Ciudad de México, 20 de julio (SinEmbargo).– La Primavera Árabe que se originó en Túnez a finales de 2010 está más viva que nunca; gracias a las redes sociales se ha extendido a otros países. Ahora resurge en Egipto y Turquía, países que la vieron nacer y que se convirtieron en punta de lanza para una serie de levantamientos en la región en contra de sus gobiernos.

Los egipcios fueron los primeros en seguir el ejemplo tunecino y alzar la voz en 2011 ante la dictadura de Hosni Mubarak, misma que lograron derrocar, pero el nuevo Gobierno, encabezado por Mohamed Morsi no duró mucho y tras un golpe de Estado culminó el pasado 3 de julio.

En Turquía las manifestaciones apenas llevan mes y medio, pero no se han dejado debilitar pese a la constante violencia de las fuerzas del orden.

Los turcos no se amedrentan fácilmente e incluso emplean su sentido del humor para darle un toque diferente a sus protestas.

Los movimientos de inconformidad de los últimos años tienen algo en común: la mayoría de los jóvenes utilizan las redes sociales para organizarse, transmitir sus mensajes e imágenes de la violencia policial ante medios oficiales que se mantienen fieles a los distintos regímenes.

Desde el Cairo hasta Estambul, Facebook y Twitter se han convertido en herramientas de los miles de manifestantes.

En el caso de Egipto, uno de los sitios de “reunión” de los inconformes con el Gobierno fue el perfil en Facebook de Jalid Said, uno de los manifestantes que murió a manos de la policía. Tras su deceso, el lema “Todos somos Jalid Said” se convirtió en la voz de un pueblo cansado y enojado con sus autoridades.

En tanto, en Turquía la represión policial se comparte minuto a minuto en la red de los 140 caracteres, donde el uso de hashtags es constante para compartir información con todo el mundo.

Símbolo turco de las protestas. Foto: Twitter

Símbolo turco de las protestas. Foto: Twitter

EGIPTO

Fue el segundo país donde se propagaron las revueltas de la Primavera Árabe.

Luego de un proceso electoral realizado en noviembre de 2010, Mubarak resultó electo por quinta vez consecutiva, en medio de muestras de rechazo por parte de los ciudadanos, hartos de un régimen que comenzó en 1981.

En enero de 2011 las protestas contra el dictador se hicieron más constantes e incluso varios egipcios se prendieron fuego ante la falta de oportunidades.

Miles de personas pidieron la dimisión de Mubarak, pero éste se negó a escucharlos y dio pie a enfrentamientos entre sus partidarios y sus detractores que acabó con más de 800 muertos, hasta que finalmente fue derrocado el 11 de febrero de 2011.

Mohamed Morsi se convirtió entonces en el Presidente de Egipto, pero Mubarak aún tenía una deuda con la justicia.

Se reveló que el ex dictador poseía una fortuna estimada en 70 mil millones de dólares, mientras 40% de los 80 millones de egipcios vivían con dos dólares o menos al día.

En junio de 2012, Mubarak y su Ministro del Interior, Habib al Adli, fueron condenados a cadena perpetua por su participación en la represión durante las protestas en su contra; sin embargo, en mayo de este año una corte confirmó la absolución al ex mandatario, cuya salud se ha deteriorado.

Pero con menos de un año en el poder, la popularidad de Morsi decayó y con ello las protestas se hicieron latentes en busca de su dimisión.

El pasado 22 de noviembre el entonces Presidente blindó sus poderes ante la justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución, lo que motivó grandes protestas de la oposición, que lo calificó como un “nuevo faraón”.

Desde ese día, la oposición le dio totalmente la espalda, dividiendo al país entre quienes lo apoyaban y los que querían derrocarlo.

Las nuevas manifestaciones hicieron pensar a muchos que la Primavera árabe continuaba teniendo fuerza.

Pese a que Morsi buscó reconciliarse con el pueblo, lo hizo demasiado tarde. El pasado 30 de junio dirigió un discurso a la nación, en el que reconoció haber cometido errores en su primer año de mandato y afirmó que aún eran necesarias reformas “profundas y rápidas” para lograr los objetivos de la transición.

Pero nada frenó las movilizaciones en su contra. Incluso el grupo opositor Tamarrud (Rebelión) dijo haber recolectado 22 millones de firmas para respaldas la realización de elecciones anticipadas en Egipto.

Tras un ultimátum, el 3 de julio el Ejército tomó las instalaciones de le televisora estatal y rodeo con alambres de púas las oficinas de Morsi. Se habló entonces de un golpe de estado en el que Morsi fue destituido.

Una explosión de júbilo inundó la plaza Tahrir, punto emblemático de las manifestaciones.

Mientras se convoca a nuevos comicios, el titular del Tribunal Constitucional Supremo, Adly Mansur, asumió provisionalmente la Presidencia, mientras los opositores y simpatizantes del ahora ex mandatario salen a las calles e incluso han protagonizado enfrentamientos que han dejado alrededor de 15 muertos.

TURQUÍA

La Primavera Árabe también ha revivido en Turquía, gracias a miles de jóvenes que se reúnen en la Plaza Taksim.

Todo comenzó con una acampada pacífica por la defensa de un parque público amenazado por los planes urbanísticos en Estambul, pero se convirtió, el pasado 31 de mayo, en el comienzo de una serie de protestas que pronto se extendieron por todo el país, ante una dura represión policial.

Ese día, los manifestantes intentaron ocupar Taksim y el parque Gezi, pero los agentes antidisturbios arremetieron en su contra, usaron cañones de agua presuntamente con sustancias químicas y gas lacrimógeno. Ese detonante llevó a los turcos a la calle a pedir fin al autoritarismo.

Los turcos ahora protestan contra la islamización y al Gobierno del primer ministro, desde 2003, Recep Tayyip Erdogan, así como por la falta de democracia.

De nueva cuenta los jóvenes que encabezan la revuelta son quienes a través de las redes se comunican y comparten información. Justamente fue gracias a Twitter que muchas personas se enteraron de las primeras protestas y la violencia policial, pues los grandes medios turcos apenas informaron del asunto.

“Yo vi un par de tuits de fuentes creíbles, cogí un taxi y me vine”, comentó a El País Engin Onder, un publicista de 22 años y miembro de la organización 140journos, que distribuye información a través de Twitter.

“Verificamos toda la información: nuestros dos criterios son que la persona que informa esté en el lugar donde están ocurriendo los hechos y que lo haga en tiempo real”, explicó al medio español.

Las protestas turcas se han caracterizado por su creatividad. Por ejemplo el músico alemán Davide Martello tocó el piano durante 17 horas en la plaza de Estambul durante una manifestación, según él, buscaba proteger a los protestantes.

A pesar de la violenta represión de las protestas por parte de la policía, los turcos no pierden el sentido del humor y dejan volar su imaginación.En uno de sus discursos, Tayyip Erdogan llamó a los manifestantes “çapulcu”, que se traduce como “maleante”, “vándalo” o “saqueador”, mote que ha sido adoptado por los inconformes y lo han difundido en Facebook y Twitter.

El pingüino se ha convertido en uno de los emblemas de las protestas antigubernamentales. Su imagen circula como protesta ante la falta de cobertura de las movilizaciones y se originó luego de que en pleno conflicto un canal de televisión transmitiera un documental sobre pingüinos.

El grupo Anonymous apoya las manifestaciones y el mes pasado hackeó más de 150 páginas del Gobierno como muestra de solidaridad.

Derivado de la represión, cerca de ocho mil personas han resultado heridas y centenares se encuentran detenidas.

LOS INICIOS DE LA PRIMAVERA

Túnez fue el primer país en iniciar las protestas en la llamada Revolución tunecina o de los Jazmines.

Las manifestaciones dieron inicio el 17 de diciembre de 2010, cuando el joven universitario y vendedor ambulante de frutas Mohamed Bouazizi se prendió fuego en la ciudad de Sidi Bouzid, para protestar por la acción de la policía que le aseguró su puesto y lo dejó en paro. Para los tunecinos, el hombre de 26 años se convirtió en un héroe y dio paso a una revuelta popular que terminó derrocando al dictador Ben Ali tras 23 años de mandato.

El primer ministro Mohamed Ghanuchi asumió el poder con la promesa de una transición democrática y ayuda económica para la población.

La inconformidad popular comenzó a gestarse desde hace años en distintos países.

En el 2000, tras la muerte del Presidente sirio Hafez al-Asad su hijo Bachar al Asad llegó al poder. El cambio presidencial hizo pensar a muchos en nuevas políticas, pero no fue así.

En 2011 reprimió las protestas en su contra con total brutalidad. El pueblo sirio se tiñó de sangre con una guerra civil en la que, hasta la fecha, han muerto más de 90 mil personas, según cifras de la ONU; además, se registran matanzas, ejecuciones sumarias y torturas.

En el caso de Libia, las protestas comenzaron en enero de 2011 contra Muamar Gadafi, quien estuvo en el poder 42 años.

De nueva cuenta las redes sociales fueron el punto de encuentro de los inconformes, que a través de ellas convocaban a las manifestaciones, como por ejemplo a la “Revuelta del 17 de febrero: Día de la Ira en Libia”.

Tras protestas y luego de esconderse por un tiempo, Gadafi fue hallado por los rebeldes, quienes, según videos, lo golpearon y habrían ocasionado su muerte el 20 de octubre de 2011.

En dicha nación aún se encuentra pendiente una etapa de consensos para culminar la transición tras el fin del régimen.

En Yemen, miles de personas salieron a la calle la última semana de enero de 2011 para pedir cambios después de 32 años de Gobierno de Ali Abdalá Saleh, quien renunció tras las protestas y fue sustituido por Abdo Rabu Mansur Hadi, elegido para liderar el proceso de transición hacia la democracia; sin embargo, tiene pendiente la preparación de elecciones presidenciales y legislativas para febrero del próximo año.

En Baréin, bajo el control del monarca Sheikh Hamad bin Isa al Khalifa, la mayoría de la población es chíí, pero está gobernada por la dinastía suní. Los ciudadanos exigen reformas democráticas, respeto por los derechos humanos, igualdad y la libertad de los presos políticos, así como el final de la discriminación por parte del régimen en el poder. Las protestas han llegado a reunir a más de un millón de personas en la Plaza de la Perla en el centro de Manamá, la capital.

Las manifestaciones se han recrudecido gracias a la represión policiaca contra los manifestantes.

A principios de enero de 2011, cientos de jóvenes protestaron en Argelia contra el alza en los precios de algunos productos básicos, así como la falta de libertad de expresión, de vivienda, el desempleo y las pobres condiciones de vida. Como protesta, varios jóvenes se prendieron fuego.