Promover la caravana rumbo a Estados Unidos en estos momentos es abusar de la ignorancia y las circunstancias de vida de los desfavorecidos. Foto: Isabel Mateos, Cuartoscuro

Por un lado, la caravana del engaño.

Nuevamente nos estremecen las imágenes de cientos de centroamericanos que tratan de cruzar la frontera de Guatemala con México, y otra vez escuchamos a voces ingenuas, desinformadas o malintencionadas, que condenan al Gobierno por regular la migración de quienes pretenden usar la nación como ruta de paso rumbo a Estados Unidos.

Uno de los principios básicos de los Derechos Humanos consiste en que su defensa no debe derivar en una mayor violación de estos o de otros, ocasionando más daño a la persona; quienes exigen el libre paso de los migrantes deben saber que, de los 16 mil solicitantes de asilo de las caravanas anteriores, sólo lograron el trámite doce individuos y, además, durante todo el proceso estos esperaron meses en corrales de prisión, similares a los campos de concentración de la segunda guerra, sólo para que al final su trámite fuera negado.

Cruzar el país para pedir asilo en Estados Unidos es un calvario inútil, inhumano y no resuelve el problema de los migrantes que lo enfrentan, engañados; promover la caravana rumbo a Estados Unidos en estos momentos es abusar de la ignorancia y las circunstancias de vida de los desfavorecidos, es una gran irresponsabilidad.

Por el otro, la muerte tiene permiso en Juárez, y eligió a Isabel Cabanillas.

En Ciudad Juárez ha ido creciendo un grupo de mujeres jóvenes en torno a la lucha feminista y a la actividad artística; son creadoras que utilizan sus dotes para expresar sus sentimientos, producir obras no panfletarias, pintar murales hermosos en paredes abandonadas al silencio o en ropa de uso cotidiano, y encuadernar libros y textos que trabajan artesanalmente, convirtiéndolos en obras de arte, al mismo tiempo que defienden los derechos de la mujer y luchan por mayor equidad.

Son un gran grupo que se reúne en colectivos muy ingeniosos, algunos de los cuales venden sus obras en el Monumento a Juárez los domingos; todas se defienden y apoyan entre sí, son muy solidarias, y están construyendo una nueva sociedad, con gran esfuerzo y mucha imaginación.

A ese grupo pertenecía Isabel Cabanillas, de 26 años, quien el pasado viernes se reunió con sus amigos y amigas en el bar Eugenio’s, un sitio que frecuentan los jóvenes contestatarios y exigentes de Ciudad Juárez; pasada la medianoche, Isabel se retiró del lugar en su bicicleta, porque además estas mujeres promueven una vida más sana a través del ejemplo personal, avanzó dos cuadras al norte y giró hacia el oriente dos cuadras más, donde fue alcanzada por un asesino, o varios, que le dispararon y asesinaron.

Una mujer más, asesinada de manera cruel y despiadada, otro feminicidio por osarse a viajar sola en su bicicleta después de medianoche; una más, víctima de la vulnerabilidad que le dice a muchos criminales que, en Ciudad Juárez, la muerte tiene permiso.