Cuando el Presidente López Obrador habla de la sociedad civil desacreditándola y mete a todos en un mismo saco sin distinguir luchas, compromisos y trayectorias, es verdad que no es justo ni correcto. Foto: Nacho Ruíz, Cuartoscuro.

Por Dra. Leticia Calderón Chelius
@letichelius

Durante décadas hablar de apoyar la defensa y derechos de los migrantes remitía  únicamente a los mexicanos que viven en Estados Unidos. Solo apenas hace unos años se empezó a gestar una red de reconocimiento, apoyo y defensa de la causa migratoria en México. La pionera de esta problemática y escuela de activistas pro-migrantes ha sido desde su origen Sin Fronteras I.A.P (1996) que como organización de la sociedad civil formó una masa crítica y fortaleció a un ejército de voluntarios que se desplegaron en nuevas organizaciones. Junto a Sin Fronteras I.A.P han caminado en paralelo otras tantas redes, por ejemplo, los grupos religiosos avocados a dar albergue y auxilio humanitario a quienes cruzan territorio mexicano, lo mismo que organizaciones que se han especializado en problemáticas específicas para atender a la población migrante ya sea en México, en el extranjero y más recientemente a la comunidad de deportados a su propio país. IMUMI, ODA y Albergues como FM4, Tochán y CAFEMIN, son solo algunos Organizaciones de la Sociedad Civil mencionadas al azar.

Entre sus miembros hay personas de muy variadas procedencias sociales y estilos de activismo pero un rasgo que distingue a estos grupos de otras tantas causas es contar entre sus filas con profesionales altamente especializados y en ocasiones, algunos, con un “expertise” técnico y conceptual de alto vuelo. Estas características han servido enormemente para hacer avanzar la causa pro migrante en México que durante años ha enfrentado a sectores más bien conservadores que usaban la ley para invocar limitaciones a las que los extranjeros deberían someterse, al mismo tiempo que se llenaban la boca para exigir derechos para los nuestros en el extranjero. Estos profesionales pro migrantes, ayudaron desde distintas trincheras a evidenciar las omisiones a la Constitución, las faltas al derecho humanitario, los compromisos internacionales incumplidos y las contradicciones leguleyas que el viejo régimen utilizó por años, incluso para negar ante organismos internacionales faltas graves a los derechos humanos.

Por todo esto hay que decirlo con todas sus letras, sin la lucha de estas organizaciones de la sociedad civil no existiría en México la defensa del tema migratorio en la forma que tiene hoy, ni los avances legales, ni los grandes logros en reglamentaciones de avanzada e incluso, en contribuir a preservar un discurso social mesurado que aunque también incluye reacciones xenofóbicas ante eventos como las caravanas migrantes –como un ejemplo muy reciente-, este tipo de actitudes no ha sido la norma ni la generalidad y hasta ahora, lo que vemos y sobre lo que estas organizaciones de la sociedad civil insisten en trabajar, es acompañar la genuina preocupación de la población mexicana que en su mayoría, no niega derechos ni cuestiona brindar albergue hospitalario a quien huye de condiciones que no le dejaron otra opción.

Lo que no podemos negar es que, así como hay grupos dentro de la sociedad civil pro migrante que son progresistas, de avanzada, con una capacidad de brindar que no deja de sorprender y hasta conmover, también hay grupos y sobre todo sus titulares, que a nombre de esta causa se han apropiado de recursos públicos que nunca justificaron del todo, que consiguieron a través de favoritismos, de redes de contactos y como pagos de favores políticos. Casos bien conocidos en que nunca fue claro porque no hubo una licitación abierta y transparente para conseguir recursos millonarios que a tantas organizaciones de la sociedad civil como las mencionadas y tantas otras, les hubieran ayudado a mantenerse a flote ante la precariedad económica que es el talón de Aquiles de la mayoría de estas Organizaciones de la Sociedad Civil.

Por eso en este tema, cuando el Presidente López Obrador habla de la sociedad civil desacreditándola y mete a todos en un mismo saco sin distinguir luchas, compromisos y trayectorias, es verdad que no es justo ni correcto. Sin embargo y al mismo tiempo, es tan obvio para las mismas organizaciones que a quien le quede el saco, que se lo ponga y en este tema, todas estas organizaciones y la sociedad en su conjunto saben, a quien si le queda perfecto el fino traje sastre hecho con el mismo recurso que nunca, hasta la fecha, ha quedado debidamente acreditado.