Los edificios de Vicente Guallart producen su propia comida y energía, además de contar con impresoras de 3D para crear objetos de primera necesidad.

Madrid, 20 de septiembre (AS México).- El confinamiento que se ha implantado en muchos países durante la pandemia ha cambiado, en cierto grado, la vida de personas. El modo de pensar o de comportarse es diferente para algunos. La COVID-19 está dando una lección que será difícil de olvidar y Vicente Guallart quiere dejar constancia de esta insólita experiencia en el proyecto que llevó a cabo con su equipo para enviarlo al concurso internacional de la nueva área de Xiong’an, cerca de Pekín (China). “No podemos seguir diseñando ciudades y edificios como si nada hubiera pasado”, expresa el arquitecto español.

Con esta idea, el valenciano, especializado en trabajos que pretenden frenar el cambio climático y combatir las crisis actuales, ha desarrollado un barrio de cuatro manzanas con edificios de madera, un material más sostenible que el cemento, acorde con los principios de la nueva bioeconomía circular, es decir, el conjunto de actividades que alcanza a todos los sectores y sistemas que se basan en recursos biológicos: animales, plantas, micro-organismos, biomasa…

La COVID-19 está dando una lección que será difícil de olvidar y Vicente Guallart quiere dejar constancia de esta insólita experiencia en el proyecto que llevó a cabo con su equipo para enviarlo al concurso internacional de la nueva área de Xiong’an. Foto: Guallart Architects

En el novedoso barrio, llamado “la ciudad autosuficiente”, las viviendas son de uso mixto e incluye apartamentos, residencias para todas las generaciones, oficinas, piscina, tiendas, mercado de alimentos, entre otros. Foto: Guallart Architects

PREPARADO PARA RESISTIR UN CONFINAMIENTO

En el novedoso barrio, llamado “la ciudad autosuficiente”, las viviendas son de uso mixto e incluye apartamentos, residencias para todas las generaciones, oficinas, piscina, tiendas, mercado de alimentos, jardín de infantes, centro administrativo y una estación de bomberos… para que sus vecinos puedan hacer vida perfectamente dentro de él.

Además, está completamente preparado para gestionar una crisis sanitaria, energética o alimentaria mediante confinamientos. Cada edificio estará cubierto por invernaderos que permitirán la cosecha diaria de productos, bajo techos inclinados que recolectan energía solar. De la misma forma, las impresoras de 3D que se encuentran en las plantas bajas permiten fabricar objetos de uso cotidiano o sanitario, como mascarillas.

ESPACIO Y AIRE FRESCO

“Desarrollamos este proyecto durante el confinamiento, cuando todo el equipo trabajaba desde sus casas, y decidimos incluir todos aquellos aspectos que podrían hacer nuestra vida mejor, de forma que se pudiera definir un nuevo estándar a aplicar en China, en España o en cualquier país del mundo”, explica Guallart. Y uno de los aspectos que más echó en falta la población durante el aislamiento fue la falta de aire fresco y espacio.

Especialmente las familias con niños echaron de menos espacios amplios en los que los más pequeños pudieran descargar su energía. También la ausencia de luz solar, y la falta de vitamina D que ello conlleva, tuvo efectos especialmente negativos. Por eso, todas las viviendas de este proyecto tienen terrazas grandes orientadas al sur, que actúan como regulador térmico y, a su vez, como espacio de ocio para llevar mejor los tiempos de confinamiento.

Por otra parte, en su interior, las casas están totalmente preparadas para tener espacios de teletrabajo, con el objetivo de mezclar de manera saludable la vida laboral y personal, y están conectadas con redes 5G, creando redes sociales a escala de barrio para el intercambio de recursos.

LISTOS PARA 2050

Estas “viviendas kilómetro cero” ganaron el “Concurso de diseño de arquitectura Xiong’an con características chinas bajo el principio de desarrollo de alta calidad”. La competición había recibido más de 300 trabajos llegados de todo el mundo organizados en seis categorías, con el fin de definir los estándares para los edificios de una nueva ciudad situada a 100 km de Beijing y que ha sido impulsada por el presidente Xi, como eje del triángulo económico Beijing-Tianjin-Hebei, con altos criterios ecológicos, fusionando el urbanismo chino y europeo.

Se estima que hará falta un presupuesto aproximado de 580 mil millones de dólares (unos 490 mil millones de euros) para construirlo, más otros 91 mil millones (unos 77 mil millones de euros) para crear las infraestructuras de transporte. Respecto a la construcción de las estructuras, debe estar acabada para 2022, de tal manera que en 2035 se trasladarán las oficinas y en 2050 todas estarán operativas.

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