Trump ha construido su presidencia en torno a políticas migratorias de línea dura y la aplicación de medidas estrictas en la frontera con México. Ha estado ansioso de regresar a esos temas luego de meses de encabezados noticiosos negativos acerca del coronavirus y de una economía devastada por la pandemia.

WASHINGTON, Jun 20 (AP).- Para impulsar su campaña por la reelección —golpeada por la pandemia, el colapso económico y las protestas por la brutalidad policial y la injusticia racial—, el Presidente Donald Trump decidió apostar a que puede infundir ánimo a sus simpatizantes más leales si lucha contra el máximo tribunal de Estados Unidos, que esta semana rechazó una de las principales iniciativas del Presidente en materia de migración.

La Corte Suprema decidió el jueves por motivos procesales que el Gobierno no podía poner fin al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), el cual protege de la deportación a los migrantes que arribaron a Estados Unidos durante su niñez. Trump, que con frecuencia intenta que la nación preste atención a cuestiones de migración cuando se ve obligado a defenderse en otros temas, dijo el viernes que redoblaría esfuerzos en ese frente.

Su pretensión de aprovechar el tema migratorio es arriesgada, aun para alguien que ha construido su carrera política desafiando los estándares convencionales. Le podría permitir a Trump generar entusiasmo entre sus seguidores en torno a un asunto que fue crucial para su victoria de 2016 y al mismo tiempo evidenciar las dificultades del candidato demócrata Joe Biden para granjearse a los electores hispanos, pero también podría alejar más a los votantes indecisos, entre ellos las mujeres de regiones suburbanas que podrían ser decisivas en las elecciones.

Algunos republicanos creen que, cuando faltan menos de cinco meses para las elecciones de noviembre, no vale la pena librar ese combate.

“No tiene ningún sentido político, ni moral, ni ético”, dijo el estratega republicano Tim Miller, frecuente crítico de Trump y exintegrante de la infructuosa campaña de Jeb Bush para obtener la candidatura presidencial republicana en 2016. “Cualquiera al que le agrade (Trump) por su disposición a ‘incursionar’ en cuestiones raciales y de inmigración ya lo apoya y él no está obteniendo el respaldo de nadie más”.

Aun así, Trump ha construido su presidencia en torno a políticas migratorias de línea dura y la aplicación de medidas estrictas en la frontera con México. Ha estado ansioso de regresar a esos temas luego de meses de encabezados noticiosos negativos acerca del coronavirus y de una economía devastada por la pandemia.

El Presidente planea viajar a Arizona la próxima semana para festejar la construcción de 320 kilómetros (200 millas) de nuevo muro fronterizo que ha sido completado durante su mandato y para llevar a cabo apenas su segundo mitin después de que la campaña fue suspendida durante meses debido a la pandemia de COVID-19, que ha dejado más de 100 mil muertos en el país.

Su decisión de reanudar los mítines a pesar de las preocupaciones de contagio por el virus es otro ejemplo de su determinación para transformar un problema en una lucha política del agrado de sus simpatizantes.

Pero el COVID y el muro fronterizo son distintos al DACA, que desde hace 8 años protege de la deportación a 650 mil personas que fueron traídas a Estados Unidos cuando eran niños y les otorga permisos de trabajo.

Las encuestas muestran que hay un apoyo generalizado al programa, así como a los inmigrantes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos sin que ellos lo decidieran.

Algunos aliados de Trump reconocen los temores de perder el respaldo de los electores moderados, pero el Presidente y ciertos aliados alegan que eso será compensado fácilmente por la emoción que generarán sus acciones entre los conservadores inquebrantables.

Mientras tanto, Biden ha prometido enviar un proyecto de ley al Congreso para incluir el DACA en los códigos de leyes en su primer día como presidente, si es elegido, pero también se ha negado a respaldar una despenalización de los cruces fronterizos ilegales, a diferencia del senador Bernie Sanders y otros demócratas que intentaron infructuosamente obtener la candidatura presidencial de su partido.

Sanders superó constantemente a Biden en los sondeos entre los electores hispanos durante las primarias, lo cual ayudó a que el senador obtuviera grandes triunfos en Nevada y California, aunque Biden mejoró un poco su imagen entre los latinos en estados como Texas y Arizona.

Chuck Rocha era el principal asesor de Sanders en el acercamiento a los hispanos y desde entonces ha lanzado un comité de acción política enfocado en motivar a los electores latinos, en especial en estados muy disputados, como Pensilvania. Dijo que ya tiene “gente trabajando en ello” y planea usar la decisión sobre el DACA —y el compromiso del presidente de volver a los tribunales— “para marcar un contraste entre Joe Biden y Donald Trump”.

“Hay un factor de motivación que nos preocupa con los latinos jóvenes que respaldaron a Bernie Sanders y que aún no apoyan a Joe Biden”, afirmó Rocha. “Pero estas personas fueron a la escuela con estos beneficiarios del DACA. Estos chicos son amigos de estos beneficiarios del DACA. Esta gente entiende que sus amigos son tan estadounidenses como ellos, así que realmente llega al corazón de un asunto emotivo”.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, dijo el viernes que “los demócratas realmente parecen estar utilizando a algunos beneficiarios del DACA como peones” con fines electorales y añadió: “Eso es despreciable”.

Julia Rodriguez, una alta asesora de la campaña de Biden, dijo por su parte que el precandidato demócrata no está dispuesto a quedarse con los brazos cruzados mientras “Trump continúa incrementando sus acciones para fortalecer su base de seguidores”. Más bien, dijo, Biden está “acercándose a las mujeres votantes, a los votantes jóvenes, a los votantes de color”.

Trump y su campaña también han enfocado su respuesta a la decisión de la Corte Suprema sobre las acciones que han tomado para nominar a jueces más conservadores para el máximo tribunal. Eso a pesar del hecho de que el presidente del tribunal John Roberts, que fue nombrado al puesto por el presidente republicano George W. Bush, es el autor del fallo sobre el DACA.

Trump ya ha utilizado a las cortes federales como un poderoso factor de motivación para su base de simpatizantes, azuzando temores en torno a posibles funcionarios demócratas seleccionados para ingresar a ellas. Durante años los conservadores han considerado que obtener una representación dominante en las cortes federales es crucial para disminuir la velocidad de la transformación cultural del país y en gran medida Trump los ha complacido, nombrando a más jueces que Barack Obama o cualquier otro de los últimos presidentes.

“Los jueces conservadores fueron una cuestión muy importante en 2016 y lo serán de nuevo este noviembre”, afirma Tim Murtaugh, portavoz de la campaña de Trump.

Marisa Franco, radicada en Arizona y cofundadora de Mijente, una organización activista política que organiza a los hispanos, dice que ve la decisión sobre el DACA — y la respuesta de Trump — como “una oportunidad para Biden”, pero considera que el prometer enviar un proyecto de ley al Congreso es insuficiente.

“Creo que él puede ir más lejos y debe ir más lejos para realmente solucionar estos problemas”, afirmó Franco. Dijo que agencias federales como el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas “realmente operan en forma similar a lo que estamos viendo en los departamentos locales de policía en todo el país. Están operando con cheques en blanco sin rendición de cuentas” y Biden “necesita intervenir y limpiar la casa”.