En entrevista con SinEmbargo, David Pastor Vico, filósofo de la Universidad de Sevilla, habla sobre Filosofía para desconfiados, su libro, los retos de los jóvenes, la migración, las políticas, las redes sociales y otros temas.

Ciudad de México, 20 de julio (SinEmbargo).– “Vivimos en una sociedad en la que somos incapaces de mirar al otro como un igual. Cuando parece un migrante, que puede venir desesperado por una situación de pánico o hambre, resulta que todos los países le ponen políticas en contra”, señala David Pastor Vico, filósofo de la Universidad de Sevilla.

Pastor Vico, quien fue invitado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para coordinar proyectos especiales en la Dirección General del Deporte Universitario, se encuentra presentado Filosofía para desconfiados, un libro que te recuerda que “eres un animal y no tiene nada de malo reconocerlo”.

En entrevista con SinEmbargo, David, actual promotor de la Red Universitaria de Aprendizaje y profesor de Asesoría y Tutoría Pedagógica en la Dirección General del Deporte Universitario de la UNAM, habla sobre su texto, los retos de los jóvenes, la migración, las políticas, las redes sociales y otros temas.

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–¿David Pastor es un filósofo del siglo XXI?

–Creo que soy un filósofo de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. Gran parte de mi vida ha sido en el siglo XX, y la música que escucho es del siglo XX. Ironmaiden sigue siendo del siglo XX, aunque toque en el siglo XXI. Soy un arrimado al siglo XXI. Tengo los pies muy clavados en el siglo XX, me duelen muchas cosas del siglo XX. Soy heredero de las políticas del siglo XX. Soy hijo de migrantes, represaliados por el franquismo. Soy migrante en México. De alguna manera estoy a medio camino. No soy millennial, sigo siendo de la generación X. Lo entiendo así.

–¿Qué te parece la situación actual de los migrantes?

–La situación actual de los migrantes nunca es buena. Nunca. Pensar que un migrante puede vivir una situación buena, es una estupidez. Yo quisiera estar en mi país, pero México me ha tratado muy bien. Yo vine invitado por la UNAM. Me invitaron a trabajar en México. La situación en España no era cómoda. Yo trabajaba en la Universidad de Sevilla, hacia radio, televisión, difusión de la filosofía, pero la crisis española se lo estaba comiendo todo, y lo primero que se recorta cuando hay una crisis, es en la cultura, la educación y la sanidad. Yo sabía que mi cabeza la iban a cortar. Iba a tener que dedicarme a cualquier otra cosa, y justo vino la invitación de la UNAM. Para mí, la UNAM es la máxima universidad de todo el espectro en español. Muchos de mis profesores se doctoraron en la UNAM. Yo me volví loco. Metí mis libros, mi coche, mi casa en un barco y me vine a México. En ese sentido yo soy un afortunado. Yo escapé de una situación mala, pero no estaba en la miseria, no estaba desamparado. Sin embargo, para los migrantes todas las situaciones son malas. Yo tuve la suerte de poder venir. ¿Cómo veo la migración hoy en día? Jodidísimo. Lo veo muy mal. Estamos viviendo en una sociedad egoísta, individualista. Vivimos en una sociedad en la que somos incapaces de mirar al otro como un igual. Cuando parece un migrante, que puede venir desesperado por una situación de pánico o hambre, resulta que todos los países les ponen políticas en contra. No es una situación de México. No es lo que pasa con los centroamericanos que intentan entrar por la frontera sur. Mira España, había un cupo para los refugiados sirios y no se está cumpliendo. Está habiendo un auge de los egoísmos, de los nacionalismos populistas, y de ideas que Arthur Schopenhauer ya trató de estúpidas. Decía Schopenhauer que el nacionalista es todo aquel cretino que no tiene motivos de enorgullecerse de sí mismo y se enorgullece del país en el que vive. Eso es un patriota, un nacionalista. También decía Schopenhauer que nacionalista es todo aquel que cree que el país en el que nació es mejor. Eso es una estupidez. Si Donald Trump hubiera nacido en Brasil, sería un nacionalista brasileño. Es un problema. ¿Cómo veo la cuestión de la migración? Grave, pero necesaria. Ningún país ha progresado aislado. Todos los países aislados, fracasan. No evolucionan. La inmigración produce un choque cultural, pero el avance cultural también. Tiene un costo. Siempre habrá un costo en vidas, en culturas que son desechadas. Pero siempre será necesaria. La migración es distinta en América y Europa. En América, todo el que viene tiene aspecto latinoamericano. En Europa el que quiere entrar tiene varios aspectos. Se hace racismo por cromatismo de piel. Sin embargo, en Europa no se han dado cuenta que tienen una población sumamente envejecida y que se necesita de gente nueva que pague las pensiones de la gente vieja. Si no permitimos que entren migrantes, Europa se convertirá en un desierto. La estupidez está por encima. La estupidez siempre está por encima de las soluciones a futuro. Se está calentando el planeta. Nos vamos a cocer en nuestros propios jugos y las decisiones de los políticos impiden que tomemos medidas a medio plazo. Sus legislaturas duran cuatro, seis o ocho años. Lo que no sea de su periodo, no lo quieren. Eso hablo en el libro. ¡Aguas con las reformas educativas! Si la reforma dura seis años, truncamos todo el desarrollo educativo de los niños. Estamos jodiendo al más débil. Estamos destrozando la vida de los jóvenes.

David Pastor Vico. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

–¿La Universidad no es un antídoto para la estupidez? Es una de las ideas de Filosofía para desconfiados, tu libro.

–Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta. Esa es una frase antigua. Esa frase es una revisión de una frase latina de la Universidad de Salamanca. Si naces cenutrio, vas a ser un cenutrio muy culto, pero seguirás siendo un cenutrio. La Universidad te podrá dar un título y acceso al trabajo, pero si tu escala de valores no está recta, la Universidad no te lo dará. Hay magníficos asesinos que son universitarios. La Universidad ofrece posibilidades para el que las sepa ver. Hay gente que entiende la Universidad como una escalera hacia el ascenso social. Esto no es verdad. En México, la posibilidad de escalar un sólo escalón social se reduce al 7 por ciento. La Universidad cumple una función: formar, pero los otros círculos marcarán la pauta. Tal vez hace 50 años ser licenciado te abría las puertas del Palacio Municipal, pero ahora no. La Universidad es para desarrollarte socialmente. Hay mucha gente que sólo conoce su escuela, su colonia y al llegar a la Universidad se encuentra con otra realidad. Si vas con la visión de querer un título y ganar para ganar un buen carro, la has cagado. La Universidad tiene un doble filo: abrir el mundo o se puede convertir en una expendedora de diplomas. Entras imbécil, sales imbécil con título. Hay gente que no acabó la Universidad y es maravillosa. El título no quita lo pendejo.

–Hablas con muchos jóvenes.

–Todos los años dos la plática de bienvenida de la UNAM a alumnos de Contaduría y Administración.

–¿Cuáles son los retos que enfrentarán todos los jóvenes a los que les hablas?

–Hay muchos. El universitario tiene que aprender, ante todo, modestia, humildad. Tenemos un sistema universitario en México bastante bueno. Avanzan los buenos, pues hay poco espacio. Es un sistema que premia al que premia al que más ha hecho más méritos para avanzar. Si pudieras ofertar un millón de plazas, no hablamos de nada, pero no se puede. Muchos de estos chicos vienen muy crecidos. Han hecho un examen chingón. Uno de cada 9 ha entrado. Me pasó. En cuatro días en la Universidad me di cuenta que todos éramos iguales. El reto de nuestros jóvenes es que llegan a la Universidad sin darse cuenta que tienen que conocer al que tienen a un lado. No lo hacen porque estamos en un momento de crisis de la confianza interpersonal. Nuestros hijos han hecho un recorrido sin hacer contacto con los demás. Van en el camión y no hablan con sus compañeros. Si fueran juntos, podrían llegar a un acuerdo con el chofer. Se podrían hacer muchas cosas hablando. ¿Cuál es el reto? Explicar que cuando egresen tendrán trabajos malos y que nunca estarán solos en los puestos de trabajo. Siempre tienes que aguantar a alguien. Ellos no se dan cuenta porque los hemos educado en la desconfianza. El reto no es que sean buenos profesionistas, sino que sean buenos ciudadanos. Hay que convencerlos que tener amigos es bueno.

–Existe esa desconfianza cuando se va a hablar con alguien, pero en el libro planteas que en redes sociales tenemos una confianza ciega.

–El ser humano es un animal de confianza. Si los seres humanos no confiáramos, no hubiéramos salido de las selvas. Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que se ha roto el tejido social. ¿Qué sucede con las redes sociales? Nada. Son empresas que han hallado el nicho perfecto. Nuevos jóvenes siguen teniendo el instinto de confiar y aparecen las redes como la panacea a todos sus problemas. Les llega una solicitud. Creen que tienen amigos. Crees que todo el que está en tu red es tu amigo. Tienes una sensación de control. Pero no: imagina que yo soy tu vecino, abres y te pregunto datos personales. Cerrarías la puerta, pero en redes regalamos información. Las redes son un pseudo clan. Nos aporta seguridad, confianza. Decimos barbaridades. No nos damos cuenta que son empresas privadas. En el libro digo que hay una serie de resortes emocionales. Somos animales de confianza. Eso lo vemos en la dicotomía chairo–fifí. Todos creen que tienen la razón y no dudan. Dentro de su grupo están cómodos y se sienten fuertes. Son pseudo clanes. Todos hacen lo que deben hacer. Tienen conocimiento de quién es el otro. Pseudo clanes siempre tienen una motivación económica. A los resortes emocionales siempre hay alguien atento.

–¿Nos darías tu opinión sobre el México del cambio?

–Hay un problema. México tiene un artículo constitucional que impide que un extranjero hable del Gobierno. No quiero meterme ahí. Me meten en un avión. Hay cosas que pasan en México que pasan en otros lugares. Tenemos la sensación de que la Cuarta Transformación es sólo nuestra. Esto es más común de lo que la gente se puede imaginar. Todo el pueblo que desconoce su historia, está condenado a repetirla. Ahora que hay tanta sectorización, lo que se produce una fractura social. Hay expectativas altas y esto puede generar decepción. Hay que tener cuidado. Si el ser humano se decepciona, no vota con la cabeza, sino con las tripas. Tenemos el ejemplo perfecto en Brasil con Jair Bolsonaro. Gobiernos de izquierda consiguieron avances, y apareció un manipulador-fascista que consiguió dar la vuelta a la tortilla. Lo mismo en Estados Unidos con Obama y Trump. Hay que poner atención a la aparición a algún movimiento que aparezca con siglas nacionalistas. ¡Aguas! Es lo que pasa en Francia, España, Grecia, Reino Unido, Holanda. Cuidado. Estamos sentados en nuestras miserias y no vemos lo que pasa en el resto del mundo. Problemas son globales. Me daría tristeza que tuviera que irme del país porque llegue un Trump o un Bolsonaro a México. Cuando ha intentado entrar gente por la frontera sur, nos encontramos a gente capaz de votar por imbéciles de ese corte. Se puede polarizar la situación y puede aparecer un líder de ultraderecha. Estaremos en un problema muy serio.

–¿Cuál es la importancia de la filosofía en un México tan lastimado, tan dañado por la violencia?

–La filosofía es como una buena medicina preventiva. Si lo entendemos así, entenderemos para qué sirve. Si tenemos un problema de colesterol, nos mandan una dieta. La filosofía es una dieta espiritual preventiva. Nos permite entender cómo es el mundo. Nos permite entendernos a nosotros. Eso se llama el pensamiento crítico: entender que los demás responden a unas realidades. La filosofía es preventiva. Es casi gratuita. Con un buen libro de filosofía alejas al psicólogo, te acercas al ser humano. Entonces puedes decidir cambiar las cosas. El cambio climático avanza, pero no se hace nada porque nadie confía en el poder de cambio que tiene. Se debe hacer esfuerzo. Conócete a ti mismo, así podrás conocer a los demás. Ese es el esfuerzo del libro. Se lee fácil, pero no es tan fácil. Te da herramientas para quedarte ahí o seguir.