“Son del dominio público… las incitaciones a la violencia…

los propósitos de generar un clima de intranquilidad social…

De los más variados intereses en curiosa coincidencia o despreocupado contubernio”.

Gustavo Díaz Ordaz. 1 de septiembre de 1968.

Para desestabilizar algo se parte de que ese algo se encuentre estable. Comprender lo anterior se obtiene con una estructura lógica que brinda la enseñanza básica y se refuerza con un poco de lectura. Resolver un problema parte de comprender su origen. La clase política no entiende la crisis profunda en la que estamos. Desde un inicio y hasta hoy Enrique Peña Nieto no ha sido capaz de leer adecuadamente la crisis detonada por la desaparición forzada de nuestros 43 normalistas.

Desde su célebre participación en la FIL de Guadalajara en 2011, supimos que en momentos de apuro, su retórica de la más pura alcurnia priista, se pelea con una atribulada y transparente comunicación no verbal. Un divertido artículo José Manuel Guevara, especialista en la materia, disecciona los difíciles momentos del entonces aspirante. La única vez que he visto a Peña de frente, le recordé que Atenco nunca se olvidará. Su cara de espanto calmó mis nervios de la eventual reacción de sus cariñosos escoltas.

Ayer un amigo llamó mi atención sobre la conferencia de prensa del pasado sábado en pleno hangar. Esa convocatoria no fue para hablar de las aburridas noticias económicas que supuestamente algún día se reflejarán en nuestra economía. Presidencia convocó en un horario donde el fútbol capta la atención de millones, porque se vio obligada por centenas de miles de quienes sin descanso le pusieron en jaque mientras paseaba.

Lo revelador del momento sabatino no son los largos minutos justificatorios, donde se le apreciaba seguro pero impaciente, sino el mensaje real que tras una pregunta de una periodista de Milenio, que sin ruborizarse por un elogio y una loa, le puso el gol en bandeja como decimos en el llano. Tras palabras llenas de lugares comunes y autoelogios, Peña recurre al vetusto manual de los represores de toda época que en su regla primera indica la necesaria maniobra de trasladar la violencia de Estado, hacia quienes desde la indignación la señalamos. Minuto 12:44:

“Lo más lamentable es haber observado al inicio de la semana distintos de violencia. De Algunos actos contrarios al respeto a la ley y al orden y contrario al respeto a los demás”.

Lo más lamentable no es que las autoridades aún no hayan encontrado a nuestros normalistas. Lo más lamentable no es que nadie de los gobiernos, del PRD o de PRI y PAN haya renunciado voluntariamente por vergüenza a su cargo, como lo hiciera Octavio Paz en 1968 y un día sí y el otro también, se turnen para repartirse la inmundicia que les sale por los bolsillos.

Lo más lamentable no es el señalamiento del mismo Peña Nieto que como tercera instancia judicial adjudica a Abarca la autoría intelectual del crimen de lesa humanidad, clausurando así la escalera que sube incómodamente hacia la silla del águila. Lo más lamentable no fue la actuación de la policía en Guerrero o Oaxaca tirando bala para dispersar a manifestantes o los granaderos pisando el suelo universitario.

La vieja estrategia bíblica de enfocar la maquinaria propagandística en la paja del ojo indignado y no en las manos de la clase gobernante teñidas por sangre de años. La segunda regla del manual represor es excomulgar de su clase a quienes ordenaron y jalaron los gatillos. Los criminales están en la sociedad y no en los gobiernos y la protesta “complica” según el señor, las investigaciones y la justicia:

“A quienes hay que condenar es a los criminales… a quienes hay que señalar y condenar es a los responsables de estos actos abominables… Pero esto se complica cuando quienes expresando solidaridad lo hace fuera del orden.”

Siguiendo paso a paso a Díaz Ordaz. Llega al tercer punto que es la justificación anticipada de la represión. De la mano de un periodista del feudo Vázquez Raña, contesta a la convencida pregunta¿Su gobierno pretende utilizar la fuerzas del orden para aplacar esta situación? Minuto 18:06:

“No dejaremos de agotar toda instancia de diálogo, de acercamiento y de apertura para evitar el uso de la fuerza para restablecer el orden. Es el último recurso, pero el Estado legítimamente está en facultad de hacer uso del mismo cuando se ha agotado cualquier otro mecanismo.

En 1968 previo a Tlatelolco, Díaz Ordaz propuso al Congreso una serie de diálogos y señales de apertura: “Si hay demandas de carácter general, con el mismo y ponderado espíritu sabremos ponderar… Está el camino abierto.”

Me intrigó particularmente que desde el minuto 18:06 cuando ofrece su voluntad de diálogo y hasta el minuto 18:35, Peña Nieto encoge los hombros por lo menos en siete ocasiones. Mi conocimiento sobre la comunicación no verbal se limita a ser fan del Encantador de Perros, el migrante César Millán. Quienes me conocen saben que los he aplicado con algún éxito, sin que esto sea burla o ironía alguna, a los políticos con los que he lidiado.

Recurro a Paul Ekman un célebre académico del lenguaje gestual, para intentar desifrar el tan marcado movimiento. Ekman considera, que en algunos contextos, encoger los hombros significa que la persona miente y que al adoptar tal postura el emisor denota que en realidad no cree en lo que está diciendo. Vaya.

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Al segundo siguiente y exactamente en el movimiento que le lleva a pronunciar la palabra “paz” en el rostro de Peña Nieto aparece una secuencia de micro expresiones que no precisamente desprenden cordialidad. Minuto 18 segundo 36:

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Las micro expresiones son normalmente imperceptibles dado ocurren en fracciones de segundo y el observador en tiempo real se encuentra en un contexto distractor como para apreciarlas reflexivamente. Recordemos la sonrisita de Bill Clinton en el exacto momento en el que negaba su relación con Mónica Lewinski.

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Me detengo en el análisis de un tema que no conozco lo suficiente y paso a otro más familiar como me resulta la versión estenográfica de su discurso del 18 de noviembre ya recuperado del jet lag y abrazado de su tierra política, sostuvo con mentiras tales como: “…el Gobierno de la República es el primero en haber sido solidario con el dolor que ha provocado la desaparición de jóvenes..”.¿El primero que le tardó seis días en decir algo? Encarrerado adoptó un discurso que raya en lo inconstitucional y que evoca al Díaz Ordaz del 68:

“… hemos advertido los movimientos de violencia que, al amparo y al escudo de esta pena, pretenden hacer valer protestas.

“Protestas que a veces no está claro su objetivo. Pareciera que respondieran a un interés de generar desestabilización, de generar desorden social y, sobre todo, de atentar contra el proyecto de Nación que hemos venido impulsando.”

“No nos vamos a detener. Pareciera que algunas voces, unidas a esta violencia y a esta protesta…”

Para mi es suficiente para reiterar algo ya sabido. El gen autoritario de Pela Nieto le brota por encima de su obsesión por el permanente encuadre bonito. A Peña Nieto hay que pedirle unas 43 planas del artículo 9 constitucional para que entienda el sentido de la protesta en una democracia:

Afortunadamente la represión no prevalecerá. En la protesta veo que, por más confuso se torne el panorama, estamos seguros que los normalistas deben vivir para enseñar y que las universidades no son lugares para granaderos.

Que no nos pueden distraer del hecho que la violencia la generan ellos. Que fue el Estado quien desapareció a nuestros normalistas. Sin descanso saldremos las veces que sea necesario a recordárselos. Queremos a nuestros 43 normalistas de regreso. Para enseñar, para vivir.