Argentina reportó un millón de casos de COVID-19 y mientras esto sucede, en ciudades pequeñas del país los registros diarios aumentan considerablemente a pesar de que al inicio de la crisis sanitaria el mayor foco de infección estaba en la área metropolitana de Buenos Aíres.

Por Nicolás Deluca, Almudena Calatrava y Christine Armario

Ushuaia, Argentina, 20 de octubre (AP).- En el extremo sur de Argentina, en una ciudad conocida como “El Fin del Mundo”, muchos pensaban que estarían a salvo de los peores estragos de la pandemia del nuevo coronavirus.

Muy lejos de la bulliciosa capital del país sudamericano, los trabajadores de salud en Ushuaia pudieron contener inicialmente un pequeño brote entre extranjeros que esperaban zarpar hacia la Antártica al inicio de la crisis.

Pero mientras Argentina rebasaba el lunes el millón de casos de coronavirus, ahora son las pequeñas ciudades como Ushuaia las que registran los repuntes más notorios. En el último mes, los médicos han tenido que cuadruplicar el número de camas para pacientes con COVID-19. Al menos el 60 por ciento de las pruebas diagnósticas recientes han arrojado positivo.

“Fuimos un ejemplo en el país”, señaló el doctor Carlos Guglielmi, director del Hospital Regional de Ushuaia. “Evidentemente entró alguien con coronavirus”.

Una voluntaria de la Cruz Roja le toma la temperatura a un hombre en el barrio de Fraga durante el cierre ordenado por el Gobierno para frenar la propagación del nuevo coronavirus en Buenos Aires. Foto: Natacha Pisarenko, AP

En toda Latinoamérica, se prevé que otras tres naciones alcancen el millón de infecciones en las próximas semanas: Colombia, México y Perú. El poco alentador hito se presenta mientras América Latina sigue registrando uno de los conteos de casos diarios más elevados del mundo. Y aunque algunas naciones han reportado importantes declives, en general no hay tregua. Los casos descienden en un municipio pero aumentan en otro.

La trayectoria muestra que es casi un hecho que la pandemia llegará a cada rincón de Latinoamérica.

“Ya se está superponiendo la segunda oleada, sin haber terminado la primera”, manifestó el doctor Luis Jorge Hernández, profesor de salud pública de la Universidad de Los Andes, en Colombia.

Cruces de madera marcan tumbas recién excavadas en el cementerio de Flores, donde se entierra a fallecidos por coronavirus en Buenas Aires, Argentina. Foto: Gustavo Garello, AP

Argentina ha registrado un incremento de casos a pesar de implementar uno de los confinamientos más prolongados del mundo. Las principales ciudades de Colombia han reportado un descenso, pero áreas más pequeñas, como el departamento de Caldas en la región cafetalera, están alcanzando una cresta. Las cifras generales de Perú van a la baja, pero las autoridades reportaron recientemente 12 regiones en las que se presenta un repunte. De igual forma, México ha registrado un aumento en la última semana en una cuarta parte de sus estados.

El resultado es que, en lugar de una segunda oleada del virus como la que se vive en Europa, los epidemiólogos prevén una tendencia de meseta.

“Todavía nuestros países están saliendo del primer pico”, dijo el médico Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Contagiosas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Todavía hay una gran parte de la población expuesta y la transmisión comunitaria continúa”.

El sol se pone durante la pandemia de COVID-19 en Mar del Plata, Argentina. Foto: Natacha Pisarenko, AP

El sendero de devastación del coronavirus por Latinoamérica es consecuencia de frágiles sistemas de salud pública, factores sociales como la pobreza y las malas decisiones gubernamentales iniciales que arrojaron como resultado pruebas de diagnóstico deficientes o en cantidad limitada y un mínimo rastreo de contactos. Hoy la región alberga a la mitad de los 10 países con mayor número de casos totales a nivel mundial.

Inicialmente, Argentina registró pocos contagios del nuevo coronavirus, pero actualmente tiene una de las mayores tasas de infecciones diarias per cápita, según Our World in Data, una publicación científica en línea sin fines de lucro con sede en la Universidad de Oxford. Está a la par de varias naciones europeas que atraviesan un repunte de contagios.

El doctor Adolfo Rubinstein, exsecretario de Salud de Argentina, dijo que la nación se apoyó demasiado en los confinamientos como el medio principal para controlar al virus, en lugar de adquirir suficientes pruebas diagnósticas en los primeros meses de la pandemia.

Mesas vacías en un restaurante durante la pandemia de COVID-19 en Mar del Plata, Argentina. Foto: Natacha Pisarenko, AP

También están variando los lugares en los que aparece el virus. Inicialmente hasta el 90 por ciento de los casos confirmados se registraban en la zona metropolitana de Buenos Aires. Hoy, el 65 por ciento de los casos se encuentran en las provincias, e incluso en ciudades remotas como Ushuaia, indicaron las autoridades.

“Ahora está presente en todo el país”, dijo Rubinstein.

La doctora Carissa F. Etienne, directora de la OPS, advirtió recientemente que el coronavirus está apareciendo en lugares que no había afectado previamente, como en la región angloparlante del Caribe.

“En muchos países, la pandemia también se ha trasladado a zonas menos pobladas”, declaró.

Trabajadores de la salud llevan a un paciente en camilla a un hospital para enfermos de COVID-19 en Mar del Plata, Argentina. Foto: Natacha Pisarenko, AP

También Colombia experimenta esa tendencia. La ciudad de Manizales, en una región conocida por sus campos cafetaleros, actualmente registra 440.98 casos por cada 100 mil habitantes, muy por encima del promedio nacional de 284.09 por cada 100 mil personas, según el Ministerio de Salud. Las autoridades señalan que un aumento más lento de casos les permitió expandir su capacidad en los pabellones de cuidados intensivos.

“Aquí no hubo un pico como en Europa”, apuntó Hernández, “sino una meseta”.

En toda la región, las pruebas de diagnóstico siguen siendo un obstáculo. En Perú, las autoridades han dependido en buena medida de pruebas de anticuerpos para identificar los casos, a pesar de que esos análisis no están diseñados para hacer diagnósticos debido a que únicamente detectan proteínas que se desarrollan una semana o más después de una infección. El número de análisis que se practican en Argentina está muy por debajo del de sus países vecinos; el domingo sólo se realizaron 13 mil 890 pruebas, comparadas con las 31 mil 988 que se llevaron a cabo en Colombia ese mismo día.

Si bien el número de nuevos casos diarios de COVID-19 en Perú ha disminuido, las autoridades informan un repunte en el emblemático barrio de Miraflores. Foto: Martín Mejía, AP

El alto porcentaje de pruebas positivas en Argentina deja entrever que el país sigue sin detectar un elevado número de infecciones.

Brasil alcanzó el millón de casos en junio y ahora acumula 5.2 millones de infecciones.

“Estos son subregistros enormes de lo que realmente está sucediendo en término de números”, dijo Felicia Knaul, directora del Instituto de Estudios Avanzados de América en la Universidad de Miami. “Necesitamos un uso más constante de las mascarillas -pero debemos combinarlo con las pruebas y el rastreo-, o de otra forma las cifras aumentarán enormemente”.

Un trabajador de la salud toma una muestra de sangre durante una prueba de manejo rápido de anticuerpos de casa en casa en Villa el Salvador, en las afueras de Lima, Perú. Foto: Rodrigo Abd, AP

En Ushuaia las autoridades creen que los transportistas que traían alimentos desde Buenos Aires pudieron ser responsables del aumento de casos que se ha registrado desde mediados de septiembre. La ciudad, un punto de salida de los cruceros hacia la Antártica, había sido un ejemplo para la nación. El cierre del tránsito aéreo y la suspensión del turismo la mantuvo libre del virus durante meses.

Pero la falsa sensación de seguridad pudo haber provocado que las personas relajaran las normas básicas de la pandemia, como el lavado de manos y el distanciamiento social. La provincia de Tierra del Fuego, con cerca de 150 mil habitantes, ahora tiene más de 8 mil casos confirmados.

Eduardo López, uno de los especialistas en infecciones que asesoran al Presidente argentino Alberto Fernández, dijo que, además de mejorar la detección de casos positivos, habría que efectuar cuarentenas más drásticas y cortas en las localidades donde los casos se incrementan, en lugar de una cuarentena larga “que la gente no cumple”.

Un trabajador de salud le realiza una prueba a un maestro para detectar la COVID-19 en la escuela Hipólito Yrigoyen en Buenos Aires, Argentina. Foto: Víctor R. Caivano, AP

Según señaló, el aislamiento temprano en Argentina permitió preparar al sistema hospitalario para afrontar mejor el pico de casos que en las siguientes semanas se produjo en la capital y sus alrededores, donde ahora descienden los contagios.

Pero en las jurisdicciones del interior donde los casos eran pocos hubo un exceso de confianza y no vieron el impacto que iba a tener la pandemia desde agosto.

En Ushuaia los impacientes residentes hacen largas filas en automóvil para practicarse pruebas de diagnóstico. Un complejo deportivo fue adaptado para la atención de pacientes. Hace un mes, el hospital regional atendía apenas a siete enfermos de COVID-19; ahora tiene 28 que ocupan todas las camas disponibles para pacientes adultos de la enfermedad.

“El fracaso en Argentina fue la baja cantidad de testeos”, declaró Guglielmi.

Además, destacó, influyó que “la población no es muy respetuosa del vecino; trasgrede las normas, por lo tanto es muy difícil sostener un aislamiento”.

José Bongiovanni, un abogado de Ushuaia, dijo que la preocupación que parecía tan lejana ya no lo es tanto. “Vivir en el fin del mundo nunca fue fácil”, señaló. “Y mucho menos fácil es en un momento como éste”.