México, 21 Abr (Notimex).- Pensar en el Distrito Federal es a menudo describir una ciudad compleja, con millones de personas movilizándose entre grandes construcciones, extensas y lentas vialidades abarrotadas de automóviles, es asociarla con sonidos desquiciantes y aires casi irrespirables. Pocas veces se ve a la capital como una entidad con zonas rurales y actividad agrícola.

Si bien es cierto que en los últimos 50 años la capital del país se ha transformado aceleradamente y el crecimiento de la mancha urbana ha marginado las zonas rurales -que paradójicamente, junto con las áreas protegidas, conforman la mayor parte del territorio de la entidad-, también es cierto que estas tierras aún pueden contribuir al abasto y sustentabilidad alimentaria de la propia ciudad.

El Distrito Federal cuenta con un territorio de 148 mil 178 hectáreas, de las cuales más de la mitad, el 58 por ciento, es suelo rural y zonas protegidas, de ahí la importancia de conservarlo e integrarlo a un esquema de ciudad urbano-rural en el que se entienda y atienda a ambos medios por igual y no por separado.

Actualmente Xochimilco y Tláhuac son las dos zonas agroproductivas más importantes de la ciudad de México, pues abastecen a muchos de los mercados locales, de la región y a una gran parte de la Central de Abasto con el cultivo de hortalizas y flores, afirma el antropólogo Gustavo Cabrera.

En entrevista con Notimex, explicó que esto se debe a los minerales del suelo volcánico de la región, donde se ubican el Teutli y Xico, ambos volcanes inactivos, que le dan un valor proteínico a los campos de estas demarcaciones. Por ejemplo, cada chinampa puede generar, en promedio, cinco cosechas de hortalizas al año.

De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec), la producción total de hortalizas, pecuaria y agrícola en el Distrito Federal asciende a 450 mil toneladas en siete delegaciones rurales (Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta, Tlalpan, Magdalena Contreras, Cuajimalpa y Álvaro Obregón), donde aproximadamente 40 mil personas se dedican de manera directa a las actividades del campo.

Los principales productos que se cultivan en las zonas cerriles, lacustres y chinamperas de la capital del país, ubicada en la región sur-poniente, son las hortalizas, con más de 25 variedades, las plantas ornamentales, la avena forrajera, el amaranto, el maíz y el nopal.

Pese a la presión urbana, la actividad agrícola en estas zonas ha logrado sobrevivir y contribuir al desarrollo económico de la región, gracias a la adaptación de sus habitantes -muchos de ellos horticultores que preservan técnicas de producción ancestrales- así como al apoyo de autoridades y especialistas.

En opinión de Cabrera Rodríguez, titular de la Autoridad de la Zona Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad en Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, uno de los retos a vencer para impulsar la actividad agrícola en la ciudad es el factor social y el sistema de usos y costumbres por el que se rigen aún los pueblos originarios.

Aunque aún hay actividad agrícola en una de las metrópolis con mayor extensión de tierras de cultivo protegidas de América Latina, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), muchos habitantes ya no producen sus tierras, pues ya no les es rentable, no tienen asesoría para explotarlas o las nuevas generaciones migran a otros estados o fuera del país.

Adicionalmente, abundó el antropólogo, en los barrios y pueblos de estas delegaciones “persisten resentimientos históricos muy fuertes contra el centro, que se reflejan en la actualidad: que trate alguien del centro de proponer algo a la gente de la zona, no lo aceptan… La gente está muy sentida con el gobierno”.

Por ello el gobierno local busca una atención integral para recuperar la producción de cultivos nativos donde se priorice el concepto de nueva ruralidad en la ciudad impulsando la conservación de suelos de producción agrícola y pecuaria que permitan un desarrollo económico de los pueblos originarios y las comunidades residentes.

En ese sentido el titular de la Secretaría de Desarrollo y Equidad para las Comunidades (Sederec), Hegel Cortés Miranda, reconoce que en esta labor la intervención de las universidades y la sociedad es fundamental no sólo para conocer las condiciones del campo de la ciudad, sino también para capacitar a los productores.

También en entrevista, el funcionario local sostuvo que lo importante es apostarle a la producción intensiva de hortalizas en los campos de la metrópoli, con un esquema de comercialización adecuado que aporte a la sustentabilidad y autosuficiencia alimentaria de la capital y a su desarrollo económico.

Para el adecuado aprovechamiento de los suelos agrícolas de la ciudad, subrayó que la ciencia y la tecnología juegan un papel importante pues pueden ayudar a mejorar su explotación y productividad mediante el uso de nuevas tecnologías, así como la capacitación de campesinos para la transformación de sus productos.

En esta labor, universidades como la UNAM, UAM, Chapingo y el IPN han servido de puente entre productores y autoridades para vincular a los campesinos con investigadores, científicos, y especialistas explicó Bernardino Rosas Flores, director de Desarrollo Científico y Tecnológico de la Secretaría de Ciencia y Tecnología del DF (Seciti)

Además de las hortalizas, el maíz y las flores que se cultivan en el Distrito Federal, el nopal y el amaranto, producidos en Milpa Alta y Xochimilco, respectivamente, son dos de los alimentos que más destacan de las zonas agrícolas, por su incremento en los niveles de producción y consumo.

Del amaranto, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) tiene registro que en el Distrito Federal se siembran alrededor de 150 hectáreas, más de mil familias se dedican a esta actividad y sólo en 2011 se produjeron 165 toneladas de esta planta.

Mientras que del nopal, según la Sederec, en Milpa Alta se siembran alrededor de cuatro mil 300 hectáreas y se producen cerca de 336 mil toneladas cada año, es decir hay una producción más desarrollada y sostenida que incluso permite la exportación de cientos de toneladas al extranjero.

La producción agrícola que se lleva a cabo en las delegaciones Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, y cuatro más, es una muestra clara del aporte que brindan a la ciudad con productos que pueden beneficiar la salud alimentaria de los capitalinos.