Es sabido que la publicidad de los lácteos, la leche en específico, siempre nos ha mentido. Imagen ilustrativa. Foto: Miguel Dimayuga, Cuartoscuro.

La semana pasada tuvimos la noticia de que Profeco prohibió la comercialización de 19 marcas de quesos y yogures porque mienten no cumplen las normas oficiales. Básicamente: te dicen que están hechas de algo que no están.

Es sabido que la publicidad de los lácteos, la leche en específico, siempre nos ha mentido. Desde pequeños nos quisieron enseñar que si quieres ser fuerte y tener huesos fuertes, debías tomar leche. Ese tipo de publicidad de los 80 me recuerda a cuando salían médicos recomendando fumar; pero, al igual que con el cigarro hoy, sabemos que la leche, lejos de ayudar a la salud, te pone más en riesgo de desarrollar ciertas enfermedades.

Hoy sabemos que el 70 por ciento de la población mundial es intolerante a la lactosa, lo que es obvio si entendemos que la leche de vaca es LECHE MATERNA PARA BECERROS LACTANTES. Pero volviendo a la parte de las mentiras y la manipulación, que al parecer es un patrón y costumbre en esta industria, hay tres que quisiera enfatizar:

La primera: No les importa mentir con tal de que compres. En el caso del queso, decir que un producto es 100 por ciento de leche materna de vaca cuando le agregan otros productos que no mencionan en las etiquetas. De esta forma ganan más dinero porque la producción es más barata. Dejemos de lado lo ético de la venta con engaño más las faltas a la norma. ¿Quién te asegura que lo que le ponen no sea algo que te haga daño?

La verdad no entiendo a las personas que se enojan porque nos dicen que una empresa nos está engañando y que no cumple con los requerimientos para su venta. Esto repercute completamente en tu salud, por lo que todo México debería estar indignado… Salvo los que engañan porque los cacharon.

Segunda. Como es un hecho que en el caso de la leche de vaca la industria está sufriendo por la venta de las leches vegetales, que van a la alza —basta ver cómo poco a poco van tomando terreno en los anaqueles de los supermercados—,  están intentando, desde las legislaciones y en su tan arraigada forma sistemática de mentir y manipular, de prohibir que se le llame leche a ninguna otra que a la de origen animal.

En su mente esto funcionará mágicamente y la gente al ir a comprar una bebida vegetal de almendra, soya, arroz, avena o coco, dirá “¡Ay, me confundí! Quería agarrar leche de vaca”. Porque al parecer para los legisladores somos tan idiotas que confundimos la almendra o avena con la leche de vaca.

Esta manipulación de las leyes que ha sido aceptada en algunos estados nos muestra cómo quieren manipular lo que el consumidor compre, lo cual se me hace gravísimo. Sin mencionar que realmente la mayoría de las leches vegetales YA dicen bebida vegetal, en mi rancho a estos intentos les llamamos coloquialmente “patadas de ahogado”.

Y tercera: la mentira que más nos creemos, porque es difícil aceptar la realidad, es la que las vacas viven como en sus comerciales: libres, felices, con un granjero que las ordeña.

Esta publicidad engañosa (siguiendo con el patrón de mentiras) funcionaba para las personas de mi generación y las anteriores; pero para las nuevas que ya tienen acceso a tanta información que no proviene de la misma industria, es difícil sostenerla.

Una y otra vez organizaciones y activistas hemos enseñado lo que pasa con las vacas y sus becerros en esta industria, hemos mostrado cómo es una de las más crueles y no hay forma de ocultarlo ya que no puedes comprar todos los canales y redes sociales en internet, como sí hay quienes lo hacen con la televisión.

Las vacas son mantenidas en lugares pequeños en los que no se pueden mover. Solamente pueden producir leche si tienen un bebé, por lo que son inseminadas artificialmente (una práctica invasiva y dolorosa). Llevan a su bebé por nueve meses al igual que los humanos antes de parir. Al momento en que su bebé nace les es arrebatado para que no consuma leche. Existen muchos videos en los que podemos ver a las vacas llorando por días la pérdida de su bebé o vacas persiguiendo las camionetas en donde se los llevan.

Después son conectadas a una máquina para quitarles la leche que era de su becerro. En este transcurso tendrán algunas infecciones muy dolorosas como la mastitis. A las becerras les cortarán sin anestesia sus cuernos, que tienen terminaciones nerviosas, y les marcarán con fuego las iniciales de la granja. Millones de vacas vivirán estas atrocidades una tras otra hasta  hasta que colapsen y las manden al matadero.

A los bebés que son arrebatados no le espera un destino diferente, si es macho será enviado al matadero para venderlo como carne tierna y si es hembra será explotada como su madre.

La comunidad científica se inclina hacia conclusiones determinadas en función del peso de la evidencia, un peso que está determinado por los resultados de diversos experimentos y estudios. Hoy, los datos en relación a cómo son las vidas de las vacas en las granjas, el impacto ambiental de la ganadería y la prescindibilidad de los productos lácteos para nuestra salud, nos inclinan hacia una necesaria transformación del sector y una transición hacia productos vegetales.