“Una descripción más crítica y profunda de la violencia de género necesita incluir a diferentes grupos de personas”. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Es común que cuando se habla de violencia de género encontremos definiciones como aquel tipo de violencia que afecta a las mujeres por el sólo hecho de serlo. O bien, que la violencia de género es cualquier acto agresivo o violento inserto en una o más relaciones de desigualdad y dominación que los hombres ejercen contra las mujeres y que, sus efectos, pueden producir en las mujeres un daño físico, sexual, psicológico, económico, patrimonial o personal.

Creo que el concepto, tipificación y pertinencia de la categoría de la violencia de género es un avance en las luchas no sólo feministas sino de la justicia social de cualquier democracia. Y precisamente siendo consecuentes con esos avances, necesitamos ahora ampliar la comprensión de la violencia de género como un problema que no sólo padecen las mujeres por su condición biológica ni tampoco que sólo ejercen los hombres en contra de las mujeres, sino también esta violencia la ejercen las mujeres en contra de las mujeres o de los hombres en contra de los propios hombres. Permítame explicar lo anterior a continuación.

Cuando hablamos de la categoría o el concepto de género es sabido que estamos haciendo alusión a la identidad y expresión de las personas a partir de su definición sexual, es decir; de cómo las personas se asumen en su existencia sexual. Esto tiene que ver con la idea de ser o sentirse hombres o mujeres, o con la idea de no tener una adscripción de sexo en particular, inclusive, el género tiene que ver con cómo asumimos nuestra preferencia sexo-genérica u orientación sexual. El género es más complejo que definirlo como sinónimo a “ser mujer”. ¿Ser mujer por identidad de género?, ¿ser mujer por expresión de género?, ¿qué define al ser mujer?, ¿la biología?, si fuera el caso, damos un revés a las teorías de género y profundizamos los binarismos y estereotipos de género que tanto hemos buscado combatir.

La violencia de género debe abarcar no sólo a las mujeres que, por cierto, son el grupo poblacional más grande que la padece, sino también a todas las personas que por su condición de género son violentadas en su cotidianidad, tal es el caso de personas trans, personas homosexuales o bisexuales, personas que se tatúan, personas que son discriminadas por su apariencia y forma de vestir, hombres que expresan conductas y comportamientos no adscritos en su totalidad al modelo de masculinidad dominante y son señalados negativamente por eso, todos ellos son tan solo algunos ejemplos de violencia de género.

Una descripción más crítica y profunda de la violencia de género necesita incluir a diferentes grupos de personas, asumir la relación que implica la categoría del género, complejizar el concepto. Es correcto entonces decir “violencia contra las mujeres por razón de su género”, pero aún en esa concepción cabría preguntarse ¿qué mujeres?, ¿sólo las de condición biológica o las que por identidad de género también lo son?

Sin duda, me parece que esto nos lleva a un problema conceptual, pero que se resuelve abriendo nuestras categorías de análisis. Finalmente, lo que se busca es ser más precisos con las problemáticas que debemos atacar, la violencia y la desigualdad, desde un enfoque interseccional.