Más allá de la de aceptación con la que cuenta Andrés Manuel López Obrador y los berrinches de las viejas estructuras, en México va caminando un proyecto de nación, un proyecto social diferente, señala Fritz Glockner, historiador y escritor. Y es precisamente en este México en el que los fantasmas del pasado tienen la oportunidad de dialogar, añade en entrevista con Puntos y Comas.

Ciudad de México, 20 de septiembre (SinEmbargo).– Durante décadas, el Estado mexicano intentó esconder los fantasmas para evitar que se convirtieran en cadáveres, pero en la realidad actual esos espectros tienen la oportunidad de dialogar, señala Fritz Glockner, escritor, historiador y periodista poblano.

En Los años heridos. La historia de la guerrilla en México. 1968-1985, su más reciente libro, Glockner reúne a detalle “los movimientos, las estrategias, los motivos, las circunstancias, los momentos y las limitantes a las que se han enfrentado campesinos, proletariado, pero, sobre todo, el estudiantado al momento de defender ideales e ideologías”.

Fritz parte del movimiento de 1968, después viaja y muestra la evolución de la guerrilla “con base en relatos, publicaciones históricas y periódicas, entrevistas, entre otros documentos. Señala que el México de hoy se desarrolla sin mirar los levantamientos que permitieron el cambio de conciencias, a la par que mantiene fantasmas oscuros como la represión, el asesinato, la tortura, las desapariciones forzadas, el control de la información” (Planeta, 2019).

En entrevista con Puntos y Comas, Fritz Glockner, quien se desempeñara en 1994 como uno de los principales encargados de prensa durante de la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, dice que la función de la historia es precisamente liberar a los fantasmas.

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–¿Cuál es la importancia de nombrar a los fantasmas que el Estado trató de ocultar durante tantos años?

–Es importantísimo. El fantasma es un espectro que actúa en el presente. El fantasma se te aparece y puede convocar a la temblorina. De pronto los cadáveres no, los cadáveres son pasado sucio. El fantasma es pasado actual. Es evidente que el Estado mexicano intentó secuestrar a los fantasmas. Intentó esconderlos, meterlos bajo la alfombra para evitar que se convirtieran en cadáveres, pero me parece que la función de la historia es liberar a esos fantasmas.

–¿Nos cuentas sobre el proceso de investigación para la construcción de este libro?

–Fueron tres décadas. Se construyó, no lo negaré, en algún momento desde el desanimo. Hubo sonrisas y júbilo cuando encontré joyas o cuando alguna declaración confirmó algo de lo que venía diciendo. A veces los fantasmas se sientan a la mesa contigo. Tenía que localizar las claves, los números de la caja fuerte para darle vuelta a la manecilla y hallar la posibilidad de desencriptar los hechos. Fueron muchos años batallando. Ya había marcado una ruta. Había que contactar a los sujetos históricos, afinar la narrativa, hallar la técnica. Se tenía que liberar a México de las mentiras del Estado mexicano.

–¿Cuál sería la relevancia de un libro como este en el México de hoy?

–Estamos en una situación diferente a lo que sucedía en la década de los ochenta. Es el momento preciso para que a partir de esta nueva realidad, se establezca con toda capacidad el diálogo entre el pasado y el presente. Priismo y panismo lograron la convención del pasado en un discurso panfletario. Hoy es el momento para soltar puentes para generar y sanear hojas marchitas en los calendarios y proyectar utopías en nuevos calendarios.

–¿Cuál es su opinión sobre los nueve meses del nuevo Gobierno?

–Han existido determinaciones oportunas y desafortunadas, pero estamos en el mes nueve. Más allá de la numerología de aceptación y los berrinches de las viejas estructuras, va caminando un proyecto de nación, un proyecto social diferente. Estamos ante prácticas novedosas. La gran batalla es en contra de la impunidad en nuestro país. La madre de todas las batallas perdidas es la impunidad, pues genera corrupción.

–¿Cuál es la aportación de los movimientos que investigaste al cambio que ocurrió en México el año pasado?

–Es obvio que el pasado está generando modificaciones en el presente. El 68 no pudo existir sin el 58, el movimiento ferrocarrilero, antes el movimiento magisterial. También la conmoción electoral del 97. 2018 no hubiera pasado sin el 68, sin el 85, donde la sociedad se convulsiona. No podemos ver la historia linealmente. Existe continuidad. Hay energía que provoca cambios sociales y en el imaginario. Andrés Manuel cree en la historia, pues hace referencia a Madero, a Zapata. El país que no dialoga con sus fantasmas, está condenado a continuar con sus pesadillas.

–¿Qué secuelas se quedan al escribir sobre cosas tan cruentas como estas?

–Escribir es la mejor forma de no tener que pagar un psiquiatra. Novelas que escribí sirvieron para eso. Fui encontrando las claves. No quería traicionarme y escribir algo académico lleno de citas. Es un libro muy narrativo, pero no es ficción. Cada coma está contrapuesta. Todo está comprobado. La historia debe contarse, no enumerarse.