El cineasta del humanismo y las hondas reflexiones en películas de acción vertiginosas. Foto: Especial

El cineasta del humanismo y las hondas reflexiones en películas de acción vertiginosas. Foto: Especial

Ciudad de México, 20 de julio (SinEmbargo).- Sobre todo el humanismo de su cine, es lo que el crítico, investigador y docente de cine José Antonio Valdés Peña destacará en su curso Akira Kurosawa: La angustia del samurai, a llevarse a cabo en la Cineteca Nacional, durante 16 sesiones, a partir del 1 de agosto, hasta el 28 de noviembre próximos.

“No hay nada que hable más de un artista, que su trabajo”, escribió en su autobiografía el fascinante cineasta japonés, autor de obras primordiales de la cinematografía del siglo XX, por caso Rashomón y Los siete samuráis, entre tantas otras realizadas a lo largo de una carrera de mas de 40 años, prolífica y personal como pocas.

Para Valdés Peña, el legado de Akira Kurosawa (1910-1998) se traduce por un lado en un sincretismo que le ocasionó no pocos problemas en su natal Japón y sobre todo el gran humanismo de su cine de autor.

Sus películas han sido objeto de estudio porque lograron conjugar elementos del cine japonés con la perspectiva occidental y por que además han sido influencia para otros creadores como los estadounidenses Martin Scorsese, George Lucas, Steven Spielberg y Quentin Tarantino, quienes lo consideran su maestro.

Como parte del Diplomado en Historia del Cine Mundial, en su módulo optativo Cine de autor, el curso de José Antonio Valdés Peña se impartirá los sábados a partir de las 17:00 y  hasta las  20:00 horas, con un costo de $2,500.

Las inscripciones se realizarán del 15 al 31 de julio o hasta agotar el cupo disponible en el Departamento de Extensión Académica de la Cineteca Nacional.

Un curso para entender un cine primordial. Foto: Cineteca

Un curso para entender un cine primordial. Foto: Cineteca

Kurosawa es uno de los cineastas más influyentes de la historia del cine, formado como  profesional en pintura y literatura, incursionó en el mundo fílmico en 1943 con su largometraje La leyenda del Judo y en 1950 llevó el cine de su país a los ojos de occidente en la Muestra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia.

El cineasta es uno de los pioneros del cine de acción, con características sumamente humanas en sus personajes.

El estudio de su obra abarcará filmes como Rashomon (1950), con el que se dio a conocer al mundo al ganar el León de Oro en Venecia en 1951; Los siete samuráis (1954), en su tiempo la película  japonesa más ambiciosa en términos de presupuesto, producción y éxito taquillero y que muestra también la influencia del western en el trabajo de este director. Se incluyen también Barbarroja (1965) y Sueños (1990) último filme del artista.

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“Lo considero uno de los cinco directores más importantes en la historia del cine”, dice a SinEmbargo José Antonio Valdés Peña. Para el experto, se trata de uno de los cineastas más virtuosos que haya tenido el cine del siglo XX y cuyo principal mérito ha sido unir las culturas japonesa y occidental.

“Su formación fue muy universal, era una persona de mundo para la que no fue un problema fusionar culturas. Hizo una versión de Macbeth, de William Shakespeare, en el entorno samuráis en Trono de sangre, realizó adaptaciones de la novela negra estadounidense al Japón de los ’60 como en Cielo e infierno –de Ed McBain- o llevó al cine la famosísima Cosecha roja, de Dashiell Hammett en una película que se llamó Yojimbo”, explica Valdés Peña.

“El sincretismo cultural que abonó le trajo muchos problemas en Japón, donde la cultura es muy cerrada. Durante los últimos 20 años de su carrera, de no ser por el amor de fans como George Lucas, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y los cineastas soviéticos, Kurosawa no hubiera filmado ninguna película más en su país natal”, agrega.

Kurosawa, en la visión de Valdés Peña, es un hombre que ha hecho cine de acción, pero antes que la acción, la espectacularidad y el movimiento el interesa es el lado humano, que el espectador conozca a fondo a los personas, convencido como está el cineasta de que la salvación del hombre está en el hombre mismo.

“La obsesión por alcanzar y retener el poder; la obsesión por tener la vida y la muerte en las manos como le sucede al personaje de Toshiro Mifune en Barbarroja, son reflejo de un cine de autor humanista al que vale la pena estudiar todas las veces que sea posible”, concluye.