTE es totalmente lo contrario. Hay enfermeras, auxiliares de enfermerías, enfermeras con especialidad, con maestría y una que otra con doctorado. Esto evita que los procesos pueden estandarizarse para mejorar la calidad de atención del paciente ”, aseveró la enfermera.

Al preguntarle cómo todas estas deficiencias tienen un impacto sobre su trabajo, María respondió: “Me angustia no poder apoyar a mis pacientes. Nos desgasta física y emocionalmente. Nosotras estamos dedicadas al cuidado y no poderles ofrecer oxígeno inmediato o tener los medicamentos a la mano me angustia. Es un enorme desgaste emocional y físico, eso afecta también en nuestros estados de ánimo”.