Para que un animal llegue a un plato pasa un proceso de cosificación. Foto: Matthieu Joannon, Unsplash

Hace tiempo leí un encabezado de un periódico, era sobre un feminicidio, decía: “Hombre rebana a su nalga”, de verdad sentí consternación y enojo de darme cuenta que estaban minimizando el asesinato de una mujer llamándola solo como un pedazo de carne, como una parte del cuerpo, como si lo demás fuera desechable, y no solo eso, mencionándola como un objeto propiedad de alguien más, y esto no es aislado, en la sociedad el patriarcado está por todos lados, tanto que es difícil verlo al principio.

En México matan a 9 mujeres al día, y no nos matan para asaltarnos, o como consecuencia de la delincuencia organizada, nos matan para usar nuestro cuerpo y tirarlo, como si fuera nada, como si fuera un objeto de consumo.

Ese afán de dominación, de egoísmo, de anteponer los deseos o instintos al raciocinio o a darse cuenta que somos iguales, que tenemos aspiraciones propias, que somos individuos completos, a eso es a lo que llamo masculinidad tóxica, a la violencia normalizada que sufrimos y muchas veces aceptamos.

Zapatos. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

Pasa algo muy parecido con los animales y el consumo de carne o de leche, reducimos sus cuerpos a partes, les cambiamos el nombre para disfrazar su individualidad y convertirlos en objetos de consumo, los borramos, como si nunca hubieran tenido sentimientos o aspiraciones de vivir.

Para que un animal llegue a un plato pasa un proceso de cosificación en el cual deja todo su ser atrás, es encerrado en pequeños corrales en granjas industriales, es separado de su familia, de sus hijos, es explotado como las vacas para producir leche hasta que colapsa, es trasladado en condiciones lamentables y finalmente llega a un matadero donde lo despojan de quien era. Lo convierten en pedazos, se le colocan etiquetas y precios y está listo para ser consumido por una sociedad egoísta que no repara que fue necesario el asesinato de un ser para saciar una necesidad personal o para darse el gusto de probar un sabor.

Cabezas de Cerdeo en matadero. Foto: Jo-Anne McArthur, We animals

Hace tiempo vi algunas entrevistas en donde le preguntaban a la gente en la calle si sabía qué era el jamón, y muchos no sabían o no lo relacionaban con un cerdo, ¡no lo podía creer!, el nivel de cosificación de los animales es tal que ya ni nos damos cuenta de lo que estamos consumiendo.

Por esto no estoy diciendo que las personas que no consumen carne no son machistas, porque muchas lo son, si no que animales explotados para consumo y mujeres sufrimos de la misma opresión sistemática.

Si tú ya empiezas a ver el mundo con los lentes violetas del feminismo, te pido que abras los lentes un poco más y empieces a incluir animales de otras especies, porque nadie puede ser libre mientras aun exista oprimidos.