En las crisis, los problemas económicos son los primeros en salir a flote. México está a días de pasar a las siguientes fases de la contingencia por el COVID-19 y tendrá que dar la indicación a la población de quedarse en casa para reducir la propagación del virus. Pero miles de familias dependientes del sector informal no tienen mucha opción ante esta medida y la restricción amenaza el ingreso que se buscan día con día.

Ciudad de México, 22 de marzo de marzo (SinEmbargo).- “Sobrevivir no es sólo cuidarse del coronavirus, para nosotros es también salir a trabajar porque estamos al día”, cuenta un señor de más de 70 años que termina de empacar artículos en un supermercado. A la pregunta de SinEmbargo de si podrá dejar de trabajar por el COVID-19, él responde que no; la señora que vende pambazos y quesadillas en una esquina, dice que no; el señor de los tacos de guisados, lo mismo: no.

Una señora, también de cerca de 70 años, aún con el riesgo que corre en caso de contraer la enfermedad, sentada sola en una de las cuatro mesas vacías de la fonda que atiende, habla poco al respecto. Voltea de un lado a otro, como esperando que lleguen ya pronto los clientes, a pesar de que es la hora de la comida. Sabe que la indicación es guardarse en las casas pero más que pensar en hacerlo, sólo dice que espera que todo esto pase pronto.

A la pregunta de si podrán dejar de trabajar por la contingencia del coronavirus en la Ciudad de México y el llamado de las autoridades a quedarse el caso, los comerciantes dicen que no.. Ellos viven al día, afirman a este diario digital. Foto: Guillermo Perea, Cuartoscuro

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La dependencia de la informalidad pasará factura al país en la crisis del COVID-19 y lo hará de una forma que será visible para todos: no únicamente en una estadística, incluso se puede percibir desde ya en la incertidumbre de la pareja que vende tortas de tamal por las mañanas o la joven con su bebé que vende cosméticos en un puesto. Todos ellos tendrán que seguir en la calle, aun cuando las indicaciones indiquen resguardo en los hogares.

Opciones no hay. ¿Qué se hace para comer cuando se vive al día? Trabajar y la calle da opciones. En cada sexenio han surgido planes para “formalizar a los informales”, pero no se ha logrado bajarlo al 50 por ciento.

En México, 46.4 millones de personas que trabajan sin derechos laborales –seguro social, aguinaldo, incapacidad, seguro de vida–  y serán las que, en los escenarios futuros para la contención del virus, estarán más expuestas a la enfermedad. Foto: Guillermo Perea, Cuartoscuro

Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al Tercer Trimestre de 2019, todas las modalidades de empleo informal, que incluye trabajo doméstico remunerado de los hogares, trabajo agropecuario no protegido y trabajadores subordinados que aunque trabajan en unidades económicas formales, lo hacen en modalidades fuera de la seguridad social, llegó a 31.2 millones de personas. Además, está la Población Ocupada en el Sector Informal, que se refiere a la población ocupada en unidades económicas no agropecuarias operadas sin registros contables y que funcionan a partir de los recursos del hogar o de la persona que encabeza la actividad sin que se constituya como empresa), que alcanzó un total de 15.2 millones de personas en el trimestre de referencia. En México, 46.4 millones de personas que trabajan sin derechos laborales –seguro social, aguinaldo, incapacidad, seguro de vida–  y serán las que, en los escenarios futuros para la contención del virus, estarán más expuestas a la enfermedad. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó que el coronavirus eliminaría hasta 25 millones de empleos, así como generar pérdidas por hasta 3.4 billones de dólares en los bolsillos de los asalariados. INFORMALIDAD Y LÍNEAS DE POBREZA Las cifras de informalidad tiene correlación con la pobreza. Si se comparan los resultados del Inegi con los del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hay semejanzas.

Los estados que lideran el porcentaje de población en pobreza son Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Puebla y Chihuahua, con rangos que van del 81.9 al 73.2 por ciento de población en informalidad laboral. De estos, tres son de las entidades históricamente pobres: Oaxaca tiene 66.4 por ciento de población en pobreza; Guerrero, 66.5 por ciento y Puebla, 58.9 por ciento.

En el siguiente grupo de cinco, están Veracruz y Tabasco, con 68.6 y 64.2 por ciento de informalidad y 61.8 y 53.6 por ciento de pobreza. De acuerdo con el Inegi, un entorno económico favorable es fundamental para contribuir a la reducción de la informalidad. Las oportunidades de empleo formal son más abundantes en las economías en crecimiento que en aquellas en recesión, es así que una de las principales variables explicativas de los niveles de informalidad laboral es el PIB”, señalaron los investigadores Benjamín Temkin y Jorge Cruz Ibarra. Para la Organización Internacional del Trabajo, en México hay una alta y persistente incidencia de informalidad en el empleo que comprende aproximadamente a un 60 por ciento de los trabajadores del país, por lo que resulta indispensable la adopción de una estrategia que permita la generación de empleos formales y que al mismo tiempo elimine los incentivos para permanecer en la informalidad. “Resulta de especial importancia abordar problemas estructurales que se expresan en la heterogeneidad de la estructura productiva. Es necesario, entonces, generar las condiciones para la incorporación efectiva de las pequeñas y medianas empresas en eslabones productivos vinculados con las actividades más dinámicas de la estrategia exportadora; fortalecer la producción interna competitiva; y proporcionar, así, el espacio necesario para la creación de más empleo formal y productivo”, puede leerse en un estudio de la OIT a respecto. La población ocupada de México aumentó 1.7 por ciento real entre 2018 y 2019. Ello implicó la incorporación de casi 1.5 millones de trabajadores (formales e informales) al mercado laboral, sobre todo del sector terciario o de servicios.