El primer aumento al salario mínimo que se dio bajo el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador rompió con una dinámica que se extendió por décadas y que llevó a la población económicamente activa a la pobreza. A un año de tomada la decisión, los efectos apenas podrían comenzar a ser evidentes pero la meta aún está lejos.

Ciudad de México, 21 de enero (SinEmbargo).-  Subir los salarios mínimos es una de las decisiones que menos críticas le generó a Andrés Manuel López Obrador, debido a que la tendencia de esa cantidad de dinero era crecer solo centavos o uno o dos pesos por año.

Junto con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), el 17 de diciembre de 2018, anunció un aumento de 16 por ciento al salario mínimo, un acto que calificó de “madurez política que genera confianza fortalece a la nación”.

Así se rompió con diversas dinámicas que rodeaban la decisión de fijar en tal cantidad el salario. Por un lado se dejó de lado el argumento de que un aumento podría desatar la inflación o que podría generar fuertes protestas por parte de la clase empresarial.

Otra cosa que también fue un parteaguas fue la destitución de Basilio González Núñez de la titularidad de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) luego de ocupar ese puesto durante 27 años. En ese periodo – entre 1992 y 2016–, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el ingreso de los hogares tuvo fluctuaciones que no permitieron mejoras permanentes en el bienestar de sus integrantes, por lo que el salario “errático” se convirtió en una de las causas por las que en este país no se logra salir de la pobreza.

Para 2019, el salario mínimo fue, en general de 88.36 pesos; más el Monto Independiente de Recuperación (MIR), se le agregaron a los Estados de la zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN) 79.94 pesos y al resto, 9.43 pesos, quedando en 176.72 y 102.68 pesos respectivamente.

Un año después, el Consejo de Representantes de la Conasami determinó que para 2020 el salario mínimo será de 123.22 pesos para la zona general y 185.56 pesos para la ZLFN. Un incremento del 20 y 5 por ciento.

Durante el anuncio oficial, la STPS, Luisa María Alcalde, detalló que este aumento es el más grande de los últimos 44 años; además, ha permitido disminuir casi en 3 por ciento la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Y en este primer año tampoco se disparó la inflación y la decisión contó con el respaldo de los empresarios.

En los últimos diez años, las dos variables que han influido más en la pobreza de México son la carencia de seguridad social y el ingreso insuficiente para comprar la canasta básica, ambas condiciones tienen su raíz en la economía, en particular en el mundo del trabajo, de acuerdo con el colectivo Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, que agrupa a más de 60 organizaciones civiles.

En su análisis de la medición de la pobreza 2018 del Coneval, el colectivo detalló que en ese año, 71.7 millones de mexicanos tenían carencia por acceso a la seguridad social (57 por ciento), y 61 millones de personas vivían en pobreza por ingresos (49 por ciento).

En entrevista con SinEmbargo, Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador de Acción Ciudadana, dijo que el aumento representa una nueva política salarial totalmente distinta a la que había venido aplicándose durante décadas y que justamente puede tener buenos resultados para disminuir la pobreza laboral, “para que quien trabaja no sea pobre”.

“El año pasado se dio un paso importante al colocar el salario al mismo nivel que la canasta básica. Con el segundo aumento ya el costo de la canasta básica para una persona quedó superado y ya no a una distancia de centavos como antes. Ahora hay avanzar de manera gradual y responsable para que sea suficiente y cubra a la persona que trabaja y a su familia”, dijo.

Agregó que a un año los datos muestran una recuperación salarial, sobre todo en los salarios más bajos, lo que es importante y sin efectos negativos, con lo que se consolidó que fue solo un mito que el salario mínimo y la inflación nunca tuvieron nada qué ver.

A pesar de eso, Gómez Hermosillo insistió en que el aumento debe seguir pero de manera responsable y tomando en cuenta el crecimiento de la economía.

“Sería mejor si la economía empieza a crecer. Aunque para el salario mínimo eso no es indispensable, mientras sea de manera gradual, el reto grande es seguir aumentando el conjunto de los salarios y ya no solo el mínimo, y eso sí depende del crecimiento económico”, añadió.

Arturo Herrera, Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), declaró en diciembre pasado que cuando los salarios medios tienen una distancia muy alta frente a los salarios mínimos, como es el caso de México, no se podrían ver efectos negativos en la inflación ni en la generación de empleos.

CONEVAL: MEJORA EL PODER ADQUISITIVO

También en entrevista con este medio digital, el doctor José Nabor Cruz Marcelo, Director Ejecutivo del Coneval, compartió los datos que la institución tiene sobre el aumento y que termina siendo la evidencia.

“Un aumento en los ingresos de los trabajadores siempre será relevante, no es la única vía para mejorar el bienestar o disminuir las desigualdades entre la población, pero sí es una variable que ayuda a ir disminuyendo las brechas en este caso de ingresos”, atajó, de entrada, el director.

Explicó que desde el Coneval se genera un indicador que permite contextualizar la evolución del ingreso y es el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza, con el que se toma la evolución del ingreso laboral de los trabajadores reportado en la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación del Inegi y se compara con el valor de la canasta alimentaria que define Coneval.

“Con nuestros datos, el último, que es del último trimestre de 2019, vemos un incremento importante en el ingreso laboral real. En el Tercer Trimestre de 2018 este ingreso promedio fue de mil 738 pesos y para el Tercer Trimestre de 2019, pasó a mil 794 pesos. De entrada hay una ganancia de casi 60 pesos. A partir de ahí lo comparamos con el valor monetario de la canasta alimentaria que es un indicador mensual. Si tomamos el porcentaje de la población con ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria sí vemos una reducción, ligera pero la hay. En el Tercer Trimestre de 2018 había 39.3 por ciento de los trabajadores con ingresos inferiores al valor monetario de la canasta alimentaria y el porcentaje se redujo a 38.5 por ciento en el mismo periodo de 2019”, señaló.

El valor de la canasta alimentaria, para el ámbito urbano, fue en diciembre de mil 598 pesos y para las áreas rurales, de mil 134 pesos.

“Detectamos en la comparación trimestral, que el poder adquisitivo real de los trabajadores sí se vio beneficiado, tanto por el incremento de los salarios y el otro factor que ayudó fue la inflación controlada. Ambos factores fueron benéficos en las reducciones, pequeñas pero benéficas y enfocadas a fortalecer el poder adquisitivo”, añadió.

Dio otro dato sobre la masa salarial real, que es la relación de todas las remuneraciones totales de todas las personas ocupadas. Ahí en el Tercer Trimestre de 2018 al mismo de 2019, se incrementó en términos porcentuales en 6 por ciento, “al final del día el salario mínimo lo recibe solo un porcentaje relativamente pequeño de los trabajadores, pero se ve que en la generalidad se incrementaron las remuneraciones”.

Sobre cómo impactará el incremento en la medición nacional de pobreza, mencionó que sería en el factor de los ingresos, en la carencia alimentaria porque los hogares, mientras puedan tener un incremento en sus ingresos totales, pueden ir adquiriendo alimentos con un mayor volumen y más nutritivos y en los servicios de la vivienda.

Finalmente, consideró como reto a corto plazo continuar con la política y que ésta siga en manos de la Conasami, de manera conjunta con sindicatos y empresarios para que el siguiente año se acuerden otros aumentos importantes al salario.