En Tehuipango, el segundo municipio más pobre en Veracruz, Macario Atlahua Temoxtle ha pasado toda su vida en medio del hambre y las carencias. Lleva dos semanas haciendo una sola comida al día: tortilla con sal y agua que la lluvia le deja. Los huesos le brotan del pecho, producto de la anemia legendaria que arrastra toda su familia. La ayuda bimestral del programa Prospera. 850 pesos, hace que cada integrante de su familia sobreviva con 4 pesos y 50 centavos al día, pues el oficio de Macario ya no da para obtener monedas, si trabaja lo hace para ellos, para conseguir leña, maíz y algunas verduras que los cerros obsequian.

En la imagen, Macario Atlahua Temoxtle, habitante del municipio de Tehuipango en Veracruz. Foto: BlogExpediente.

En la imagen, Macario Atlahua Temoxtle, habitante del municipio de Tehuipango en Veracruz. Foto: BlogExpediente.

Por Miguel Ángel León Carmona
QUINTA PARTE DE UNA SERIE

Tehuipango, Veracruz/Ciudad de México, 21 de mayo (SinEmbargo/BlogExpediente).- La memoria del señor Macario Atlahua Temoxtle, nunca ha sido su mejor atributo; ya no logra recordar cuántos años tiene, tampoco el día que se enamoró de su esposa. De hecho, hace mucho que olvidó la manera de sonreír. Si de algo es consiente es que toda su vida ha sido pobre y que lleva dos semanas haciendo una sola comida en el día: tortillas con sal y agua que la lluvia le regala.

Del indígena originario de Chiapa, la comunidad más humilde de Tehuipango, el segundo municipio más pobre en Veracruz, Macario Atlahua es un hombre de bigote negro que delinea con un rastrillo, mismo que comparte con los tres integrantes de la familia Atlahua Calihua. Al hombre los huesos le brotan del pecho producto de su anemia. No obstante, sobre su expresión de felicidad, sencillamente no hay rastro.

Don Macario jamás deja ver el completo de sus dientes, el grosor de sus labios ni el color de sus encías. El hombre cuenta desde el piso donde duerme, come, reza y donde uno de sus hijos nació sin vida, que le deprime no tener dinero, y saber que el techo de cartón que lo libra del viento y de las lluvias, está cercano a venirse abajo.

La suerte del campesino es la misma que la de toda la comunidad. Con base en el Catálogo de localidades de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), los 277 habitantes de Chiapa están estancados en la “muy alta marginación”; el 87.73 por ciento de la gente ni siquiera cuenta con servicios médicos. En el pueblo no se conocen las bicicletas, los automóviles, los refrigeradores ni las licuadoras. El 50 por ciento de los habitantes no tiene ni para letrinas y defeca donde los canes y los pollos lo hacen.

Así la suerte para don Macario, el hombre larguirucho que engaña al hambre a eso de las 7:00 de la tarde, cuando los rayos del sol se ocultan y mejor se acuesta a dormir. En la lomita donde habita tampoco hay luz eléctrica. Son nueve viviendas, de las 51 en la comunidad, que se alumbran con lámparas de diesel.

El padre de familia podría comprar combustible y conseguir una candela prestada, sin embargo prefiere ocupar el dinero para un kilo de sal y llenar de sabor los dos kilos de masa que su esposa convierte en tortillas, que también consumen los otros habitantes de la morada: doña Juana Calihua, su esposa, Angélica, su hija, y los cuatro perros que lo cuidan de la soledad.

En la imagen, don Macario Atlahua Temoxtle y su esposa doña Juana Calihua. Foto: Blog Expediente.

En la imagen, don Macario Atlahua Temoxtle y su esposa doña Juana Calihua. Foto: Blog Expediente.

En la imagen, uno de los cuatro integrantes caninos de la familia de don Macario. Foto: BlogExpediente.

Uno de los cuatro integrantes caninos de la familia de don Macario. Foto: BlogExpediente.

En la imagen, la casa en donde habitan don Macario y sus familiares. Foto: BlogExpediente.

La casa en donde habitan don Macario y sus familiares. Foto: BlogExpediente.

Así la vida en Chiapa, poblado que al llegar se ve a la gente empinada a un envase de 600 mililitros saboreando una gaseosa lima – limón, con el empaque color verde; al mismo tono de las camisas de los señores que recién pasaron y repartieron promesas. La única recomendación al entregar los productos fue rayar el próximo cinco de junio por el candidato a Diputado del distrito 22 en Zongolica, Tomás López Landero, a quien sacerdotes de la zona ubican como uno de los dos caciques de la Sierra de Zongolica.

Trueque del que Macario Atlahua ya está decepcionado, pues no es nuevo, asegura, ni la patente es del Partido Verde Ecologista de México, (PVEM). “A mí también me dieron ‘chesquitos’ hace tiempo los del Partido del Trabajo, (PT). Me dijeron que colgara su bandera en mi casa, que ya después regresarían a poner luz eléctrica y a regalarme láminas para mi techo. Pero la chingadera ahí sigue y ellos ni regresan” se le escucha con tono decepcionado.

De acuerdo con los lineamientos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, (CONEVAL) una “persona se encuentra en situación de pobreza extrema cuando presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta alimentaria”. Pues bien, los candidatos, que han pisado de lejitos estos poblados, consideran que lo mejor para mermar su hambruna es dotarlos de bebidas refrescantes.

“VETE A VER AL MACARIO”

Es la recomendación que brinda el consejero de la comunidad, don Fernando Calihua Temoxtle, quien lamenta no poder acompañar al forastero, pues se encuentra a la mitad de su jornada como albañil. “Por aquí no hay chamba, disculpa, son 50 pesos que nadie me regala. Vete a buscarlo, vive allá arriba. No hay camino, pero ayúdate de las piedras”.

Y así fue. Arriba de la loma está una casita, la única en muchos metros a la redonda. Se trata de un cuartito que no supera los 20 metros cuadrados, con tablas amuralladas y techo de cartón, donde lo único que adorna el terreno es un rosal frondoso; saludable y lleno de retoños rojos. Lo poco que dejan vivir las montañas de Chiapa.

Un grito de buenas tardes solicita la presencia de Macario, pero antes salen los animales guardianes, con el ladrido ronco y de caminar tambaleante, su pellejo lo tienen adherido a los huesos. Ya detrás de ellos se asoma el hombre, lo hace por la puerta de madera, donde se quita de la cara los destellos del sol.

El hombre saluda con la mano derecha, con la misma que sostiene el machete y la moruna, cada vez que se adentra en el campo. No rebasa el metro con 65 centímetros, las prendas que porta delatan su languidez, pues nadan sobre su cuerpo. El vigor de sus ojos se lo ha llevado la deshidratación, mientras que al filo de sus piezas óseas exhibe la falta de alimento.

Como don Macario, los 277 habitantes de Chiapa están estancados en la “muy alta marginación”. Foto: BlogExpediente.

Como don Macario, los 277 habitantes de Chiapa están estancados en la “muy alta marginación”. Foto: BlogExpediente.

Una vez enterado del motivo de la visita pide a su esposa que salga de la guarida de madera. Otra de figura esquelética y cara larga, su palidez vuelve imposible decidir quién habrá comido por última vez, si ella, su esposo, la hija o las cuatro mascotas, finalmente todos comen tortillas, cada que se puede.

Don Macario ofrece tomar asiento al extraño; se excusa por señalarle una piedra de montaña y no una silla. Se muestra apenado también por no tener café ni té de limón, o siquiera agua hervida, pero la lluvia no ha sido dadivosa y el contenedor donde la almacenan está vacío.

El interior de la humilde morada de la familia Atlahua Temoxtle. Foto: BlogExpediente.

El interior de la humilde morada de la familia Atlahua Temoxtle. Foto: BlogExpediente.

En tiempo de sequías se debe acarrear el líquido de un nacimiento en el cerro. No obstante, el brote de agua es insuficiente para los 277 habitantes, “tengo que ir a pararme a la una de la mañana para llenar dos botellas de a tres litros. Ahí me espero unas dos horas hasta que se llenen” explica.

Pasados 20 minutos de entrevista, el calor aumenta y don Macario invita a pasar al forastero a su casa, recalcando que son pobres y que le da pena. Vuelve a ofrecer asiento en el piso y otra vez se excusa porque el fogón que se ve de frente no es de provecho si no hay masa para echar tortillas.

El fogón de don Macario. Foto: BlogExpediente.

El fogón de don Macario. Foto: BlogExpediente.

Hablar del patrimonio de Macario Atlahua es mencionar lo que se ve en el interior de la vivienda, incluidos los cachorros, que ya cuidan a su amo. En la entrada está una tarima con una cobija, donde la hija descansa. En el otro extremo está una sábana, tendida sobre el suelo, donde concilian el sueño los esposos desde que unieron sus vidas, donde crearon a Angélica y a otros dos que apenas pudieron escuchar sus chillidos, antes de morir.

La estancia, donde se aprecia un pequeño catre con su cobija, ropajes, y una imagen religiosa. Foto: BlogExpediente.

La estancia, donde se aprecia un pequeño catre con su cobija, ropajes, y una imagen religiosa. Foto: BlogExpediente.

El cuarto, que no es largo en su extensión, se ve inmenso al haber nada; no hay mesa ni sillas ni camas ni escoba. Lo único que se puede fotografiar es el fogón de leña, un mecate donde la familia ordena sus ropajes, la herramienta de campesino, dos azadones y escasas figuras religiosas.

Es todo para una familia que sobrevive gracias a las raquíticas temporadas de zafra, cuando contratistas de Tierra Blanca y Tezonapa acuden al pueblo por una veintena de hombres, por los más jóvenes y fuertes. La paga es de 100 pesos por día. Sin embargo, la figura enferma de don Macario le ha costado estar ya casi un mes sin empleo.

Tres integrantes que se deben al apoyo del programa de asistencia social Prospera; una exhibición bimestral de 850 pesos hace que cada integrante de familia sobreviva con 4 pesos y 50 centavos al día, pues el oficio de Macario ya no da para obtener monedas, si trabaja lo hace para ellos, para conseguir leña, maíz y algunas verduras que los cerros obsequian.

Pareciera que de lo anterior se derivara el rostro insípido de don Macario. Sin embargo, el hombre confiesa que aún hay algo más: a la pobreza la gente se acostumbra; pero a la pérdida de un ser querido, difícilmente; más cuando sabes que el actor intelectual fue la miseria…

Las condiciones en las que viven los habitantes del municipio de Tehuipango en Veracruz, son en extremo precarias. Foto: BlogExpediente.

Las condiciones en las que viven los habitantes del municipio de Tehuipango en Veracruz, son en extremo precarias. Foto: BlogExpediente.

“QUISIERA EMBARAZAR A MI ESPOSA Y QUE MIS HIJOS NO NACIERAN MUERTOS”

A don Macario le daría gusto presentar a su hija, Angélica Atlahua Calihua, de 16 años, pero tuvo que mandarla con un tío a que le pidiera un plato con quelites, porque no hay para darle de comer y “no me gusta verla tan flaca”.

Es la única descendencia del entrevistado; su esposa ha estado embarazada en tres ocasiones, pero a dos de sus hijos la muerte los levantó a los segundos de nacidos y esa vez “lloró de a chingos”, comparte Macario Atlahua.

Su primer descalabro fue hace unos 18 años… Cuando la partera logró librar del piso a su hijo, que salió disparado del vientre de doña Juana. Sin embargo, la recomendación fue llevarlo al hospital de Río Blanco, el más cercano, a 80 kilómetros de distancia, pues los signos vitales eran escasos y la cabeza se le balanceaba de un lado a otro, “como un juguete de trapo” explica.

Don Macario desconoce el motivo y el momento exacto, pero al llegar al hospital el recién nacido ya estaba gélido y su humanidad no se balanceaba, todo era rígido. Es lo que recuerda del primero, a quien ni siquiera le dio tiempo de ponerle nombre.

Del segundo descendiente, “así como nació, también en el piso de su casa, así le dieron cristiana sepultura”, su cuerpecito lo enterraron en el monte, tampoco le pudo nombrar al finado. Finalmente la vida le regaló a Angélica, de quien se siente orgulloso, pues le dio estudios como Dios manda, y como en Chiapa se acostumbra, la mandó a la escuela hasta sexto de primaria, no la acabó, al igual que el 97.42 por ciento de los niños en el pueblo, pero el padre se siente satisfecho de que no sea como él y su doña Juana y como el 72.9 por ciento de la gente en la comunidad, que es analfabeta.

En la imagen se observan un par de botellas que don Macario utiliza para recolectar agua pluvial. Están en el piso, misma superficie que vio nacer y morir a sus hijos. Foto: BlogExpediente.

En la imagen se observan un par de botellas que don Macario utiliza para recolectar agua pluvial. Están en el piso, misma superficie que vio nacer y morir a sus hijos. Foto: BlogExpediente.

Si existe algo que alienta la vida del entrevistado es la llegada de un varón, o dos, o tres. En un pequeño altar, con una imagen de la Virgen de Guadalupe y una cruz de madera, implora que su mujer se componga y de su vientre salgan pequeños, pero esta vez con vida.

El hombre camina lento hasta una esquina en la casa y de ahí baja una caja con medicamento genérico lleno de tizne, con fecha de caducidad del 25 de mayo de 2016. En el interior debería haber ocho inyecciones, pero ya han sido aplicadas cinco. “Me dijeron que era bueno, por eso lo compré” comenta.

Las cinco inyecciones, según el hombre, han sido distribuidas de la siguiente forma: tres para calmar la fiebre y gripe de su esposa, una para el dolor de barriga de su hija y otra para él, por si acaso puede resolver el problema con su descendencia.

Así se gasta una hora en la vida de Macario Atlahua Temoxtle, quien pide disculpas, pero sus pensamientos ya están en el día siguiente, en qué cosa comerán. Entonces toma su herramienta y despide a su mujer. El hombre se pierde entre el monte, llevándose las manos a su barriga encogido de aparentes dolores. Quizá tragó aire y le causó molestias en el estómago o tal vez son los puñetazos que da el hambre.

La adolescente no trabaja, tampoco estudia, cada vez está menos en casa. A sus 16 años, don Macario se va haciendo de la idea que pronto conocerá a algún pueblerino y se le irá de las manos; se casará, tendrá hijos y compartirá la pobreza con nuevas personas. Pareciera que en Chiapa, Tehuipango, Veracruz, la miseria es cíclica y de ella nadie puede librarse.