La novela de Roberto Bolaño es claramente referencial a los feminicidios de Ciudad Juárez: “Un desierto muy grande, en el norte del estado, niñas asesinadas. ¿Qué ciudad es ésa? […] Quiero saber cómo se llama esa ciudad del demonio”.

La primera víctima de una cadena de feminicidios en 1993, fue una niña apenas entrando a la pubertad, estrangulada y violada por dos conductos, con hematomas en el mentón y en un ojo. El autor chileno ficciona este primer hallazgo dándole otro nombre a la menor y situando la historia en otro lugar.

Por Jesús Armando Molina Barraza

Ciudad Juárez, Chihuahua, 21 de diciembre (JuaritosLiterario).- El capítulo “La parte de los crímenes” de la novela póstuma de Roberto Bolaño es claramente referencial a los feminicidios de Ciudad Juárez. En él se hilvana un rosario forense de cadáveres de mujeres, algunos de niñas, tan frecuentemente abandonados sobre la topografía desértica de la urbe fronteriza que provoca un trance apabullante e instala a quien lo lee en la costumbre de un horror que se ha vuelto cotidiano.

Por otro lado, la referencia bíblica del 666, implícita en el título de la novela, revela su carácter satánico pues dicho número se relaciona con el Anticristo en el libro de San Juan (Apocalipsis 13:18) del Nuevo Testamento. Si bien la religión no es leitmotiv en la novela, la sugerencia de un panorama apocalíptico en Ciudad Juárez, Santa Teresa en el texto del prosista chileno, permite una interpretación sobre la ideología e idolatría que permea entre quienes la habitan.

Aunado a todo ello, hay elementos dentro y fuera de la novela que dan lugar a la identificación topográfica en la que se encuentran plasmados símbolos de esa cosmovisión con un monumental mensaje dirigido al Anticristo en el mismo lugar en donde la primera víctima de una cadena de feminicidios, una niña de 12 años, fuera localizada: el Cerro Bola. A través del escrutinio de estos elementos y de las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales, establezco una relación con la misoginia latente en todos y cada uno de los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua, México.

Y entonces ya no pudo más y entró en trance. Cerró los ojos. Abrió la boca. Su lengua empezó a trabajar. Repitió lo que ya había dicho: un desierto muy grande, en el norte del estado, niñas asesinadas. ¿Qué ciudad es ésa?, se preguntó. A ver, ¿qué ciudad es esa? Yo quiero saber cómo se llama esa ciudad del demonio. Meditó durante unos segundos. Lo tengo en la punta de la lengua. Yo no me censuro, señoras, tratándose de un caso así.

Roberto Bolaño, 2666.

TRAZANDO EL MAPA DE LA MISOGINIA

Hacia 1987, un grupo evangélico decidió escribir una monumental oración en la Sierra de Juárez. Desde entonces, en el llamado Cerro Bola –Montaña Franklin del lado texano– puede leerse la inscripción “LA BIBLIA ES LA VERDAD LEELA”. En una narración oral videograbada, el pastor Gerardo Bermúdez García da cuenta del origen y realización del proyecto, el cual continua cada cuatro años, cuando se remarcan las letras con cal y sal, ya que “cuando Cristo venga y se lleve a su Iglesia, los que se queden –porque se van a quedar muchos, que son cristianos, que son evangélicos, que aman a Dios pero que son descuidados–, en el tiempo del Anticristo repinten otra vez las letras. Hasta allá va a llegar el sentimiento de hacerlo para que el mismo Anticristo sepa que la Biblia es la verdad” (Distrito Norte de Chihuahua Asambleas de Dios, 2013). Seis años después, en las faldas del cerro sería encontrada la primera víctima de la oleada de feminicidios que se avecinaba.

“Cuando el 30 de enero de 1993 un anciano que cuidaba chivas localizó en el Cerro Bola el cadáver de una niña de 12 años de edad, la sociedad de este estado jamás imaginó que comenzaría una serie de homicidios y violencia sexual contra mujeres” (Villalpando, 1997).

Roberto Bolaño ficcionaliza este primer hallazgo de la siguiente manera: “La primera muerta se llamaba Esperanza Gómez Saldaña y tenía trece años. Pero es probable que no fuera la primera muerta. Tal vez por comodidad, por ser la primera asesinada en el año 1993, ella encabeza la lista”.

Y fue eso lo que en realidad sucedió. Solo que la menor de edad tenía otro nombre, era una niña apenas entrando a la pubertad, cuya causa de muerte fue descrita por una Asociación Civil:

“El Organismo no gubernamental Casa Amiga Centro de Crisis A. C. (antes Grupo 8 de marzo) en la recopilación de estudios hemerográficos que difundió por la internet, aseguró que la agraviada fue estrangulada y violada por dos conductos; que presentó hematomas en el mentón y en un ojo y que vestía un suéter cerrado y pantaleta” (CNDH, 2003).

El mismo informe de la Comisión de Derechos Humanos registra que las autoridades a cargo de la investigación señalaron no contar con ninguna información de los expedientes de aquellos años.

Esta primera asesinada forma parte del índice más frecuente de feminicidios: 55 víctimas de las 162 contabilizadas entre 1990 y 1999 tenían entre 11 y 20 años de edad, señala Julia Monárrez en La cultura del feminicidio en Ciudad Juárez: 1993-1999 (2000). También la segunda víctima tenía 16 años y estaba embarazada, indica Carlos Enrique Cornejo en Mariposas en el suelo (2007).

Si bien no está relacionado el hecho del mensaje en el famoso cerro –que se ha convertido en un sello identitario de la región fronteriza– con el hecho de los feminicidios, sino por el espacio en el que suceden, es necesario reflexionar sobre la idea de que el mensaje bíblico gigantesco de Ciudad Juárez (cada letra mide aproximadamente 50 metros) se dirige a los condenados al Infierno, “a los que se queden”, al Anticristo en persona. De seguir al pie de la letra el mandato, bien vale cuestionarnos (para la segunda parte de este ensayo) la siguiente interrogante: ¿Qué dice la Biblia sobre las mujeres?