“La heteronormatividad se nutre de binarismos de género, como por ejemplo creer que a cada masculino corresponde un femenino”. Foto: Rodolfo Algulo, Cuartoscuro

A partir de un famoso artículo de Adrienne Rich sobre la heterosexualidad es que se empezó a hablar de la heterosexualidad como un régimen, es decir; como heteronormatividad. Aunque cabe mencionar que el concepto también debe historia a Gayle Rubin, Michael Warner y Monique Wittig.

¿Y qué es esto de la heteronormatividad? Básicamente, el concepto hace alusión al régimen que se impone en (cualquier) sociedad para establecer mediante normas, creencias, valores, prácticas, deberes, mecanismos, en fin, ideas que nos llevan a normalizar la experiencia y expresión heterosexual como lo correcto, sano y como un modelo a seguir en el establecimiento de relaciones erótico-afectivas.

La heteronormatividad se nutre de binarismos de género, como por ejemplo creer que a cada masculino corresponde un femenino, de binarismos sexuales, como que a cada hombre le corresponde una mujer o bien, binarismos eróticos, en donde por un lado se encuentra la heterosexualidad (la norma) y en otro la homosexualidad y lo femenino (la otredad).

Todas estas ideas tienen consecuencia en prejuicios y limitaciones sobre las diversas maneras de vivir la sexualidad. Nos limitan en la comprensión de que puede haber hombres femeninos heterosexuales, mujeres femeninas lesbianas o personas transgénero asexuales, por ejemplo.

Este sistema de ideas ha jerarquizado una forma de vida que se ha impuesto no sólo en códigos de conducta y comportamientos muchas veces internalizados, sino también que ha tenido repercusión en las leyes, formas de organización social y que se puede ver en innumerables aspectos como por ejemplo en símbolos culturales de gran influencia, por lo que la heteronormatividad se ha impuesto como un orden social y cultural que legitima todo lo que allí se presenta, de allí la importancia de transicionar, visibilizar y reconocer otras realidades posibles, una tarea nada fácil, pero necesaria.

En pleno siglo XXI y como lo han dicho por allí, este será el siglo del valor de la diversidad, por lo que es necesario difundir, promover y legitimar otros esquemas de pensamiento. Es por ello importante el reconocimiento de todas las formas de diversidad sexual como opciones no solamente eróticas y sexuales que tienen las personas en posibilidad de ejercer sino también las expresiones de la diversidad sexual, todas en su conjunto, deben ser reconocidas como expresiones culturales de la diversidad social. En ese sentido, es un derecho cultural que cada ciudad debe otorgar y promover en sus ciudadanos, por lo que se deben abrir espacios y ofrecer información pertinente a estos grupos que no siguen la heteronorma o no les interesa, y entonces se debe promover los bienes culturales que estos grupos consumen para su beneficio como colectivo o bien, sus valores como grupo y atender sus problemáticas para lograr un beneficio de realización individual y colectivo.