Entre las candidatas a hacerse con los premios principales de drama, comedia y miniserie también hallamos otros ejemplos que a menudo quedan ensombrecidas, pero que cuentan con tantos méritos como las más conocidas.

Por Lorenzo Ayuso

Madrid, 21 de septiembre (ElDiario.es).- De forma inevitable, la 71 edición de los Premios Emmy están marcados por el récord histórico de candidaturas que se apuntó Game of Thrones con su temporada final. La adaptación de las novelas de George RR Martin, con un total de 32 nominaciones. Su dominio ya quedó hace siete días demostrado durante la entrega de los Emmy Creativos (por resumir para los neófitos, la gala previa en la que se reparten las condecoraciones en categorías técnicas), de la que ya salió con 10 estatuillas.

El impacto que ha causado la ficción es innegable y se notará también este domingo 22 en el Teatro Microsoft de Los Ángeles, que siguiendo el ejemplo de los Óscar no tendrán presentador este año. Esto permitirá dar todo el protagonismo a las producciones nominadas, donde además de GOT hay otros títulos de lo más publicitados. El efecto de Chernobyl en las categorías de miniserie parece fuera de toda duda, habiéndose coronado no sólo como la serie más vitoreada del año (y hasta siendo considerada la mejor de la historia por los usuarios de IMDb); y no hay que olvidar el peso de comedias aspirantes al triunfo como The Marvelous Mrs. Maisel, Fleabag y Veepy dramas de la talla de Better Call Saul o Pose.

El dominio de GOT quedó demostrado durante la entrega de los Emmy Creativos, de la que salió con 10 estatuillas. Foto: HBO

Todas ellas suelen aparecer, con razón, no sólo en las quinielas sino en las recomendaciones que más habitualmente realizan los expertos en ficción seriada. Ahora bien, entre las candidatas a hacerse con los premios principales de drama, comedia y miniserie también hallamos otros ejemplos que a menudo quedan ensombrecidas por las anteriores, pero que cuentan con tantos méritos como aquellas. Series cuyo nombre no se repita tanto en las conversaciones del día después como los de Game of Thrones o Chernobyl, pero que bien merecerían ser tan comentadas. Una selección de cinco títulos para paladares exquisitos.

SUCCESSION (HBO)

El imperio levantado por Game of Thrones ha alcanzado tales dimensiones que, inevitablemente, ha hecho sombra a otras producciones de alta alcurnia en la propia HBO, motivando que éstas no se hayan hecho notar o ganado titulares hasta que la ficción épica llegara a su fin. Es el caso de Succession, que llega a esta gala como candidata a mejor serie dramática y con un Emmy Creativo ya en sus vitrinas (a la mejor sintonía de cabecera).

Creación de Jesse Armstrong, artífice también de Peep Show y The Thick of It (que, por cierto, fue situada por The Guardian en el puesto Nº9 y el Nº4, respectivamente, de los mejores programas del siglo XXI en TV) y con Will Ferrell y Adam McKay implicado como productor ejecutivo en la primera temporada (también dirigió el piloto, unos meses antes de estrenar El vicio del poder), también versa sobre el inminente cambio de dueño de un trono, en este caso, de un magnate de la comunicación (Brian Cox) por el que se pelea sus codiciosa familia, una suerte de versión irónica del clan encabezado por Rupert Murdoch.

La mezcla de drama y comedia, sumado a unas interpretaciones portentosas (Kieran Culkin ya optó a un Globo de Oro en la última edición) y unos diálogos afilados han convertido a esta en una de las series que merecería ser tratada como la primogénita al establecer nuestro orden de prioridad de visionados.

BARRY (HBO)

Y seguimos ahondando en la cosecha catódica de HBO. Después de haberse agenciado tres estatuillas de la academia de las Ciencias y Artes de la Televisión hace un año, Barry vuelve a aspirar a un triunfo aún más contundente con una segunda temporada donde se ha consolidado todos los halagos a la anterior.

Co-creador y guionista, director, productor y protagonista, Bill Hader es el motor absoluto de esta comedia negra en la que un asesino acaba encontrando una tardía vocación artística al trasladarse a Los Ángeles para un último encargo.

Barry entró como un elefante durante el último curso de premios, con tres nominaciones a los Globos de Oro y sus tres Emmy (mejor actor para Hader, mejor actor de reparto para Henry Winkler y mejor mezcla de sonido); ahora, su segunda temporada llega a este domingo con otros dos Emmy Creativos ya en el casillero (de nuevo, mezcla de sonido y montaje de sonido), y con nominaciones para sus principales intérpretes (además de Hader y Winkler, aparecen en las quinielas Anthony Carrigan, Stephen Root y Sarah Goldberg), además de aspirar, por supuesto, a mejor comedia. Por si sirve de algo, Chad Stahelski, el director de la trilogía John Wick y uno de los coordinadores de acción más excelsos de Hollywood, ya ha declarado su profunda admiración por este producto. Conociendo la puntería que se gasta su principal creación, conviene no llevarle la contraria.

WHEN THEY SEE US (NEFLIX)

Aspirante a los Emmy en categoría de mejor miniserie, puede no haber tenido el impacto de otros grandes títulos, pero su resonancia a nivel social en Estados Unidos está fuera de toda duda. Ava Duvernay (Selma) dirige esta producción de Netflix, con implicación activa de Oprah Winfrey, que lo tendrá difícil frente a Chernobyl, que parte como favorita en sus apartados, pero que ha dejado huella en la audiencia por dejar al descubierto el racismo estructural e institucional imperante en el país.

Para quien desconozca los hechos, When They See Us dramatiza el proceso judicial de 1989 contra cinco adolescentes de 14 años, condenados por una violación que no cometieron pese a no existir pruebas que los inculpasen. El color de su piel (cuatro de ellos eran negros, y el otro hispano) fue determinante en la sentencia, que enfureció a la opinión pública y que no se resolvería hasta 2002, cuando los ya adultos fueron exonerados.

THE GOOD PLACE (NETFLIX)

También aspira a coronarse como mejor comedia The Good Place, que ya se metiera en la pugna de los Emmy en 2018, con su segunda temporada.

Creada por Michael Schur (co-creador de Brooklyn Nine-Nine), se trata sin duda de una de las comedias más populares de los últimos años en televisión por su propuesta descarada: Eleanor (Kristen Bell), una joven egoísta, antipática y descarada muere en un accidente y es enviada por error al “Buen lugar”, el lugar al que llegan las buenas personas. Decidida a que no la expulsen, comienza a trabajar por convertirse en mejor persona. Desde entonces, los giros narrativos han sido continuados, pero nos evitaremos entrar en detalles para aquellos que no hayan visitado aún este idílico barrio del más allá.

Ted Danson está por segundo año nominado a mejor actor de comedia, siendo esta su decimosexta nominación a estos laureles (hasta ahora ha ganado en dos ocasiones, ambas por Cheers), en una ficción que ya tiene fecha de caducidad grabada. la cuarta temporada servirá para cerrar esta aplaudida sitcom, una decisión que responde exclusivamente a cuestiones narrativas. Schur explicaba que, como un buen inquilino de The Good Place, había sorteado las tentaciones de alargar la serie. La tentación de verla, eso sí, parece inevitable.

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