En el mensaje que emitió el Presidente de Estados Unidos, dio a conocer que todas las personas que tengan previsto viajar a su país deberán hacerse una prueba de COVID-19 antes de volar y someterse a una cuarentena obligatoria de 14 días al llegar.

Washington, 21 de enero (RT/EFE).– El nuevo Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado este jueves la estrategia con la que su Administración planea afrontar la pandemia del coronavirus.

El mandatario firmó una serie de nuevas órdenes ejecutivas contra la COVID-19 que incluyen medidas como el uso obligatorio de mascarillas en aeropuertos, trenes y autobuses, así como la autorización de un mayor uso de la Ley de Producción de Defensa (DPA, por sus siglas en inglés) para acelerar la vacunación en el país.

“Hoy firmo una acción ejecutiva para usar la Ley de Producción de Defensa y todas las demás competencias disponibles para ordenar a todas las agencias federales y la industria privada que aceleren la elaboración de todo lo que se necesita para proteger, probar, vacunar y cuidar a nuestro pueblo”, declaró el Jefe de Estado.

La Ley de Producción de Defensa de EU fue promulgada en 1950 tras el comienzo de la guerra de Corea en respuesta a la falta de mano de obra y equipamiento, y desde entonces varios presidentes la han invocado para hacer frente a emergencias como desastres naturales. Con ella, se podrá movilizar al sector industrial y acelerar la fabricación de máscaras, respiradores y otros equipos contra la pandemia.

En un discurso transmitido por la cuenta en Twitter de la Casa Blanca, el Presidente declaró que todas las personas que tengan previsto viajar a Estados Unidos deberán hacerse una prueba de COVID-19 antes de volar y someterse a una cuarentena obligatoria de 14 días al llegar al país. El primero de esos requisitos ya lo anunciaron la semana pasada los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés).

Biden calificó la crisis sanitaria de “tiempo de guerra”, recordó que el virus ya se ha cobrado 400 mil vidas, más que el total de bajas sufridas por el país durante la Segunda Guerra Mundial, e hizo un pronóstico sombrío al afirmar que la mortalidad por COVID-19 podría superar el medio millón en febrero.

Reconoció que le llevará meses “darle la vuelta” a la estrategia encarada por su predecesor, Donald Trump.

“Las cosas van a seguir empeorando antes de mejorar”, dijo Biden durante un acto en la Casa Blanca, en el que firmó una decena de medidas y decretos para acelerar la respuesta a la pandemia.

“La cifra de muertos probablemente superará los 500 mil el mes que viene (…). Nos va a llevar meses darle la vuelta a esta situación”, añadió el mandatario.

Estados Unidos rebasó el pasado martes la barrera de los 400 mil fallecimientos por la COVID-19 y ha sumado otros ocho mil decesos en las 48 horas siguientes, hasta sobrepasar los 408 mil, según el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins.

El pronóstico de Biden coincide con el del Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME, en inglés) de la Universidad de Washington, que calcula que, si continúa la trayectoria actual, Estados Unidos superará el medio millón de muertos el día 19 de febrero y empezará marzo con más de 521 mil fallecidos por la enfermedad.

“A lo largo del último año, no pudimos apoyarnos en el Gobierno federal para que actuaran con la urgencia, la concentración y la coordinación que necesitamos, y hemos visto el coste trágico de ese fracaso”, opinó Biden.

La Administración Biden quiere centrar sus esfuerzos contra el coronavirus a nivel federal, a diferencia de su predecesor, Donald Trump, que delegó el control de la planificación en los estados, lo que derivó en políticas dispares a lo largo de todo el país.

Por ello, anunció esta nueva estrategia para hacer frente a la pandemia como si fuera una “guerra”, que incluye medidas para acelerar el ritmo de vacunación, una campaña cuya implementación describió como “un fracaso deplorable”.

Otra de sus medidas ordena el uso de mascarillas en aeropuertos y en la mayoría de aviones, trenes, barcos y autobuses de media y larga distancia, algo que su predecesor, Donald Trump, se negó a hacer.