Los investigadores encontraron que no había un vínculo claro entre el consumo de productos lácteos enteros y el aumento de peso, colesterol alto o presión arterial alta en los niños.

MADRID, 20 de marzo (EUROPA PRESS).- Los niños que consumen productos lácteos con toda la grasa no muestran un mayor riesgo de obesidad o enfermedad cardíaca, según un estudio de investigación de la Universidad Edith Cowan (ECU), publicada este lunes en la revista Advances in Nutrition, para la cual se revisaron 29 estudios de todo el mundo que examinaron el consumo de productos lácteos enteros en niños.

Los investigadores encontraron que no había un vínculo claro entre el consumo de productos lácteos enteros y el aumento de peso, colesterol alto o presión arterial alta en los niños. Sin embargo, la mayoría de los estudios fueron observacionales y se observó una falta de ensayos de buena calidad.

La revisión sistemática de la investigación fue una colaboración entre ECU, la Universidad de Washington y el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson en los Estados Unidos.

La autora principal del estudio, la profesora asociada Therese O’Sullivan, de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud de la ECU, señala que los hallazgos resaltan la necesidad de una mejor evidencia en esta área.

“Las pautas dietéticas en Australia y otros países recomiendan que los niños consuman principalmente productos lácteos bajos en grasa para mantener un peso saludable y una buena salud cardiovascular –recuerda–. Encontramos que los estudios fueron consistentes al informar que los productos lácteos enteros no estaban asociados con mayores niveles de aumento de peso u obesidad”.

“Los lácteos bajos en grasa generalmente se recomiendan tanto para adultos como para niños mayores de dos años debido a su menor contenido de energía y grasa saturada –prosigue–. Sin embargo, los estudios sugieren que los niños que consumieron productos lácteos bajos en grasa en lugar de grasas enteras en realidad estaban reemplazando esas calorías de la grasa con otros alimentos”.

La investigadora añade que “esto sugiere que los lácteos bajos en grasa son menos saciantes que los lácteos enteros, lo que puede llevar a los niños a consumir más de otros alimentos. Los efectos en la salud pueden depender de cuáles son estos alimentos de reemplazo”.

Con la obesidad infantil como un tema importante, la necesidad de pautas basadas en evidencia para los padres nunca ha sido mayor, según el profesor asociado O’Sullivan.

“Los padres ya están abrumados por los consejos contradictorios para la nutrición de los niños, especialmente cuando se trata de productos lácteos con alto contenido de grasa versus bajos en grasa –añade–. Necesitamos más investigación de buena calidad para informar pautas basadas en evidencia para los padres, incluso si eso significa repensar lo que pensamos que sabíamos sobre los lácteos”.

El profesor asociado O’Sullivan también señala que los lácteos enteros pueden desempeñar un papel importante en una dieta equilibrada para los niños en crecimiento.

“Los lácteos son una buena fuente dietética de nutrientes para un desarrollo saludable, incluyendo proteínas, calcio, potasio, fósforo y varias vitaminas –explica–. Aunque las grasas que se encuentran en los lácteos enteros son en su mayoría saturadas, no parecen estar asociadas con los mismos efectos perjudiciales para la salud observados con alimentos como las carnes grasas.